EL ME DIJO:
Olvidalo todo, no quieras buscar más allá, un futuro que no es cierto.
YO LE DIJE:
Tienes razón, ¿qué puedo esperar de ti viendo cómo te alejas cerrando los ojos?
EL PENSÓ PARA SUS ADENTROS:
Esperaré a que un día vengas a decirme que ya todo terminó y entonces recuperaré la libertad de sentir lo que siento.
YO PENSÉ ENTRE MIS SILENCIOS:
Esperas un imposible, no permitiré que salga de mis labios semejante mentira.
LA VIDA, AJENA EN SU JUEGO, NOS DIJO:
Apenas sé si realmente sois, fuisteis o sereis. Apenas tengo de vosotros más que una mentira, una forma cruel de disfrazar sentimientos. Y apenas sé si merece la pena continuar el juego viendo como os convertís en víctimas de vuestro propio miedo.
EL ME DIJO:
Te comprendo, más yo no sería capaz de leerte de anhelar tu mismo sueño.
YO LE DIJE:
Lo acepto, lo acepto y te creo.
LA VIDA NOS INTERRUMPIÓ:
Os seguís mintiendo.
Y UNA VOZ, FAMiLIAR DESDE EL CIELO. DOLIDA, DESGARRADA, BUSCANDO CONSUELO DIJO:
¿no os dáis cuenta? lo que sentís, huyendo, devorando minutos en silencio, es miedo a amar, es miedo a llorar, a vivir los sentimientos. Estáis ciegos.
Y entonces desperté y me dije: todo ha sido un sueño.
Y allá en la distancia, él despertó y dijo: nada era cierto.
Y la vida gritando dijo entre lamentos: qué tontos sois, ¿aún no habéis entendido que compartís el mismo sueño?
Y aquella voz... sólo lloró...desde el cielo.