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Daniel era un niño muy tímido al que le costaba expresarse. No entendía como había niñas y niños que levantaban siempre la mano en clase, a los que les gustaba participar en obras de teatro y conocer a todos los niños nuevos que llegaban al cole.
Los padres de Daniel empezaban a observar que cada vez hablaba menos y se ponía más rojo cuando alguien se dirigía a él. Un día vieron que en una biblioteca se había abierto un nuevo taller de literatura. Como a Daniel le gustaba leer les pareció buena idea que el niño acudiera y así poco a poco consiguiera conocer gente y atreverse a hablar. Se lo preguntaron y aunque Daniel al principio dudó decidió que podía intentarlo fuera del colegio. Además, la biblioteca le encanta.
El día llegó y Daniel acudió después de merendar al nuevo taller. Cuando llegó observó cuantos niños había antes de que llegara el profesor. Eran dos niños y dos niñas. Se presentó, sintiendo cómo se ponía muy rojo. Los demás le saludaron. A partir de ahí se sintió muy triste, pues las niñas empezaron a hablar con el otro niño porque se conocían del colegio y él no sabía cómo hablar con ellos.
El profesor llegó y, entre todos, hablaron de lo que les gustaría leer, de qué libros recomendaban a los otros y de lo divertido de compartirlo entre ellos. Daniel se sintió cómodo entre los niños, sobre todo con Marcos, el profesor. Cuando acabó la clase decidió hablar con él.
-Hola Marcos, me ha encantado el taller. Soy un niño muy tímido y me está costando mucho hablar contigo. Mis padres me han apuntado a esto para que haga más amigos y me acostumbre a hablar, pero no puedo. ¿Me podrías ayudar?
-Claro Daniel, poco a poco. Si te gusta escribir podemos empezar por ahí. Yo también era tímido cuando tenía tu edad y ahora doy clases sin ninguna dificultad. Mira te voy a enseñar lo que es el diario de emociones.
-¿El diario de las emociones?
Marcos fue a una estantería y le dio una libreta marrón chocolate que tenía una goma dorada alrededor.
-Mira, has tenido suerte, todavía me quedan dos. Estas libretas tienen en cada página una letra del abecedario, lo que quiero es que empieces a escribir las emociones que sientes, como un pequeño diario y además que escribas tu pequeño diccionario de objetos. Que definas lo que son para ti las cosas. Un árbol no lo definiremos igual tu y yo. Así conseguirás expresarte mejor y luego ya lo intentaremos con los niños.
A Daniel le pareció muy buena idea. Abrazó a Marcos por la ayuda y se fue a casa. Nada más llegar sus padres ya notaron un cambio. En vez de ir directo a su habitación Daniel les explicó ilusionado para que servía el cuaderno que traía entre sus manos. Había decidido empezar a rellenarlo ese mismo día.
Así fue como, poco a poco, Daniel ganó seguridad y empezó a conocerse, detectó qué cosas le ponían nervioso y, con la ayuda de Marcos, las palabras y los libros logró llegar al verano con muchos amigos y muchas ganas de participar en clase.
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