Un niño salÃa para una academia a escuchar su clase de música, no sin antes despedirse de su madre, quién le recomendaba al salir: “Hijo, cuida la guitarraâ€
Una tarde al llegar de la clase, el niño comentó a su madre: “Mamá, se me ha extraviado una clavija de la guitarraâ€, la madre le contestó: “ Te lo he venido advirtiendo, debes cuidar el instrumento musical, pero descuida, mañana iremos a la tienda y compraremos la bendita clavijaâ€.
Otros dÃas después: “ Mamá se ha partido la cuerda número tres de la guitarraâ€, y la madre le responde con serenidad y preocupación: “ Siempre te he dicho lo mismo, cuida tu instrumento musical, pero no te preocupes, mañana iremos a la tienda y compraremos la cuerda que faltaâ€.
Tantas veces ocurrieron averÃas a la guitarra, como tantas veces la madre y el hijo iban a las tiendas a comprar aquello que faltaba.
Hasta que un dÃa llegó el niño con la madera de la guitarra hecha añicos, la madre no pudo repararla, el daño era mayúsculo, tuvo irremediablemente que comprar otra guitarra.
Cuantos como aquel niño andan por la vida con la guitarra de su existencia bajo el brazo, dejando clavijas y partiendo cuerdas que hacen que sus vidas pierdan sonoridad.
Cuántas personas irán a las tiendas de la vida a comprar lo necesario para que la música de sus almas resuene cada dÃa; y cuántos habrá que al partir sus guitarras no tendrán, como la mamá de aquel niño, otra oportunidad de comprar el instrumento que pueda alargarles su corto vivir.