Ayer tus ojos estaban tristes, cansados, abatidos, luchando por dentro. Ayer lo único que ví fue un monólogo de gestos, de distancias, de desasosiegos, de miradas descentradas, de sumisos pensamientos, ni una luz, ni un color que asomara bonitos sentimientos.
Y ella está bien, centrada, calmada, con una expresión serena, como si hubiera ganado una batalla de años, de tiempos, sin ningún esfuerzo, sin ninguna lucha, tan sólo tuvo que esperar, ojeando sus pasatiempos y recoger caido en el suelo, cansado, exhausto de dudas y fantasmas, tu aliento. Le ha ganado el pulso a la ilusión, dejando pasar los años y gastando el tiempo. ¿y cómo te lo digo?, ¿cómo doy por cierto lo que intuyo en mi interior? ¿tengo que ver en ti el final de una historia ya conocida? ¿y si mi alma contigo se equivoca?
Ojala no te desvanezcas en su sombra, como uno más, vencido y roto por dentro de remordimientos.
Y yo, viendote así y doliéndome por dentro me digo: ¿qué puedo hacer? ¿cómo se comporta sólo una amiga? ¿cómo conservo sin herirme ajenos mis sentimientos?
Esta mañana he hablado seriamente con mi alma y me ha dicho: tú haz lo que quieras, márchate, vive tu vida, busca otro corazón que te ame y escriba un cuento para ti, pero yo lo tengo claro, me quedo junto a él, en silencio, confiada, escuchando, sin miedo.