Por tanto, como el pecado entró al mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, asà la muerte pasó a todos los hombres, pues cuanto todos pecaron... Romano 5:12
Crisoldo Montesino siempre habÃa reflexionado mucho sobre la muerte, sus causas, su extraordinaria justicia... no dejaba de pensar en en lo inexplicable de la misma.
Como eminente génetico sabÃa que la muerte ni la vejez tenÃan sentido. Cuántos cadáveres habÃa analizado como parte de su ivestigación. Era increÃble ver cuerpos perfectamente formados, con sus órganos sanos y permanecÃan inmóviles, sin vidas, postrados en aquella camilla.
Hasta los veÃa como si estuvieran durmiendo, algunos sonrientes, otros que inspiraban paz y tranquilidad. Cuerpitos de niños, mujeres jóvenes, ancianos, ancianas... todo era lo mismo, no, no podÃa entender...
Cuarenta años de estudios, lo habÃa sacrificado todo, ya estaba viejo y cansado, dormido sobre su computadora en aquel laboratorio siniestro...
El ruido del teléfono lo despertó. No lo podÃa creer... su hermano mayor acababa de sufrir un infarto fulminante y tenÃa pocas horas de vida...
Desperado se lavó la cara, se puso su traje negro
incoloro, se echó una goma de mascar en la boca y , como de costumbre, se cogió su tranca y se la acomodó... qué pena que nunca le habÃa dado uso...
Antes de salir miró su experimento... estaba a punto de terminar... serÃa su último intento,
hervÃa la sustancia y para su sorpresa habÃa cambiado el color... pero ahora tenÃa que ir al hospital donde trabajaba como cirujano...
Se arregló el cabello... y miró el cuerpo de Gloria que descanasaba desnudo sobre la camilla de la muerte... parecÃa que dormÃa, tenÃa una sonrisa en los labios... estaban pintado de un color rojo brillante, su cabellera negra, bien arreglada, sus senos caÃdos, sin vida, pero apetitoso... era un cuerpo muy, pero muy sensual...su muerte injusta... una bala perdida penetró su corazón cuando cruzaba una avenida en la capital... ahora yacÃa allÃ, sin penas ni glorias...
Crisoldo, tan pronto le entregaron aquel cuerpo, sabÃa que no podrÃa profanarlo y decidió conservalo, cuidarlo, amarlo y hasta en ocaciones sintió el deseo de ..., poseerla, hacerla suya, acabar con aquella llama que le consumÃa su verga de 10 pulgadas y algunos centÃmetros... pero no, no, él era un cientÃfico muy respetado...
Se acercó a Gloria y la besó en la frente, dejó correr su dedo del corazón desde sus labios, pasando suavemente por su pecho, doblando a la derecha, retrocediento, doblando a la izquierda... se detuvo en el pezón derecho y lo pellizcó, dejo caer sus labios y lo acarició..
luego siguió su trayectoria, llegó al monte de los dioses, sintió la frialdad y haciendo un gesto de desagrado salió del laboratorio.
Cuando llegó al hospital su hermano ya estaba muerto. No resistió el dolor y se fue... estuvo toda la tarde bebiendo, nunca lo habÃa hecho, pero etaba muy deprimido, aquel hermano habÃa sido como su padre, por qué la muerte no se lo llevó a él primero, por qué Dios lo castigaba de aquella manera... su hermano habÃa estado ayer en su laboratorio y le habÃa dado una gran suma de dinero para que siguiera sus investigaciones privadas sobre la muerte... y ahora estaba muerto..
Volvió de noche a su casa, apenas encontraba la cerradura de la puerta principal... entró y se dejó caer en el sofá...quedó dormido, un sueño muy profundo... más tarde despertó... eran las 8:00 a.m.
Volvió al laboratorio... ahora la sustancia tenÃa un color diferente... colocó una gotita y la observó en el microscopio... era imposible... no podÃa creer lo que sus ojos observaban... cambió la muestra y vio lo mismo... una tras una, cientos de pruebas y el resultado era el mismo...
habÃan células vivas que se regeneraban una y otra vez...
Fue al baño y se duchó... salió nuevo... Volvió al
laboratorio. Con dificultad levantó el cuerpo de Gloria... lo colocó en su ataúd... llamó a su amigo de la funeraria para ue fuera a recogerlo,
lo prepararan y le dieran cristiana sepultura... ella no tenÃa familiares, nadie reclamó su cuerpo... antes de cerrar la caja, la miró por última vez...
___ Eres hermosa... qué pena que te haya conocida muerta... te prometo que venceré a la muerte...
Crisoldo tomó la sustancia... la echó cuidadosamente en un envase de cristal y la colocó en su maleta cientÃfica...
Durante el viaje a su aldea natal iba pensando en su hermano, en Gloria, en la gente humilde de su pueblito natal... allà harÃa su primera prueba, no habÃan curiosos, ni prensa... allà probarÃa la sustancia milagrosa...
Cuando llegó lo recibio don Alfredo, un viejo indio de 80 añs quien le cuidaba su casita. Le dio un fuerte abrazo...
don Alfredo le dio la primera mala noticia, el viejo Tadeo yacÃa moribundo en su cama hacÃa varios años y lo estaban velando,pues el médico de cabecera lo envió a su hogar para que muriera en paz...
Crisoldo no perdió tiempo y le pidió a don Alfredo que lo llevara a la casa del antiguo amigo. Estaban todas las hijas llorando, esperando a sus hermanos que vivÃan en Nueva York. Crisoldo llegó a la humilde casa, se confundió en abrazos con todos... era muy querido y respetado...
MarÃa, la hija mayor, apenas podia hablar, estaba bañada en lágrimas.
___ A papá sólo le quedan minutos de vida, el médico acaba de salir...
Crisoldo la abrazó y pidió que lo dejaran pasar...
Allà estaba el cuerpo del anciano... 75 años pesaban... la muerte estaba dibujada en su rostro, pero el anciano parecÃa que dormÃa tranquilamente... le tómo el pulso y nada... examinó su corazón y parecÃa que caminaba en muletas... el viejo definitivamente se irÃa para el más allá en breves minutos...
Crisoldo buscó en su maletin... allà estaba aquella cosa de múltiples colores... cuando la sustancia se tornó roja tomó varias gotas y poco a poco las fue echando en la boca del viejo...
Luego lo limpió y regresó a la sala...
Pasaron varios minutos... y Marta salió corriendo y gritando del cuarto del viejo...
Todas comenzaron a llorar, aquellos gritos desgarradores, aquellas protestas contra el cielo y contra Dios...
___¡Dios mÃo,¿ por qué nos has robado a nuestro padre?
Pero algo raro habÃa sucedido... Marta no gritaba por que el viejo se hubiera muerto sino porque éste habÃa abierto sus ojos y le habÃa pedido algo de comer... hasta se sentó en la cama... era un milagro...
Crisaldo salió como alma que lleva al diablo. Se dirigió al laboratorio.
Pasaron los dÃas, las semanas y el viejo Tadeo estaba mejor... pero al mes empezaba a maldecir... el cáncer se lo comÃa silenciosamente... la artritis era insoportale... llamaba la muerte con deseperación... para qué vivir en aquella condiciones... morir era lo más justo...
Cuando la noticia corrió por toda la aldea todo el mundo querÃa probar de la bebida milagrosa de Crisaldo, El santo como le decÃan ahora...
Crisaldo hizo los arreglos necesarios y obligó a todos los ciudadanos de la aldea a no hablarle a ningún extraño de lo sucedido. Preparó dos mil quinientas porciones y las suministró en dos dÃa a todo el poblado...
Todo era alegrÃa. En dos meses no hubo muertes en la aldea...Pasaron los dÃas, semanas y se cumplió un año..
Crisoldo tenÃa que taparse sus oÃdos cuando caminaba por las calles de la ciudad... aquellos gritos infernales de personas que habÃan sufrido accidentes, quemaduras, sida, cáncer... aquellas personas que habÃa tratado de suicidarse y no morÃan... aquellos gemidos suplicando que la muerte se los llevara lo tenÃan al borde de la locura...
Pero esto no era lo peor... todo el pueblo lo buscba para lincharlo, ahorcarlo, quemarlo vivo, picarlo en pedazos y echarlo a los perros, reventarlo como un petardo, fusilarlo en medio de la plaza en presencia de todos los niños... qué no le harÃa el pueblo enfurecido...
El primero que lo buscaba era el dueño de la funeraria... estaba en banca rota... en aquél año no habÃa vendido ni un sólo ataúd, los medÃcos chillaban, por que las personas aunque estaban enfermos sabÃan que no morirÃan, no habÃa negocio para los abagados criminalista, no habÃan crÃmenes, la farmacia habÃa cerrado, las iglesias clausuradas... para que buscar la vida eterna, la habÃan conseguido aquà en la tierra... era una locura... ni enfermeras, ni paramédicos, ni colegios... nada funcionaba...
Y aquella tranquila aldea, donde reinaba la paz, la amornÃa, las buenas relaciones ahora se habÃa convertido en un infierno por causa del descubrimiento de Crisoldo.
Aquél dÃa decidió salir de su escondite... habÃa bebido de la sustancia. No lo habÃa hecho anteriormente...no sabÃa cuáles serÃan los efectos secundarios a largo plazo... tenÃa pesadillas... veÃa a la vieja de la muerte que lo miraba con una cara de no muy buenos amigos... observaba al diablo enfurecido, haciéndole señales y maldiciéndole por que de la aldea no le llagaba ni un candidato, y veÃa a San Pedro nervioso, con su ball point haciendo movimientos de preocupación mientras sostenÃa el libro de la vida... casi se volvÃa loco... asà que aquella mañana decidió caminar por la ciudad.. qué le podrÃa hacer...nada... no importaba lo que le hicieran no morirÃa...
Caminó erguido por la avenida que conducÃa a la plaza pública de la aldea... la noticia se habÃa esparcido como un relámpago sobre la llanura... cuando llegó a al lugar habÃa una multitud reunida... habian levantado un altar... vio la leña, carbón, lÃquido inflamable... de cuanta cosa habÃa, hasta fuego artificiales... al lado una tarima improvisada... estaba el cura y varios ministros cogidos de mano elevando una oración... habÃa que salir de aquel demonio para que todo volviera a la normalidad...
Varios hombre tomaron a Crisoldo por los brazos... lo llevaron ante el Tribunal de la Justicia... el sacerdote miró a los ministros y dieron la orden de subirlo al altar... nadie dijo nada... Crisoldo se reÃa... su rostro resplandecÃa de la emoción... lo podrÃan convertir en una antorcha humana... pero la muerte no podrÃa con él...
Pero cuando la primera llamarada se apoderó de su cuerpo, como bestia llena de hambre, Grisoldo dejó escapar un grito infernal... hacÃa todo tipo de movimiento para escapar de aquel infierno en llamas... y mientras era consumido y sentÃa que algo se escapaba de su cuerpo vio la imagen del envase en el que guardaba la sustancia... el color no era rojo... sino violeta... y murió... Fin
Más que fuerte. Puf. Muy bien escrito y hay que elogiar la perseverancia del autor por sus creencias.