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Carta sincera a un extraño amigo

Ay, extraño amigo, quiero que me leas con detenimiento, con cuidado, quiero que comprendas mi sentir:

A veces me gustaría gritarle a la vida para que tus razones se metieran un instante en las mías y comprendieras, viéndome por dentro, que, así, sin bondad todo se termina, tarde o temprano todo se termina, todo termina siempre malográndose... por la ausencia de luz, por la falta de bien. Se terminan agolpando las necesidades y tan solo el pensarte se difumina, se transforma en palabras difíciles de pronunciar, todo se vuelve un borrón, nada se puede precisar.

Cuando te cansas de permitir aliento y alivio, reapareces y oprimes, limitas, dueles, indicando con la desilusión que produce ese gesto que ya no se puede proseguir, aún así él siempre prosigue, robando pequeñas tintadas de alegría e ilusión al aire, para poner esa locura, esa desmedida esperanza que te haga creer que no podrás superarle. Pero sabe que le superas en ganas y en maldad, solo es cuestión de tiempo, cuánto más te esfuerces con tu plomiza impaciencia, más le salen las ganas de luchar contra ti, más se rebela contra tus gestos, contra tu voluntad.

Y yo, observo desde lejos esa dura lucha entre los dos, nadie contaba contigo, pero tú decidiste aparecer, nadie te aceptó, pero tú decidiste instalarte y extenderte impregnando su vida de desgana, de dolor, de ese dolor que termina exhausto de su propio cansancio.

Ay, extraño amigo, enemigo cruel que te alías con el tiempo y mano a mano recorres distancias y te paseas altivo y ufano destrozando su esperanza. Ay mi cruel amigo, quiero que pares, quiero que detengas tus manos de dedos sucios, que no le acaricies más, quiero que te alejes, te destruyas en tu propio pensamiento de maldad, quiero que te resumas y quedes en tal nimiedad que todo el mundo, incluida yo, pueda reirse de ti, por lo poco en lo que te has transformado, por lo mucho en lo que has desaparecido, por lo nada que ya serás.

¡Quiero un imposible!, quiero que te ahogues como mentira en su vida, que anules los extraños sudores de tu realidad!!.

Ay extraño y duro amigo, tú no comprendes. En su corazón hay un pincel de magia, hay una virtud, un don, un sueño, tú no puede arribar a su vida y creer que te pertenece, solo porque tú no naces de ningún sitio limpio, no vienes de ninguna parte y no tienes ninguna propiedad. Necesito que te alejes de él, necesito que comprendas que no naciste para involocrarte en su vida, que su sonrisa te hiere y te puede, que su luz de esperanza y fortaleza tal vez un día te lleguen a matar. ¡Necesito creer que desaparecerás!

Ay, amigo, te llamo amigo y no lo eres, te resumo en una palabra que me duele pronunciar. Aléjate de su vida, sé que si prosigues le ganarás, es lo que tiene la constancia, siempre vence por desigualdad, pero necesito creer que para cuando le ganes ya todo sea distinto, y no se firmen tus ganas con lágrimas y no se conviertan en amargor y desilusión los sueños que él no pudo cumplir. Necesito imaginar que nos darás a todos el tiempo suficiente para acostumbrarnos a la rutina de tu eterna maldad y que llegado el momento ya no importe lo que hiciste para quedarte, ya no importe lo que soltaste para reconocerte, tan solo seas un momento impreciso de segundos que se difumine como un manto de suavidad en su vida y así él se duerma plácidamente bajo las estrellas de ese Sol y esa Luna que tú, a pesar de todo lo poderoso que eres, nunca alcanzarás.


Ay amigo, no le rompas los sueños por la mitad, necesito que le dejes en paz!!!
Tú dale tiempo... y ya verás, te ganará!!!

¿A quién escribes con tanta rabia y emotividad que hasta se te saltan las lágrimas sobre el papel?, le dijo aquel hombre a aquella mujer.

A tu mayor enemigo, contestó ella sin vacilar, no soporto que siga en tu vida, quiero que se vaya de una vez, quiero intimidarle tanto que tal vez al leerme me comprenda... y se marche.

¿Quién es? contestó él con el corazón metido en un puño. ¿Quién te tiene tan en vilo que no lo puedes soportar??

Cáncer es su nombre, dijo ella con la voz dolorasamente oprimida en los ojos.


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Las apariencias engañan, las casualidades se dan, aunque haya otro tipo de casualidades que nunca serán tal.

Las palabras y la música siempre pueden jugar a ser dioses de cualquier momento, pero mi única y absurda verdad es que en esta carta no le escribía a ninguna persona, le estaba escribiendo a una enfermedad. Y le pongo una canción que me reconforta escuchar, porque es bonita.
Datos del Cuento
  • Categoría: Educativos
  • Media: 5.13
  • Votos: 79
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