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Carta abierta a los humanos

Humanos:
Yo también soy humana y desde esta condición les escribo. Desde el fondo de los tiempos, de sus tiempos y de mi tiempo, toda la realidad fue insultante. Siempre impero más el miedo que el amor, más la mentira que la verdad, más los malos modales que los buenos, más lo inmoral que lo moral, más la hipocresía que la sinceridad, más la esclavitud que la libertad. Todo se confunde de tal manera, que son marionetas de esta vida, aquellas personas que más honor le hacen.
Todo lo relacionado con la humanidad, que somos nosotros, nos lleva desde un principio y hasta el final de nuestras existencias, a una alocada carrera con el vértigo de la desesperación a cuestas. Pareciera ser que nuestra estrella está predestinada a los choques profundos porque, de esto que somos no tuvimos ninguna preparación. Todo seguirá su curso como empezó, nada podrá detener este huracán incomprensible, esta en nuestra condición humana, vivirás como puedas.
Los humanos estamos hechos para las cosas inacabadas, no llegamos nunca a parte alguna, vivimos sin puerto deseado, porque el que tenemos está anclado en una ilusión, se borra apenas tocado. Es tan difícil saber, hasta donde llega nuestra imaginación de las cosas, de éste nuestro vivir, como poder descifrar el por qué y el cómo de nuestra existencia. La anarquía en nosotros es común, no nos detenemos a pensar ordenadamente, no respetamos a la naturaleza, la enviciamos, le contagiamos nuestra extraña enfermedad, de hacer continuamente el mal por las ganas de hacerlo y sin ningún respeto hacia nada ni a nadie.
Nuestro razonamiento no está por estar, tenemos que usarlo sino el oxido lo corroerá. Somos seres pensantes no malogremos nuestro entendimiento, sería nefasto.
En el mismo momento de ser concebidos ya, nacemos a la vida con nuestro propio compás, con nuestra propia melodía, con nuestros sentimientos. Los latidos que no son más que nuestro andar nos marcan el camino a seguir; eso llamado astro tan difícil de poder definir correctamente, que cada uno por obligación y no por elección, tiene que vivirlo a su ritmo y darle la armonía necesaria para estar acorde con la vida. Esta vida que llevamos dibujada en el pentagrama del diario existir. Nos volcaron a este mundo sin el menor reparo y para colmo de males sin ensayo previo, por eso todo lo que hicimos, hacemos o haremos, en el fondo tendrá una nota falseada, pequeña, grande, inmensa, terrible y por sobre todo humana.
El tiempo de nuestras vidas no se detiene por nada, sigue su rumbo en línea recta hasta el final, no mira hacia atrás. En él, estamos inmersos desde mucho. Con él no podemos jugar a las escondidas siempre nos encuentra estemos donde estemos. Su presencia es nuestra sintonía, tenemos que tenerlo presente, porque aunque los años pasen, siempre existirá una luz de esperanza, para que nosotros los humanos entendamos como vivir en el mundo.
En el universo reinan silencios y espacios infinitos, la naturaleza es nuestra compañera, es un calmante que nos da fuerzas para seguir esta canción perfecta, que es ella. Pero esas resistencias decaen cuando creemos soñar con la inmortalidad, y no nos damos cuenta que al despertar a la vida inexorablemente ya, vamos camino a la muerte queramos, o no.
¡Qué personajes! Siempre queriendo alcanzar lo inalcanzable y no hacemos otra cosa que arder en nuestro propio fuego. Creemos en la seguridad y estamos expuestos a toda clase de riesgos; somos gotas de agua perdidas en los océanos; sufrimos de infalibilidad; nos vestimos de reyes del universo y somos tan solo diminutas partículas. Gritamos, pero los inmensos espacios en que nos encontramos no nos perciben. Concurren tantas incoherencias en nuestro razonamiento que la excitabilidad y la despreocupación van de la mano, en este raciocinio inacabado que portamos. Habitamos en los dos extremos, si nos equilibráramos caeríamos por la total falta de estabilidad que poseemos en todos los ordenes. Nada y todo nos disgusta; odiamos y amamos, lloramos y reímos, gritamos y enmudecemos, comprendemos o somos incomprendidos; soñamos con inmensidades y la realidad nos abofetea con la pequeñez. Nos sentimos sabios, aptos para mover la naturaleza, y lo que quizá logremos es nuestra propia destrucción, por el ingenio alocado y espantoso que poseemos.
Es mi opinión tómala o déjala.
Datos del Cuento
  • Categoría: Metáforas
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Comentarios


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1 comentarios. Página 1 de 1
FRANBETI
invitado-FRANBETI 20-01-2004 00:00:00

FANTASTICO Y MAGINIFICO! ESA ES MI DEFINICION DE TU ESCRITO. ENUMERASTE TODOS LOS DEFECTOS Y LAS VIRTUDES QUE POSEEMOS LOS SERES HUMANOS DESDE QUE NACEMOS. ESCRIBEME CUANDO QUIERAS. ABRAZOS TROPICALES.

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