Era más que obvio : era un hombre importante. Bastaba mirar a su alrededor para corroborarlo : se hacÃa la última revisión antes de presentarse al público, los espejos y las luces eran asombrosas, el piso de mármol, al igual que los lavatorios y la grafiterÃa dorada. SÃ, lucÃa muy bien peinado, rasurado y bien perfumado. Afuera estaba su custodia personal, cuatro fornidos en total, más la policÃa de la ciudad. El hombre realmente se sentÃa importante, exitoso, ejemplar. SabÃa que en pocos segundos más una cerrada ovación lo recibirÃa, habrÃa gritos y todo tipo de demostraciones de admiración para él. La vida le sonreÃa, qué duda cabÃa.
Sin embargo, el hombre que hacÃa la limpieza, curiosamente, era el único que se apiadaba de él, y pensaba para sus adentros que el éxito no es un tÃtulo que otorgen los demás, sino que cada persona en sus Ãntimas convicciones se lo otorga a sà mismo, y que nada más traidor en el mundo hay que los aplausos, conceptos tan básicos que por cierto ignoraba y nunca aprenderÃa el pobre e infelÃz tonto importante.
Por fin -¡Dios sea loado!- Juan Andueza retornó, y con su estilo halado nuevamente nos deslumbro. ("Camino al éxito")