Estaba frente a la pared. Podía darme la vuelta y escapar, pero no, no, no quise moverme, quise estar así, esperando que la pared hiciera algo, como abrirse, o hacerse un hueco, pero no, élla no hacía nada...
Cogí mi lápiz y escribí un poema sobre élla. No se molestó ni siquiera se movió. Estaba siempre así: Quieta, blanca, fría, dura, silente...
Escuchaba el sonido del lápiz frotándola, "shuik, shuik, shuik...", y que paró cuando terminé de escribir... Lo leí, me gusto y lo borré.
Miré hacia arriba y el techo se unía en una línea con ella. Miré hacia abajo y el piso tenía el mismo color. Miré a los lados y vi dos paredes del mismo color, pero más limpias... Volteé y vi a otra que tenía una puerta. Caminé hacia allá, y conforme me acercaba, la salida se achicaba más y más, hasta ahogarse en la blanca pared. Entonces, quedamos las cuatro paredes, el techo, el piso y yo...
Cerré los ojos y escapé...
Joe 15/04/04