COMPLICE
Te cuento un cuento .Quizás tenga la necesidad de plasmar en el papel mis miedos .Quizás no pueda llorar aun. Quizás, quizás, quizás.
Fumar es un placer, mientras no intentas dejarlo. Cuando lo intentas te das cuenta que es una cárcel, una droga. Esa fue mi cárcel durante años, podrÃa decir que desde los doce años, fue mi compañero.
Hace unos dos meses, mi padre aquejado de una grave enfermedad, producida por el tabaco, ingresaba en el hospital. Le decÃan que se morÃa si seguÃa fumando, el opto por su eterno compañero y yo fui su cómplice. Si y no me arrepiento os lo juro ya nada le devolverÃa la salud, solo prolongarÃa su agonÃa ya segura. No tomo su decisión en ese instante, lo hizo diez años antes cuando lo previnieron de los riesgos que le traerÃa seguir fumando. Con cuatro goteros y en silla de rueda lo sacaba a fumar a la escalera del hospital. Mientras el fumaba yo lloraba ,de rabia, de impotencia .Mi padre se mataba y yo era su “cómpliceâ€. No soportaba las cucarachas imaginarias que el veÃa a su lado, cuando dejaba de fumar. Ni sus gritos suplicantes pidiéndome tabaco. Los médicos, unos me decÃan que se lo diese ,otros me gritaban por ilusa. Y yo en medio, del tabaco, de mi padre, de su enfermedad y sobretodo de la dependencia a una droga que verdaderamente mata.
Y os puedo asegurar que esto que os relato no era lo peor, lo peor venia cuando después de fumarse el cigarro hasta el filtro, le daba un beso a la colilla y siempre decÃa hasta luego amigo. Sonriéndome y con un gesto me indicaba que nos podÃamos marchar .Y yo llevaba a mi padre a su habitación del hospital. Lo dejaba en su cama y sin decirle nada volvÃa a esa maldita escalera.¿Sabéis a que? A fumar, a llorar, a sentirme la persona mas cobarde y vil. Por no poder controlar. Al pensar en la pierna amputada de mi padre, en la insuficiencia respiratoria de mi padre, en que mi padre se morÃa y no aprendÃa la lección.
Y a pesar de todo sigo sin sentirme culpable a pesar de las palabras de otros, hoy casi tres meses después de su ingreso, después de veinticinco dÃas de muerto, hoy se que estará contento.
Se sentirá orgulloso de mi , de su hija. Ya no fumo, fume mi ultimo cigarro delante de su tumba. Y allà mismo enterré mi paquete de ducados. Se que es el quien me da fuerzas para seguir. Nunca antes lo habÃa conseguido .Pero por el, por mi padre y por el recuerdo de esa maldita escalera se que lo conseguiré.
¿Fumar es un placer?