Las veces en que veÃa besarse a una chica con su chico era en a televisión, o en cualquier esquina oscura de mi barrio. Me gustaba mirar cuando se besaban. Algo en mi se ponÃa erecto, a pesar que contaba con nueve años. Cada reunión con mis amigos de barrio trataba de cuantas chicas habÃamos besado. La mayorÃa de todos decÃa que tenÃan no menos de diez novias al mismo tiempo. Yo, como ellos, mentÃa. Tengo cuatro, decÃa. Mi vida se lleno de esperma hasta llegar a los quince años cuando tuve la oportunidad de conocer a una linda chica con la cara más dulce que una manzana roja. Me le acerqué y le pregunté su nombre. Se puso roja, se dio la media vuelta y corrió hasta llegar a su casa. El demonio se metió en mis entrañas. Me puse como perro labrador apuntando la ventana de la chica sonrojada por mis palabras, y esperé a que saliera. No salió toda la noche, pero allà me quedé, sentado en la vereda, mirando la ventana de la casa de esta chica... que tan solo pude ver su sombra que se mostraba una y otra vez. Luego fueron varias sombras, hasta que alguien salió por la puerta. Era su padre. Se me acercó y me dijo con ojos enrojecidos que me largara de una vez. Me paré y no me detuve hasta llegar a mi cuarto.
Al dÃa siguiente le hice la guardia. Vi que sus padres y hermanos salÃan y la esperé. A eso de medio dÃa la vi salir a regar el jardÃn. El corazón querÃa salÃrseme del pecho. Estaba fuera de mÃ. Todo mi ser querÃa ese cuerpo, plancharme en el suyo... Cada paso que daba era como si subiera a que me cuelguen, me crucifiquen, mi muerte, pero qué importaba si ella estaba allÃ, miándome a los ojos, a los labios, a mi cuerpo de un chico de quince años. Hola, le dije. Bajó la mirada. Noté que se sobaba las piernas. Sus ojos eran negros pero estaban llenos de luz... Estaba totalmente hipnotizado. Ya no era yo, era una mano de la pasión. Me acerqué por instinto animal. Escuché los latidos de su vida, los mÃos, los del universo... Abrà la boca, ella también. Di un paso mas cerca, ella alzó la cara. Nos miramos, sonreÃmos, y luego, me aspiró la vida a través de sus labios... y, me robó la vida, toda la vida. Luego, de una eternidad o un instante, me empujó y se metió en su casa. Y allà estaba, echado en la puerta de su casa, loco, enamorado, besado por la lujuria... Estaba lleno de pasión. Mi corazón me levantó del suelo y vio una de las ventanas del cuarto. Soy un león, me dije. Vi un árbol bastante cerca y la trepé. Era un león. Vi su cuarto con la terraza abierta y salté como un felino. Ya estaba dentro. Abrà la puerta. PodrÃa estar su padre, su hermano, la empleada, su abuelo, cualquier persona, pero no habÃa nadie más que ella mirándome a los ojos con el rostro totalmente rojo, dorado, con sus labios quemados por los mÃos. Me acerqué y ella se hizo un ovillo, un puntito en toda la casa, en un rincón. La levanté y le puse mis labios, que ya eran suyos, y fuimos bendecidos por la lujuria, la pasión, el amor hecho una sola carne... No recuerdo qué pasó después... VeÃa mi ropa salir de mi cuerpo, su ropa salir por el aire. Vi su cuerpo respirándome el mÃo. Y luego, nuestros labios hablaron en silencio. Se dijeron todo en un instante, en una eternidad... Nos penetramos, nos hicimos uno con el universo hasta que gemimos de éxtasis... Luego, vino la paz, la tranquilidad, hasta que sentà que alguien me cogÃa de los pelos y me daba patadas, puñetes, de todo... para salir volando por la ventana... Caà por suerte cerca del árbol, desnudo, pero luego vi mi ropa salir tras de mÃ... Volvà a mi casa con un extraño y nuevo sentimiento. HabÃa sido mi primer beso, pero no el último...
San isidro, agosto de 2006