Avalancha 3
Capítulo 3 “Conozco a Verónica”
Al día siguiente coincidimos en el restaurante para desayunar.
Ella está en una mesita que da al ventanal.
Desde allí se ve un paisaje blanco y multicolor por los esquiadores que bajan describiendo “eses” para disminuir la velocidad. Otros suben en las sillas.
Llego, le doy un beso... devuelve el beso y sonríe.
Esteban - ¡Hola!... ¿Dormiste bien?
Sensa – Como un angelito... ¿y tú?
Esteban – Estoy cansado; soñé contigo...
Se ríe...
Sensa - ¿Se puede saber qué soñabas?... ¡NOOOOO!... Me arrepentí, no quiero saber.
Esteban – De acuerdo... tendrás la duda el resto de tu vida.
Sensa - ¡No importa!... no me cuentes nada.
El mesonero que llega – Señor; ¿qué le sirvo?
Esteban – Chocolate con churros...
El mesonero – No tenemos churros señor...
Mirando el menú, Esteban - ... con torta de hojaldre.
Se va.
Esteban – Supongo que ya sabes lo carísimo que es este hotel; quiero hacerte una propuesta.
Sensa - ¡Ay... ¿Qué será?
Esteban – Podríamos ir de paseo al Parque Nacional la Campana y de allí ir a Viña del Mar. Pasamos la noche en cualquier hotel y al otro día en la mañana nos vamos a Valle Nevado. Está más cerca de Santiago y tiene un hotel cinco estrellas que cuesta tres veces menos que éste.
Sensa – Repíteme lo del hotel en Viña...
Esteban - ¡Ay... mujer!... Tú en una habitación y yo en otra.
Llega el mesonero; me sirve el chocolate y la torta.
Esteban - ¡Gracias!
Sensa – No sé, recién nos conocemos...
Esteban - ¡Nunca voy a entender a las mujeres!... Cuando nos conocimos estabas dispuesta a morir conmigo y ahora te asusta un paseo...
Sensa – Bueno, es que...
Esteban - ¡Ya entendí... olvídalo y ya!... fue una mala idea.
Estamos un rato sin hablar.
Yo pensativo bebo el chocolate de a sorbos... ella me echa ojeadas sin decir nada; sostiene su taza frente a su cara con ambas manos.
Llamo al mesonero... le hago señas de que traiga la cuenta.
Sensa - ¿Estás enojado?
Esteban la mira como razonando la respuesta - ¡NO!
Llega el mesonero, le pago, me levanto... - ¡Un placer haberte conocido Sensa...!
Me voy.
Afuera en la terraza observo a los esquiadores apoyado en la baranda con ambos codos... me pongo los lentes oscuros.
Llega una chica...
La chica - ¡Hola, soy Verónica!... ¿Tú eres el que escapó de la avalancha?
Esteban - ¿Cómo sabes?
Verónica – Vi cuando entrabas entre las cabañas con la avalancha detrás.
Esteban – Estás equivocada, yo no escapaba de la avalancha sino de una chica que me perseguía... ¿No la viste?
Aquello no era una avalancha sino la nieve que ella levantaba para alcanzarme.
Me mira sonriendo y meneando la cabeza... – Pero que adorable mentiroso... esa era tu novia.
Esteban - ¿Y si te digo que acababa de conocerla?
Verónica – Está bien, dejemos el tema. ¿Sabes que te saqué una foto cuando saltaron el abismo?... tengo un súper zoom.
- Perseguía un cóndor con la cámara cuando aparecieron ustedes y... ¡click!
Esteban – ¿Puedo verla?
Verónica – Están en el negativo, aún no las he revelado. Esa foto me va a hacer ganar algún premio porque se ven nítidos por encima de los pinos en un salto inmaculado.
¿De dónde sacaste esa destreza?
Esteban – Cuando hice el servicio militar me tocó en el Regimiento 8 de Esquiadores en Mendoza. El regimiento estaba en las proximidades del Puente El Inca... dormíamos y desayunábamos con los esquíes puestos.
Recorríamos haciendo patrullaje, rescatábamos andinistas que intentaban escalar el Aconcagüa, acudíamos en cada alud, eran muchísimas horas todos los días... la práctica hace al maestro.
Verónica - ¡Con razón...! – ¿Y tu novia de dónde sacó la destreza...?
Esteban – Ni idea, ella no es mi novia. Apenas nos conocimos ese día. Pero es muy hábil... ¿cierto?
Verónica – Sí, es sumamente hábil.
- También los fotografié antes de que entraran al bosque de pinos con la avalancha detrás y cuando salieron y la nieve tapaba el pinar por completo.
- Cambiando el tema... ¿Ella te interesa?
Me quedo pensativo. Si digo que sí, arruinaré cualquier intento de acercamiento con Verónica pero si soy sincero.... – Sí, me interesa, me atrae, bailé con ella y creí estar en el cielo...
Verónica - Entonces... ella te gusta.
Miro hacia la montaña... – Bueno, sí... pero se puso en una onda de desconfianza, aunque en parte tiene razón.
Verónica - ¿Qué... se pelearon?
Esteban – Cuando se negó a un paseo que le propuse me levanté y me fui. Ahora que lo pienso creo que tenía razón porque casi no nos conocemos... yo pienso como hombre.
¡Maldita sea!... ¿Por qué seré tan bruto?
Verónica - ¿...Y si te disculpas?
Esteban - ¿Tú dices que vuelva allá y me disculpe con ella?
Verónica – Podría funcionar...
Sonrío ante esa nueva posibilidad.
Esteban – Pero... y si me manda a freír churros.
Sonríe y se encoge de hombros – Debes intentarlo... Si no funciona estaré esperando para que llores sobre mi hombro.
Esteban – De acuerdo iré, total aquí no tienen churros.
Giro para dirigirme al restaurante... me tropiezo con alguien.
Esteban - ¡Disculpe!
Miro la cara de la persona a quien atropellé - ¡¡¡¿Sensa?!!!... ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
Sensa sonriendo y sosteniéndome por los hombros – Escuché todo...
Esteban sosteniendo la mirada - ¿Todo... todo?
Se acerca a mis labios y me besa - ¡Todo!
Acaricio sus cabellos – Tienes un perfume riquísimo...
La aprieto contra mí y la beso. Ella pasa sus brazos rodeando mi cuello y se para en punta de pies.
Lentamente alejo mis labios y voy abriendo los ojos. Ella sigue con sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos... la beso otra vez.
Después de no sé cuanto tiempo nos miramos embelezados y le digo... – Pareces un dragón...
Sensa - ¡¡¡¿Qué?!!!
Esteban – Un dragón... un dragón... te sale humo por la nariz y la boca... algo se te prendió fuego dentro.
Sensa – Es por el frío... ¡Tonto!
Me río...
Ella se agacha, recoge un poco de nieve y... ¡Plaf!
Adornó de blanco mi rostro... – ¡Ya vas a ver...!
Sale corriendo...
ja, ja, ja, tienes mucha frescura en tu forma de redactar, los personajes mientras hablan se imaginan, saltan a la mente con sus ropas, sus gestos, es bonito leer y poder verlos al mismo tiempo, incluso el bolazo de nieve en plena cara, ja ja, me ha gustado, espero continuación, je. Un abrazo