Con diez años de matrimonio, ese sábado decidimos que mi hijo de 5 años y yo, pasarÃamos juntos todo el dÃa. HabÃamos platicado que es muy conveniente compartir tiempo con los hijos.
En otras oportunidades habÃamos escalado cerros y realizado cami-natas por lugares conocidos. Pues muy temprano abordamos un busito y nos dirigimos al zoológico “La Auroraâ€. Recorrimos el parque contemplando a las aves; búhos, urracas, pjies, cacatúas, loros con cabeza azul, avestruces, cenzontles (a quienes nosotros llamamos cocotáas), clarineros, y faisanes. Luego pasamos a ver los lagartos que parecÃan dormir y aun asà dan mucho miedo y nos compadecimos de las icoteas (tortugas) que comparten su vida con lagartos y serpientes. Estuvimos bastante tiempo mirando y escuchando a los leones y al hipopótamo. Un fotógrafo de feria, de los que colocan su fondo de vinyl y suben a los niños a un caballito de madera, nos hizo una fotografÃa donde mi hijo se miraba bien y todo se veÃa muy bonito.
A la hora del almuerzo desempacamos los alimentos que mi esposa nos habÃa preparado. Fueron deliciosas empanadas rojas con queso y que saben como postre porque son dulces. También comimos empanaditas de hongos de siquinchée. Compramos refrescos de ananás (piña) con pulpa y la pasamos felices. Descansamos un poco echados sobre el césped y después nos encaminamos a las jaulas de las zarigüeyas, micos, chimpancés, perros de agua (martas), coyotes, coches de monte, mapaches, micoleones, y otro montón de animalitos. Todos muy bonitos por su pelaje diferente y se veÃan muy ágiles. A media tarde comimos tostadas con guacamole, refresco de tamarindo y dulces con textura de algodón.
Algo cansados, buscamos nuestro transporte de regreso y habÃa pocos pasajeros. Mi hijo se ubicó en una silla cerca de la puerta de ingreso y yo iba más atrás. En una de las vueltas cerradas por la aldea de Sajcavillá que se denominan ganchos, el giro fue tan brusco que mi hijo salió del bus y como ya era de noche no se miraba el fondo del barranco. Además que el conductor no quiso parar aduciendo que era una carretera muy peligrosa. Llegué solo a la casa y me llovieron las preguntas que yo apenas podÃa contestar. Estábamos discutiendo y aclarando las cosas cuando tranquilamente entró mi hijo, diciendo que él se habÃa bajado voluntariamente del bus. Y yo que pensaba que habÃa perdido a mi hijo. Pero esa noche, durmió caliente. De repente, DESPERTÉ. Todo habÃa sido un sueño. Actualmente mi hijo tiene 37 años.