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¡Vamos a Kenia! (Parte I de III)

(Para Pamella y para Marcello Santiago)





La verdad es que eso de “Campamento” era una palabra que había escuchado una que otra vez pero en si no entendía su significado y menos el día en que Pame entró como alumno que huye de los “Exámenes Extraordinarios”.
Ni siquiera se quitó los tenis y literalmente me asaltó.
- Chellín, Chellín, va a haber un Campamento. ¡Vamos a Kenya!
- ¿? Er, este, ejem ¿Kenya? ¿Un Campamento?
- ¡Si! Un campamento.
- Y ¿Qué es un Campamento?
- Ah, pues un Campamento es un, aah, blup, gur, pues un Campamento es . . . ¡Un Campamento!
- ¡Ah! Pues eso si que está más claro, pero sigo sin entender.
- Luego te lo explico, ahora lo importante es ver que tienes para el Campamento.
- Espera, espera y ¿Qué hay del permiso de mis papás?
- ¡Ups! Eso si que se me olvidaba.
- Pues si que se te olvidaba y creo que . . . es algo un poquito, bastante, harto importante.
- Espera, espera ¿De dónde salió eso de “algo un poquito, bastante, harto importante”?
- No se, creo que se me ocurrió o que alguna vez se lo oí decir a Norsi.
- Mm, creo que si, así siempre decía cuando no encontraba qué tan grande era algo.
- Bueno, pero ¿Qué es un Campamento?
- Pues mira un Campamento es un paseo pero en el que no van los papás y que nos divertimos mucho ya que estamos ahí “Soitos”
- ¿Soitos? Hay Pame será solitos.
- Si, si, eso, eso, eso. Pero primero tenemos que revisar tus cosas para ver qué es lo que tienes.
- ¡Vamos a mi cuarto!
- ¡Ups! ¿Y Crees que ahí podremos encontrar algo? Siempre está tirado y nunca encuentras nada por cualquier lugar, creo que sí hubiera un Campeonato de Desorden.
- ¡Lo ganaría!
- No, lo perderías por desordenado.
- Ja, ja, ja.
Rieron los dos, Pame y Chellín y se dispusieron a emprender la rápida carrera escaleras arriba al cuarto de Chellín.
- Espero, espera, acabo de sacar todas las cosas que no servían y las puse en el sótano.
- Ah, y Tú te cambiaste al sótano, ¿No?
- ¿?
- Ja, ja, ja.
Volvieron a reír, pero esta vez a carcajada batiente, tal y como solían hacerlo cada vez que estaban juntos.
- ¡Cálmate, Pame, cálmate!
- Es una bromita.
- Si, bromita pero mientras ya me dijiste que yo ya no sirvo.
- ¿Cómo crees? Yo no dije eso, es más i siquiera lo pensé
Y de nuevo volvieron a reírse.
- Mira Chellín, en este Campamento va haber un concurso de disfraces, así que de una buena vez buscamos algo que te haga ganar, mínimo el primer lugar.
- ¿Mínimo?
- Bueno, mínimo que nos haga ganar el primero lugar.
- ¿Y el permiso de papito y de mamita?
- Eso déjamelo a mi, no te preocupes, ya verás cómo les saco el permiso. Mira en lugar de buscar en tus cosas mejor empezamos a buscar en las cosas de mis tíos.
- O sean mis papás, ¿No?
- Pues si.
Bajaron los quince escalones sin forrar pero eso si que si muy bien barnizados aunque un poco cubiertos de polvo, de la única escalera de madera que daba acceso al sótano.
Las telarañas que normalmente tejen las arañas y que invariablemente se te atraviesan en medio del rostro y que te provocan una sensación entre cosquillas y comezón, habían desaparecido aunque por no mucho tiempo ya que en unos pocos días de no bajar se habría formado de nuevo.
Chellín tuvo que agacharse ya que era muy alto, sobretodo para su edad ya que aunque los dos andaban alrededor de los quince años, Pame no le llegaba ni a los hombros a Chellín y no es porque fuera chaparrita sino porque su primo era a su vez bastante más alto que su papá. La maniobra fue tan hábil que casi pasó desapercibida aunque no para Pame que siempre estaba atenta de los movimientos de su primo.
Bajando solo había un pasamanos del lado derecho lo que lo convertía al lado izquierdo cuando de subir se trataba lo cual era muy obvio pero creo que ya me estoy metiendo en aquellas intrincadas explicaciones de Norsi cuando empezaba a demostrar su, según él mismo” altos conocimientos sobre navegación ya que les decía a sus hijos que los ríos tienen su lado derecho y su lado izquierdo y esto resulta viendo al río “aguas Abajo” o sea hacía adonde baja el agua o mejor dicho hacía adonde fluye la corriente, que siempre es para abajo ya que nunca se ha visto correr el agua hacía arriba a no ser en la Cabaña del Tío Chueco en un parque que se llamaba, en tiempos de sus hijos, algo así como Reino Aventura pero que ahora se ce conoce como “Six Flags”, pues ahí que el agua corría hacía arriba, bueno eso no era más que una ilusión óptica. Bueno eso decía del río pero también les decía que los barcos tienen su estribor y su babor que es viendo hacía la Proa o sea lo que va para adelante ya que lo que va atrás es la Popa, pues del lado izquierdo esta el lado de Babor y a la derecha está el lado de estribos pero cuando una nave o barco o lancha o canoa o lo que sea se remonta “Aguas Arriba” o sea que navega contracorriente entonces el lado de babor está al mismo lado de estribor del río.
Los hijos de Norsi siempre se quedaban con el entrecejo fruncido y la vez que arqueaban las cejas como un autentico gesto de ¿Qué dices Willis? O sea que no entendían ni papa de lo que trataba de explicar.
Bueno pues algo así pasa cuando subes o bajas una escalera como ahora hacían Pame y Chellín sin imaginarse que en realidad estaban entrando a una nueva aventura por medio de “La Máquina del Tiempo”.
Una vez que bajaron, Chellín se apresuró a encender una de las lámparas que iluminaba el sótano pero que solo lo hacia en tan solo una cuarta parte de su área.
A todo esto se encontraban en la última década del siglo XX, o sea del Siglo Veinte ya que aún en estos tiempos siguen utilizando los números romanos para nombrar a muy escasas cosas como lo son los propios siglos, también se les ve de vez en cuando para separar los capítulos en los libros y recuerdo que una vez vieron un reloj de Norsi con esos números, por cierto que era un reloj que atesoraba ce puede decir que en extremo ya que era un regalo de Mami Kity el mismo día en que se graduó Norsi como Ingeniero allá en el Palacio de las Bellas Artes. Él estrenó ese día un traje color café oscuro y ella asistió en traje de trabajo que aunque trabajaba en una oficina pues no acostumbraban ir con vestido de fiesta ya que se hubiera visto medio raro. Tenemos algunas fotos que capturaron el momento de la salida de tal Palacio, Él con bigote.
- ¿Bigote?
- ¡Si! Bigote y el pelo corto aunque no tan corto como lo uso una vez que ingresó al Clan de los Abuelos.
- Y ve su corbata, parece una agujeta, está delgadísima.
- Y los lentes de Mami Kity
- Pero qué taconzotes.
- ¡Claro! Norsi está muy grandote
- Bueno pero no tanto como tu eso si.
- Mira como se ve bien chula con su vestidito amarillo, ¡Guau! ¡Arriba de la rodilla!.
- Si, siempre creí que había usado faldas largas o pantalones.
- ¿Y qué me dices de su mascada?
- ¡Guau! Y su peinado, parece un casco de jugador de americano.
Ja. Ja, ja, de nuevo sonrieron auque en esta ocasión de una forma más discreta.
En vez de buscar en sus cosas que hacía escasamente una semana había bajado, abrió un enorme baúl y empezó a sacar vestidos y atuendo que alguna vez utilizaron sus papás para alguna caracterización ya fuera un baile de máscaras o de alguna representación ya que de toda la vida siempre fueron afectos a la actuación junto con el baile aunque siempre desde el la posición de aficionados lo que no retuvo sus ansias por expresarse ante los públicos más heterogéneos aprovechando sus dotes naturales respecto a; gusto, afición, cualidades y figura.
Chellín sacó primeramente sendos trajes al más puro estilo griego mismos que procedieron a probárselos y aunque un poco estrechos no tuvieron dificultad para ceñírselos con lozanía y presencia.
Estaban colocándose unas cintas a manera de cinturón cuando fueron empujados y casi arrollados por un veloz carro de un solo eje halado por dos briosos caballos a los que fustigaban un caballero todo vestido de blanco, una enorme túnica blanca.
- ¡Hey, fíjate por dónde vas!
Todos los presentes voltearon asombrados a observar quién era el atrevido que osaba dirigirse de esa manera a Cornellis afamado centurión que recién regresaba de una excursión por el norte de África. Le seguían seis soldados nubios o al menos en ese momento así les pareció a Pame y a Chellín, Después se enterarían que en realidad eran seis esclavos de Cornellis, solo seis ya que tenía a su servicio al menos una centenar de enormes ejemplares todos cortados con el mismo estilo, altos, morenos, bueno eso de morenos haciéndoles un favor.
Los seis corrían al mismo ritmo y no muy despegados del carro que manejaba, por cierto muy hábilmente su amo.
- ¿Amo?
- ¡Que raro!
- No entiendo eso de Amo ni eso de Esclavo.
- Yo tampoco si bien recuerdo mis clases de historia antigua, varios pueblos observaron esas conductas. ¡Puaj!
- ¡Y requete Puaj!
De nuevo las personas que estaban en su inmediación voltearon incrédulos de lo que escuchaban.
Y no fue cual su reacción cuando se sintieron elevados en vilo sin permitírseles tocar el piso que a la sazón era un uniforme empedrado en rosáceo mármol que destellaba brillos al reflejo de los rayos del Sol.
Antes de un abrir y cerrar se vieron trasladados y desde luego contra su voluntad por los dos últimos nubios que sin el menor esfuerzo alcanzaron y mantuvieron el mismo ritmo de carrera de sus otros cuatro compañeros.
Desde luego que aunque corto el viaje no fue del nada placentero ya que se sentían como guajolotes transportados en huacáles sobre un burro.
Atravesaron rápidamente un gran portón y cruzaron un amplio jardín mismo que no tuvieron tiempo de admirar ni siquiera digamos de mirar.
El conductor de aquel carruaje que solo habían visto alguna vez en cierta película que Norsi guardaba y que solo podían ver en un aparato medió raro que lo conocía como VHS. Era un cartucho medio raro, enorme y adentro, según nos explicó alguna vez Norsi tenía una cinta enredada del largo de todo el mundo que no era otra cosa que una cinta electromagnética. Pues esa película no trataba sobre los griegos sino que trataba sobre los romanos pero para el caso era lo más parecidos de lo que tanto Pame como Chellín podrían hacer referencia en ese momento.
Tanto Chellín como Pame conservaban sus relojes de pulso única referencia para enterarse de la hora en que se encontraban eso si pero no el día, el año y qué decir del lugar, algo que no tuvieron que descerebrarse mucho ya que inmediatamente cayeron habidas cuentas que estaban en plena época dorada de la civilización griega algo así como seiscientos años antes de la era cristiana.
- ¡Glup!
- ¡Guau!
- ¡Záz!
- ¡Pontela!
- ¡Sopas!
- ¡Recataplum!
- ¡Rayos!
- ¡Y centellas!
Fueron soltados de una manera no muy cortés y cuando Chellín se aprestaba a ayudar a Pame a levantarse fuero de nuevo “invitados” a seguir al conductor del carruaje o Cornellis que se integró a un grupo de siete personas a cual más con aire de distinción más que no de presunción.
Cornellis fue saludando a cada uno de ellos y a la vez que se tomaban mutuamente de ambos antebrazos, es decir, el izquierdo de uno tomaba el derecho del otro y recíprocamente e inclinaban ligeramente la cabeza en respetuosa señal de reconocimiento.
Cornellis fue saludando a cada uno de ellos por nombre y añadía alguna frase que los distinguía;
- Cleóbulo de Lindos, “La moderación es lo mejor”.
- Solón de Atenas, “Nada en exceso” y “No tengas prisa en buscar nuevos amigos, pero una vez encontrados no tengas prisa en deshacerte de ellos”.
- Quilón de Esparta, “No desees lo imposible”.
- Bías de Priene, “La mayoría de los hombres son malos”.
- Tales de Mileto, Conócete a ti mismo.
- Pitaco de Mitilene, Debes saber escoger la oportunidad.
- Periandro de Corinto, Sé previsor con todas las cosas.
Nada menos que . . .
- Los siete sabios de la antigua Grecia
- ¡Cuanta sabiduría en cada uno de esos aforismos! ¿No crees?
- Vaya que si destilan el Génesis del comportamiento de toda la humanidad.
Datos del Cuento
  • Categoría: Infantiles
  • Media: 5.76
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