(Para Pamella y para Marcello Santiago)
La verdad es que eso de “Campamento†era una palabra que habÃa escuchado una que otra vez pero en si no entendÃa su significado y menos el dÃa en que Pame entró como alumno que huye de los “Exámenes Extraordinariosâ€.
Ni siquiera se quitó los tenis y literalmente me asaltó.
- ChellÃn, ChellÃn, va a haber un Campamento. ¡Vamos a Kenya!
- ¿? Er, este, ejem ¿Kenya? ¿Un Campamento?
- ¡Si! Un campamento.
- Y ¿Qué es un Campamento?
- Ah, pues un Campamento es un, aah, blup, gur, pues un Campamento es . . . ¡Un Campamento!
- ¡Ah! Pues eso si que está más claro, pero sigo sin entender.
- Luego te lo explico, ahora lo importante es ver que tienes para el Campamento.
- Espera, espera y ¿Qué hay del permiso de mis papás?
- ¡Ups! Eso si que se me olvidaba.
- Pues si que se te olvidaba y creo que . . . es algo un poquito, bastante, harto importante.
- Espera, espera ¿De dónde salió eso de “algo un poquito, bastante, harto importante�
- No se, creo que se me ocurrió o que alguna vez se lo oà decir a Norsi.
- Mm, creo que si, asà siempre decÃa cuando no encontraba qué tan grande era algo.
- Bueno, pero ¿Qué es un Campamento?
- Pues mira un Campamento es un paseo pero en el que no van los papás y que nos divertimos mucho ya que estamos ahà “Soitosâ€
- ¿Soitos? Hay Pame será solitos.
- Si, si, eso, eso, eso. Pero primero tenemos que revisar tus cosas para ver qué es lo que tienes.
- ¡Vamos a mi cuarto!
- ¡Ups! ¿Y Crees que ahà podremos encontrar algo? Siempre está tirado y nunca encuentras nada por cualquier lugar, creo que sà hubiera un Campeonato de Desorden.
- ¡Lo ganarÃa!
- No, lo perderÃas por desordenado.
- Ja, ja, ja.
Rieron los dos, Pame y ChellÃn y se dispusieron a emprender la rápida carrera escaleras arriba al cuarto de ChellÃn.
- Espero, espera, acabo de sacar todas las cosas que no servÃan y las puse en el sótano.
- Ah, y Tú te cambiaste al sótano, ¿No?
- ¿?
- Ja, ja, ja.
Volvieron a reÃr, pero esta vez a carcajada batiente, tal y como solÃan hacerlo cada vez que estaban juntos.
- ¡Cálmate, Pame, cálmate!
- Es una bromita.
- Si, bromita pero mientras ya me dijiste que yo ya no sirvo.
- ¿Cómo crees? Yo no dije eso, es más i siquiera lo pensé
Y de nuevo volvieron a reÃrse.
- Mira ChellÃn, en este Campamento va haber un concurso de disfraces, asà que de una buena vez buscamos algo que te haga ganar, mÃnimo el primer lugar.
- ¿MÃnimo?
- Bueno, mÃnimo que nos haga ganar el primero lugar.
- ¿Y el permiso de papito y de mamita?
- Eso déjamelo a mi, no te preocupes, ya verás cómo les saco el permiso. Mira en lugar de buscar en tus cosas mejor empezamos a buscar en las cosas de mis tÃos.
- O sean mis papás, ¿No?
- Pues si.
Bajaron los quince escalones sin forrar pero eso si que si muy bien barnizados aunque un poco cubiertos de polvo, de la única escalera de madera que daba acceso al sótano.
Las telarañas que normalmente tejen las arañas y que invariablemente se te atraviesan en medio del rostro y que te provocan una sensación entre cosquillas y comezón, habÃan desaparecido aunque por no mucho tiempo ya que en unos pocos dÃas de no bajar se habrÃa formado de nuevo.
ChellÃn tuvo que agacharse ya que era muy alto, sobretodo para su edad ya que aunque los dos andaban alrededor de los quince años, Pame no le llegaba ni a los hombros a ChellÃn y no es porque fuera chaparrita sino porque su primo era a su vez bastante más alto que su papá. La maniobra fue tan hábil que casi pasó desapercibida aunque no para Pame que siempre estaba atenta de los movimientos de su primo.
Bajando solo habÃa un pasamanos del lado derecho lo que lo convertÃa al lado izquierdo cuando de subir se trataba lo cual era muy obvio pero creo que ya me estoy metiendo en aquellas intrincadas explicaciones de Norsi cuando empezaba a demostrar su, según él mismo†altos conocimientos sobre navegación ya que les decÃa a sus hijos que los rÃos tienen su lado derecho y su lado izquierdo y esto resulta viendo al rÃo “aguas Abajo†o sea hacÃa adonde baja el agua o mejor dicho hacÃa adonde fluye la corriente, que siempre es para abajo ya que nunca se ha visto correr el agua hacÃa arriba a no ser en la Cabaña del TÃo Chueco en un parque que se llamaba, en tiempos de sus hijos, algo asà como Reino Aventura pero que ahora se ce conoce como “Six Flagsâ€, pues ahà que el agua corrÃa hacÃa arriba, bueno eso no era más que una ilusión óptica. Bueno eso decÃa del rÃo pero también les decÃa que los barcos tienen su estribor y su babor que es viendo hacÃa la Proa o sea lo que va para adelante ya que lo que va atrás es la Popa, pues del lado izquierdo esta el lado de Babor y a la derecha está el lado de estribos pero cuando una nave o barco o lancha o canoa o lo que sea se remonta “Aguas Arriba†o sea que navega contracorriente entonces el lado de babor está al mismo lado de estribor del rÃo.
Los hijos de Norsi siempre se quedaban con el entrecejo fruncido y la vez que arqueaban las cejas como un autentico gesto de ¿Qué dices Willis? O sea que no entendÃan ni papa de lo que trataba de explicar.
Bueno pues algo asà pasa cuando subes o bajas una escalera como ahora hacÃan Pame y ChellÃn sin imaginarse que en realidad estaban entrando a una nueva aventura por medio de “La Máquina del Tiempoâ€.
Una vez que bajaron, ChellÃn se apresuró a encender una de las lámparas que iluminaba el sótano pero que solo lo hacia en tan solo una cuarta parte de su área.
A todo esto se encontraban en la última década del siglo XX, o sea del Siglo Veinte ya que aún en estos tiempos siguen utilizando los números romanos para nombrar a muy escasas cosas como lo son los propios siglos, también se les ve de vez en cuando para separar los capÃtulos en los libros y recuerdo que una vez vieron un reloj de Norsi con esos números, por cierto que era un reloj que atesoraba ce puede decir que en extremo ya que era un regalo de Mami Kity el mismo dÃa en que se graduó Norsi como Ingeniero allá en el Palacio de las Bellas Artes. Él estrenó ese dÃa un traje color café oscuro y ella asistió en traje de trabajo que aunque trabajaba en una oficina pues no acostumbraban ir con vestido de fiesta ya que se hubiera visto medio raro. Tenemos algunas fotos que capturaron el momento de la salida de tal Palacio, Él con bigote.
- ¿Bigote?
- ¡Si! Bigote y el pelo corto aunque no tan corto como lo uso una vez que ingresó al Clan de los Abuelos.
- Y ve su corbata, parece una agujeta, está delgadÃsima.
- Y los lentes de Mami Kity
- Pero qué taconzotes.
- ¡Claro! Norsi está muy grandote
- Bueno pero no tanto como tu eso si.
- Mira como se ve bien chula con su vestidito amarillo, ¡Guau! ¡Arriba de la rodilla!.
- Si, siempre creà que habÃa usado faldas largas o pantalones.
- ¿Y qué me dices de su mascada?
- ¡Guau! Y su peinado, parece un casco de jugador de americano.
Ja. Ja, ja, de nuevo sonrieron auque en esta ocasión de una forma más discreta.
En vez de buscar en sus cosas que hacÃa escasamente una semana habÃa bajado, abrió un enorme baúl y empezó a sacar vestidos y atuendo que alguna vez utilizaron sus papás para alguna caracterización ya fuera un baile de máscaras o de alguna representación ya que de toda la vida siempre fueron afectos a la actuación junto con el baile aunque siempre desde el la posición de aficionados lo que no retuvo sus ansias por expresarse ante los públicos más heterogéneos aprovechando sus dotes naturales respecto a; gusto, afición, cualidades y figura.
ChellÃn sacó primeramente sendos trajes al más puro estilo griego mismos que procedieron a probárselos y aunque un poco estrechos no tuvieron dificultad para ceñÃrselos con lozanÃa y presencia.
Estaban colocándose unas cintas a manera de cinturón cuando fueron empujados y casi arrollados por un veloz carro de un solo eje halado por dos briosos caballos a los que fustigaban un caballero todo vestido de blanco, una enorme túnica blanca.
- ¡Hey, fÃjate por dónde vas!
Todos los presentes voltearon asombrados a observar quién era el atrevido que osaba dirigirse de esa manera a Cornellis afamado centurión que recién regresaba de una excursión por el norte de Ãfrica. Le seguÃan seis soldados nubios o al menos en ese momento asà les pareció a Pame y a ChellÃn, Después se enterarÃan que en realidad eran seis esclavos de Cornellis, solo seis ya que tenÃa a su servicio al menos una centenar de enormes ejemplares todos cortados con el mismo estilo, altos, morenos, bueno eso de morenos haciéndoles un favor.
Los seis corrÃan al mismo ritmo y no muy despegados del carro que manejaba, por cierto muy hábilmente su amo.
- ¿Amo?
- ¡Que raro!
- No entiendo eso de Amo ni eso de Esclavo.
- Yo tampoco si bien recuerdo mis clases de historia antigua, varios pueblos observaron esas conductas. ¡Puaj!
- ¡Y requete Puaj!
De nuevo las personas que estaban en su inmediación voltearon incrédulos de lo que escuchaban.
Y no fue cual su reacción cuando se sintieron elevados en vilo sin permitÃrseles tocar el piso que a la sazón era un uniforme empedrado en rosáceo mármol que destellaba brillos al reflejo de los rayos del Sol.
Antes de un abrir y cerrar se vieron trasladados y desde luego contra su voluntad por los dos últimos nubios que sin el menor esfuerzo alcanzaron y mantuvieron el mismo ritmo de carrera de sus otros cuatro compañeros.
Desde luego que aunque corto el viaje no fue del nada placentero ya que se sentÃan como guajolotes transportados en huacáles sobre un burro.
Atravesaron rápidamente un gran portón y cruzaron un amplio jardÃn mismo que no tuvieron tiempo de admirar ni siquiera digamos de mirar.
El conductor de aquel carruaje que solo habÃan visto alguna vez en cierta pelÃcula que Norsi guardaba y que solo podÃan ver en un aparato medió raro que lo conocÃa como VHS. Era un cartucho medio raro, enorme y adentro, según nos explicó alguna vez Norsi tenÃa una cinta enredada del largo de todo el mundo que no era otra cosa que una cinta electromagnética. Pues esa pelÃcula no trataba sobre los griegos sino que trataba sobre los romanos pero para el caso era lo más parecidos de lo que tanto Pame como ChellÃn podrÃan hacer referencia en ese momento.
Tanto ChellÃn como Pame conservaban sus relojes de pulso única referencia para enterarse de la hora en que se encontraban eso si pero no el dÃa, el año y qué decir del lugar, algo que no tuvieron que descerebrarse mucho ya que inmediatamente cayeron habidas cuentas que estaban en plena época dorada de la civilización griega algo asà como seiscientos años antes de la era cristiana.
- ¡Glup!
- ¡Guau!
- ¡Záz!
- ¡Pontela!
- ¡Sopas!
- ¡Recataplum!
- ¡Rayos!
- ¡Y centellas!
Fueron soltados de una manera no muy cortés y cuando ChellÃn se aprestaba a ayudar a Pame a levantarse fuero de nuevo “invitados†a seguir al conductor del carruaje o Cornellis que se integró a un grupo de siete personas a cual más con aire de distinción más que no de presunción.
Cornellis fue saludando a cada uno de ellos y a la vez que se tomaban mutuamente de ambos antebrazos, es decir, el izquierdo de uno tomaba el derecho del otro y recÃprocamente e inclinaban ligeramente la cabeza en respetuosa señal de reconocimiento.
Cornellis fue saludando a cada uno de ellos por nombre y añadÃa alguna frase que los distinguÃa;
- Cleóbulo de Lindos, “La moderación es lo mejorâ€.
- Solón de Atenas, “Nada en exceso†y “No tengas prisa en buscar nuevos amigos, pero una vez encontrados no tengas prisa en deshacerte de ellosâ€.
- Quilón de Esparta, “No desees lo imposibleâ€.
- BÃas de Priene, “La mayorÃa de los hombres son malosâ€.
- Tales de Mileto, Conócete a ti mismo.
- Pitaco de Mitilene, Debes saber escoger la oportunidad.
- Periandro de Corinto, Sé previsor con todas las cosas.
Nada menos que . . .
- Los siete sabios de la antigua Grecia
- ¡Cuanta sabidurÃa en cada uno de esos aforismos! ¿No crees?
- Vaya que si destilan el Génesis del comportamiento de toda la humanidad.