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Categoría: Sueños

¿Qué es la muerte?

Una abundante tormenta con esporádicos y estruendosos rayos que iluminaban totalmente la habitación del cuarto de aislados en el hospital municipal, daban marco a la visión de Roberto, un pobre condenado a muerte por su avanzado cáncer pulmonar.
La respiración se acortaba y cada vez se hacía más difícil inspirar el aire que llevada la vida y sólo un hálito de esperanza lo mantenía vivo.
Por su mente pasaban imágenes de cuando era pequeño y el miedo que tenía al encierro, recordando cuando su hermana mayor lo enclaustró en un ropero para esconderlo de los demás en ese juego precisamente llamado de las “escondidas”.
Con un fuerte grito hizo saber que lo sacaran por que se “asfixiaba” y necesitaba aire. Sus hermanos, todos mayores de que él, reían sin piedad por la ocurrencia de Roberto.
Siempre en pláticas con su familia, recordaba ese episodio y remataba con la vista fija en el infinito que le daba miedo el día que muriera porque no soportaría el estar solo y encerrado bajo tierra. -“Deben llevarme música y poner algún aparato para que siempre esté tocando y me haga sentir en compañía”. –“Estás loco” –alcanzaban a decirle y reían. –“deben hacerlo…por favor” – “Muy bien…así será…”
El aparato monitor que indicaba que Roberto aún respiraba, de pronto dejó de parpadear y un pitido largo mostró que se había consumido su vida.
Rápidamente, el personal médico aplicó el desfibrilador por más de tres ocasiones y el resultado fue nulo.
Roberto fue declarado muerto a las 19.45 horas del lunes 24 de diciembre de 2000. Una Navidad infeliz para sus familiares.
Como si una sombra saliera de su cuerpo, muchos fueron testigos del desprendimiento de algo etéreo, lo que la religión llama alma y cómo ésta se elevaba lentamente y desaparecía en el techo.
Tal y como si fuera una visión, de pronto Roberto se vio a sí mismo en la plancha de preparación de cadáveres.
Quería gritar y decirles a esas personas que se hallaban preparándole para amortajarlo y colocarlo en un ataúd, que no lo hicieran, que él podía sentir, ver y aun oír lo que pasaba. Así lo hizo; sin embargo, ningún sonido escapó de su boca.
Posteriormente, ya tendido en la funeraria y viéndose rodeado por sus familiares y amigos, sólo el llanto de sus seres queridos le reconfortaban.
Parecía que por fin se había resignado a su suerte y siguió el acontecimiento con tranquilidad.
Allí, pudo enterarse quienes le amaban de verdad y quienes sólo le fingían.
No faltaron las vulgares “charras” que acompañan a cada sepelio y las consabidas carcajadas ruidosas de quienes le festejaban al “chistoso”. El café mezclado con vino, hacía que el frío de la noche navideña fuera menos.
Hicieron del sepelio de Roberto una fiesta en esplendor. –“A mí ningún muerto desgraciado me hecha a perder la Navidad…je je” –escuchó refunfuñar a quien consideraba su amigo.
-“Desgraciado…” –pensó Roberto.
El tiempo transcurrió lentamente y por fin se llegó la hora de llevarlo a sepultar.
Una especie de angustia empezó a apoderarse del espíritu de Roberto. Lo que tanto temía, iban a enterrarlo y dejarlo solo en un lugar donde el silencio reinaba una vez que se retiraban los dolientes.
Lentamente fue bajando el ataúd, y ya depositado en el fondo de la fosa, los puños de tierra acompañados de alguna flor golpeaban salvajemente el metálico cajón produciendo un ruido que indicaba ahora sí, el fin del paseo.
El llanto de los dolientes ahogó los “gritos” de Roberto y cuando ya casi estaban por colocarse totalmente las losas, su hermana mayor, depositó una grabadora que acompasaba al paleo de los hombres de la funeraria con la canción: “Amor eterno”.
La oscuridad total inundó el nuevo “hogar” de Roberto e inexplicablemente, como si fuera un milagro, desapareció el miedo que siempre tuvo al encierro y escuchando la suave música, empezó a gozar de su nueva “vida” en el más allá.
Datos del Cuento
  • Categoría: Sueños
  • Media: 5.41
  • Votos: 106
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3 comentarios. Página 1 de 1
Nancy Moreno de Martins
invitado-Nancy Moreno de Martins 20-06-2005 00:00:00

Ciertamente creo que las personas despúes de muertas pueden ver y sentir durante algunos días lo que pasa a su alrredor, mi padre pidió cosas parecidas para su funeral, y este donde este ,él sabe que cumplimos con lo que tanto deseo para su sepelio. Gracias por recordarme que existen otras personas que sintieron como él alguna vez.

Mayital
invitado-Mayital 21-10-2004 00:00:00

Es el segundo cuento que leo de usted y tiene razón. Cuando alguien muere, no faltan las "charras", (así les decimos en México a los chistes)cuando no es apropiado hacerlo, en primer lugar por respeto al cuerpo que se está velando. Por otra parte, me identifico con el personaje del cuento. En alguna ocasión llegué a sentir miedo a morir, no sentir nada, ya no estar en este mundo. Saludos Mayital

José Cruz Vieyra
invitado-José Cruz Vieyra 14-09-2004 00:00:00

He leído con bastante detenimiento todos sus cuentos y sólo uno de ellos me pareció aburrido: la virgen guadalupana; de ahí en fuera, creo que es usted un buen autor. Tiene sentido de lo que escribe y sobre todo, guarda un absoluto respeto por la redacción y ortografía. Les invito a leer todos los cuentos de este señor o señora, ya que el nombre es ambiguo. Gracias por haber ese tipo de personas. Son proyeccciones positivas.

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