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! Premio al más viejo ¡

La historia pasaba verbalmente entre las gentes del pueblo, y como toda leyenda pasó de generación en generación y de pueblo en pueblo.
Ocurrió en un país llamado Tucaña, hace diez o doce siglos, por lo menos.
El pequeño país, debía haber sido una península, pues cuentan que estaba rodeado de agua casi por completo.
Tenía una gran ciudad, que llegaba de costa a costa, era esta, sino la única, si la más grande con diferencia.
Estaba rodeada de pueblecitos, a semejanza de un planeta con sus satélites. La cruzaba un gran río. Además, todos los pueblos tenían un alcalde como los de ahora.
En este país, desde hacía mucho tiempo se venía realizando un famoso concurso. Este campeonato era único en el mundo, y muy popular, no sólo en su territorio, sino internacionalmente, pues participaban países de Europa, Asia y África.
Era el “CONCURSO AL MÁS VIEJO O VIEJA DEL MUNDO “, en el que los países participantes, presentaban un solo candidato o candidata, eso si, el que consideraban de mayor edad entre sus habitantes.
Decían que, era tanta la afluencia de gentes de todas partes, esos días el pequeño país, bajaba su nivel con respecto al mar, según las tablas y marcas puestas a propósito en playas y acantilados. Y que, bajaba o subía de este a oeste por igual, y algo más en la zona sur.
Sin embargo, este extraño fenómeno era reversible, pues a los pocos días de marcharse la gente, muy despacio se recuperaba el nivel normal.
Se barajaban varias hipótesis. La más aceptada era la que basaba esta movilidad, en el supuesto que todo el territorio hubiese sido con anterioridad una isla, pero una isla flotante, que desde hacía millones de años se había aparcado allí concretamente. Y que, si no se producían grandes terremotos o algo peor, el país-isla-flotante no tendría motivos para volver a viajar por los mares.
En una población del sur de la ciudad, vivía una ciudadana, muy peculiar, llamada cariñosamente la Vieja Chova; decían que tenía 160 años, que llevaba ganando el concurso más de 50 años consecutivos. Aparte de famosa por vieja campeona, lo era también por ser pobre.
No tenia nada, según ella no podía morirse de lo pobre que era, pues, no podría enterrarse, y que por eso Dios la mantenía con vida.
Vivía en una choza, a las afuera del pueblo; en el pueblo era muy querida, gozaba de la admiración y caridad de todos los que la conocían personalmente. En especial de una niña, rubia de largas trenzas, llamada Inés.
Inés, era la hija del alcalde del pueblo de la Chova.
Una tarde, la niña buscaba algo para llevarle, como no encontraba nada, pensó, llevarle un vaso de leche; para transportarla buscó algún recipiente con tapadera, que tampoco encontró; por tanto decidió llevarlo en un biberón, que ya no utilizaban. La anciana le dijo que no se importaba, que le agradecía el detalle y se tomó el biberón.
Por la noche, la niña, contó a su padre lo ocurrido. Este, la felicitó por la idea. Y al siguiente, lanzó un bando, aconsejando a todos los ciudadanos del pueblo, a tomar tres biberones de leche al día.
La noticia corrió por el país como una centella, hasta que llegó a oídos del rey. El cual, lamentó que no se le hubiera ocurrido a él antes.
Al día siguiente, redactó y aprobó una ley, por la cual todos sus súbditos estaban obligados a tomarse los tres mismos biberones y, que todo aquel que no la acatase, sería encarcelado durante una semana, con el agravante de que la leche sería el único alimento para los presos.
Para ello, ordenó hacer granjas de vacas lecheras por todo el país, y una más en la cárcel; al mismo tiempo los presos por este motivo, tendrían que trabajar en dicha granja.
Por tanto, consiguió que todo el mundo se acostumbrara a tomar leche todos los días, tres veces y la cantidad de un biberón, detrás de cada comida.
El rey, sabía que con ello conseguiría además, que todos estuvieran mejor alimentados, que los niños crecieran más y que los mayores vivieran más tiempo y más sanos.
En la plaza se formaba, como todos los años el gran escenario para la celebración del campeonato mundial.
Entre los viejos concursantes, destacaba un viejecito, que venía desde hacía 22 años, de la China. Se llamaba PA-CHU- CHIN, venía acompañado por su bisnieto, que lo traía montado en una perra, con su silla de montar. Ese año, los vecinos lo encontraron algo más pequeño que de costumbre.
Por fin llegó el gran día, todo estaba dispuesto según lo pedía la ceremonia.
Comenzaban con un toque de trompetas, anunciando el evento, la plaza (que era grandísima), estaba repleta de espectadores.
Seguidamente salía el secretario del rey, leyendo un pergamino, pregonando el inicio del esperado acto.
A la derecha se colocaba un palco para el rey y su séquito. En el centro se iba la mesa del jurado, compuesto por un notario, un médico y varios jueces, de diferentes países.
El secretario llamaba a los participantes por orden alfabético de la nación de origen. Así pues, pronto llegó el turno de China. Se colocaron en el centro PA-CHU-CHIN y su bisnieto, se acercó el notario, que pedía la documentación que acreditara la edad (siempre era la partida de nacimiento); una vez comprobada como cierta, salía al estrado el médico. Que hacía un reconocimiento visual a los centenarios concursantes.
En este caso, observó algo raro en el anciano, hizo algunas preguntas al bisnieto, el cual, trató de eludir muy elegantemente, pero no los suficiente como para engañar al médico.
Éste más astuto que un zorro, se percató de la extraña enfermedad que padecía el pobre chino y dijo:- El bisabuelo sufre una enfermedad, que no es contagiosa ni mortal por necesidad, pero que le hará menguar 6 o 7 centímetros al año, se llama el “el mal de las uvas pasas”, y es debido a una precaria alimentación. Entonces se hizo un gran silencio en toda la plaza y se oyó un gran ohhhh! que estremeció hasta el más bruto del país.
El joven chino se ruborizó, pues lo sabía y preguntó que si a pesar de ello podía seguir concursando. Le contestó el médico que si y dieron por válido a PA-CHU-CHIN con 138 años.
Pasaron bastantes países y llegó el turno de Tucaña, país de la Vieja Chova.
Se acercaron la anciana y la niña, esta entregó la partida de nacimiento al notario, dándola este por buena. Seguidamente se acercó el médico y dijo:- Está usted cada ver más joven y más tiesa. Por la forma de andar veo que no tiene dolores de huesos y que goza de muy buena salud. La dieron por válida con 160 años.
Una vez terminaron de pasar todos los participantes, tocaron las trompetas reales, siendo el monarca el encargado de dar lectura de los resultados. Nuevamente la representante de Tucaña fue la ganadora universal con 160 años, terminando con una felicitación muy efusiva:
¡VIVA LA VIEJA CHOVA Y LOS MIL BIBERONES DE LECHE QUE SE TOMÓ!
Entonces el joven chino, preguntó que qué era eso de los mil biberones de leche. Inés que estaba a su lado le explicó con todo lujo de detalles lo sucedido.
Así, comprendió el bisnieto el motivo de la enfermedad de su bisabuelo y el buen estado de salud de la representante de Tucaña.
Datos del Cuento
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