Aquella mañana, Laura no podÃa ni sospechar que no iba a ser una mañana cualquiera. Todo era aparentemente normal, hasta que sonó su teléfono. dingggggggg!. Uno de los tres, que tenÃa en su acogedora casa. Descolgó y antes de que le dÃa tiempo a contestar, una voz profunda y masculina, quiso confirmar si ella era Laura Mercader. Ante la respuesta afirmativa, la instaron para que se presentara esa misma tarde en una dirección, aclarándole que el evento en cuestión era un tanto desagradable, ya que se trataba de un funeral, pero que el desafortunado protagonista, habÃa dado instrucciones concretas para que ella no faltara. Sin mas, su interlocutor, colgó el teléfono.
Laura quedó estupefacta ante aquella noticia, a los pocos, intentó despertar del trance y continuar con sus obligaciones diarias.
Entró en su cuarto de baño y terminó de prepararse para ir a su trabajo.
Laura era una mujer atractiva, joven, de larga melena de color castaño con reflejos rojizos, que recogÃa en su nuca con un gracioso moño, dejando caer unos mechones que le daban aspecto de niña. Terminada esta sencilla operación, se quedó mirándose fijamente en el espejo, sus grandes ojos verdes, se reflejaban en él como si quisieran atrapar su alma. Se sentÃa inquieta, pero intentó olvidarlo todo diciéndose que aun quedaba mucho para decidir que hacer...
Pasó todo el dÃa decidiendo que hacer. A fin de cuentas no sé quien es, se decÃa, pero por otro lado algún motivo habrá para que me hayan llamado, mi obligación es ir, se repetÃa sin cesar.
Pasaron las horas y al fin se acercó el momento tan poco deseado. En un alarde de valentÃa, decidió pasarse por la dirección que le indicaron y para darse valor se dijo. solo cinco minutos, entrego mi tarjeta y ya está...sin estar demasiado convencida.
Llegó a la casa, era grande, destartalada, con una verja enorme y oscura, con un jardÃn algo descuidado, con cada paso que la acercaba a la casa, su temor aumentaba. Pero Laura era valiente, al menos eso creÃa. Por fin llegó a la puerta, esta estaba entreabierta. Penetró en la casona con sigilo, con todos sus ojos en busca de algo que le diera una respuesta, pero no encontraba nada. Avanzó por el pasillo, largo y oscuro, con miles de puertas cerradas, que intentaba abrir con cuidado mientras caminaba lentamente. Mientras caminaba, a cada paso, una extraña sensación se iba apoderando de ella, una sensación de que no podrÃa escapar, de que aquello, no terminarÃa nunca, entonces fue cuando encontró la puerta. SabÃa que era aquella puerta, por que se quedó petrificada delante de ella y al final se decidió a abrirla. Cuando su mano tomó el pomo, un escalofrÃo recorrió su cuerpo, haciéndole perder la noción del tiempo, sin saber cuanto tiempo habÃa estado asÃ, al final consiguió abrir la puerta.
Entró en la estancia, recorrió con la vista toda ella y en un rincón, encontró lo que menos querÃa ver, un féretro. La curiosidad pudo con ella y se acercó con paso tembloroso para ver en su interior. Según sus ojos iban descubriendo lo que se guardaba en el interior, su respiración se iba haciendo cada vez más difÃcil, no podÃa creer lo que estaba viendo, no querÃa creer lo que estaba viendo. Su cabeza comenzó a darle vueltas, estaba perdiendo el sentido de la realidad, le zumbaban los oÃdos, un sonido, fuerte y estruendoso, resonaba en su cerebro como campanas de una enorme catedral... ding. dong, pausado y cada vez mas fuerte...ding...dong, cayó de bruces al suelo, no podÃa sacarse el sonido de la cabeza..ding.... y aquella voz, profunda y sentenciante....dong...que le decÃa....ding..., si , Laura, créelo....dong....es cierto, laura...ding, ese cadáver, laura...dong.....ese cadáver.....ding....dong..... eres tú!!!!!!!
M.B.F.
contenido muy interesante y estructura perfecta. tu otro cuento, el del principe, precioso. sigue escribiendo