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Categoría: Románticos

Y...VEINTE AÑOS DESPUES...

El calor agobiaba Buenos Aires. Viernes 14 de febrero, día de San Valentín, día de los enamorados.
El tren llegó con retraso, pero aún tenía tiempo de llegar al aeropuerto, eran las 10:30 hs, supuestamente el avión llegaría a las 14 hs.
El bolso y la ansiedad pesaban toneladas. Necesitaba una ducha urgente, pero no tenía tiempo, por un cambio de horario, el avión había llegado a las 11:30 hs, hacía quince minutos. Con mirada ansiosa y a la vez angustiada recorrió el hall del aeropuerto, pero aún no estaba.
Habían tenido comunicación vía Internet y telefónica hasta el día anterior, minutos antes de que él tomara el avión desde España y unas horas antes de que ella tomara el tren desde el interior hacia Buenos Aires, para encontrarse luego de veinte largos años de desencuentro. Veinte largos años de vivir a sólo unos kilómetros de distancia sin saber nada uno del otro, veinte largos años de un amor dormido en sus corazones.
Finalmente entró en el hall. Al verlo, el estómago de Sandra dio un vuelco y un millón de mariposas le hicieron cosquillas.
Roberto la miró sin verla, y volvió a mirar cuando San le hizo señas. Ella jamás pudo olvidar su rostro, jamás pudo olvidar su porte, jamás pudo olvidar su ternura, su dulzura, su mirada; lo reconocería en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia. Había cambiado un poco, llevaba el pelo demasiado corto para su gusto, llevaba barba, tenía 20 años más...pero al estrecharse en un abrazo que pareció durar una eternidad, San se olvidó de los años, y volvió a sentir esas vibraciones químicas de antes, esa sensación de estar de nuevo en casa cuando sus labios se encontraron, esa emoción de ser otra vez esa chica de 16 años se instaló en su corazón.
Roberto había planeado tomar un vuelo en ese mismo momento para Puerto Madrin, pero no consiguió ninguno para ese día, no debían perder un segundo de su preciado tiempo, ya que sólo estarían juntos tres días.
Salieron del aeropuerto en un taxi que los llevaría a la estación de trenes de Ezeiza. En el taxi, Roberto charla con el conductor, San sólo se limita a mirarlo, escucharlo, besarlo, acariciarlo, caricias que produjeron en él su excitación. La piel se sentía caliente, mojada por el sudor y la excitación por sus caricias. Sus dedos resbalaban sobre el abdomen musculoso, encontraron los botones de su pantalón y los desabrocharon. Él se sorprendió pero no por eso dejo de hablar con el taxista, sino que se acomodó para facilitarle a San su tarea. Encontró lo que buscaba, su miembro estaba duro, más al sentir que lentamente acercaba sus labios a él, más cuando comenzó a succionarlo, suave y dulcemente, pero tuvo que dejarlo de forma abrupta, el viaje había terminado.
Tomaron el tren hacia Retiro, allí luego de mucho buscar, al fin encontraron un viaje hasta Entre Ríos, saldrían por la mañana del día siguiente hacia Colón.
Ya en el hotel, ni siquiera se dieron tiempo a cerrar la puerta con llave. Sus besos jamás terminaban, sus manos no dejaban de acariciar sus cuerpos, sus ojos todo lo observaban, la ropa sobraba y quedó desparramada en todo el cuarto, la ducha quedaba suspendida para después. Era el primer encuentro, la primera vez en la intimidad. Intimidad deseada desde el momento en que volvieron a tener contacto, hacía ya ocho meses. Todo el deseo contenido, surgía ahora como lava volcánica, no importaba el paso de los años, no importaban las cicatrices, no importaba absolutamente nada, solo la locura de estar juntos de nuevo.
Se amaron casi con violencia, con desesperación, como si fuera la última vez que iban a amar en sus vidas, y no fue sólo sexo, también fue amor, ese amor que se puede tocar, que acaricia el alma de sólo escuchar el relato, de sólo imaginar el momento, ese amor que sólo se siente por alguien a quien se ha amado por años, sin saberlo; por alguien a quien dejamos atrás pero que jamás pudimos olvidar; por alguien que a pesar de la distancia puede enamorarnos, puede ser nuestra razón para seguir adelante, nuestra alegría de vivir.
Sandra, nunca imaginó la ternura, la dulzura, el cariño, el amor que Roberto, aún, tenía para darle, esos tres días que pasaron juntos fueron para ella los más maravillosos desde hacia muchos, muchos años.
Y volvieron a la realidad, cada uno a sus obligaciones, él se llevaría a sus padres a España y San volvería a sus responsabilidades, a su vida cotidiana, vida demasiado llena de problemas, demasiado llena de marido, demasiado llena de hijos, pero resuelta a poner el hombro como siempre; resuelta a pesar de todo a estar, algún día, junto al hombre que ama profundamente, Roberto.
Y, se acabó, como acaba todo, casi sin querer, casi sin darse cuenta. Él se marchó, San tuvo que quedarse. Sólo quedan ahora los recuerdos y ese amor inmenso, inigualable e incondicional. Sólo quedan las llamadas, los e-mailes que a pesar del contenido erótico y romántico que llevan, dejan en San una sensación de melancolía, de dolor, de pérdida, de soledad. El tiempo se hace largo, difícil de sobrellevar, la distancia infinita que los separa parece cada día más grande, las lágrimas que producen escozor en sus ojos duelen terriblemente y se niega a dejarlas surgir; pero si de algo, San está segura, es que si Roberto ha vuelto a cruzarse en su camino por segunda vez, ya nada va a volver a separarlos nunca, porque en esta vida nada es casualidad, nada es azar.
Datos del Cuento
  • Autor: Channy
  • Código: 1886
  • Fecha: 31-03-2003
  • Categoría: Románticos
  • Media: 5.99
  • Votos: 67
  • Envios: 11
  • Lecturas: 2507
  • Valoración:
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Comentarios


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2 comentarios. Página 1 de 1
Guillermo Guevara
invitado-Guillermo Guevara 02-07-2003 00:00:00

Me impresiono leer una bella historia de amor, dulce y emotiva contada con una bella delicadeza.

Juan Andueza G.
invitado-Juan Andueza G. 01-04-2003 00:00:00

Me gustan los cuentos argentinos, pues respetan al lector con el lenguaje. No tiene gran pretención, claro, es una simple historia escrita con delicadeza.

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