Tanto lo amaba que decidió darle una felicidad libre...
Temiendo que se olvidara de ella, pasaron los dÃas, y una grave distancia los separó: la del olvido.
Él la olvidó, y ella no pudo aguantar el dolor de la perdida de su amor.
Pasando el tiempo, y ella calló sometida a una depresión, estaba casi loca, al borde de la histeria, y a un paso del suicidio...
Aquel amor que la habÃa sacado de un dolor tan profundo, y que juró hacerla feliz hasta el último suspiro que naciera en sus pulmones, y muriera en sus labios, era el motivo de su ira... Ira por haber dejado que todo eso se fuera de las manos, por no haber sabido como retener al ser que mas ha amado en su vida...
DÃa a dÃa, su vida era un infierno más, una noche sin luna, una mañana sin sol, un atardecer sin horizonte, un llanto sin motivo... Era estar sin ser, ni existir, en un mundo perdido, en el que ya no tenÃa nada que hacer, un mundo en el que ya lo habÃa perdido todo... no habÃa nada ya que la hiciera ni siquiera fingir una sonrisa forzada...
Un dÃa, todo parecÃa haber llegado a su fin, asà que sin ánimos de levantar su alma, levantó su cuerpo, de aquella frÃa esquina, en la que habÃa sometido su corazón todo aquel tiempo, y se dirigió hacÃa unas tijeras que habÃa sobre la mesa, se colocó delante de un espejo, y durante diez minutos contempló su rostro hinchado de llorar, sin brillo... su mirada triste, bajo aquellos ojos sin ilusión.. cogió las tijeras, apretó contra sus venas... y de pronto su pulso dejó de existir...las tijeras habÃan acabado con su vida, habÃa terminado su tristeza, acabó su llanto en un charco de sangre alrededor de su cuerpo...
HabÃa ido al mundo donde, por fin, podÃa estar al lado de la persona que amaba, sabÃa que fuera de la vida, y desconectada del mundo, no podÃa estar fÃsicamente a su lado, pero desde el cielo, podÃa verlo... Si alguna vez se enterara de su muerte, quizá llorarÃa, porque si de algo estaba segura, es que mientras la quiso, fue de verdad...
Quizá en la próxima vida pudieran ser felices juntos...