Fue asÃ
.
Llegó al anochecer.
Con camisa ombú, su rostro bizarro y un andar gallardo subió lentamente las escaleras.
Mer lo esperaba en lo alto.
El dijo Mercedes? y con su JO!, empezó el hechizo.
Pasaron por la recepción y se detuvieron en la sala; sólo unos minutos.
El hombre exclamó:Es cómo lo habÃa imaginado!.
Y comenzaron a recorrer la casa ( que era como si JO la estarÃa recorriendo a ella)
Nuevamente en la sala, cafés y más cafés junto a cigarros y conversaciones.
Como a las dos horas el hombre de ojos de cobre le comentó que irÃa a La Posada del Sol.
Pero ella - resistente a los decretos familiares -lo invitó a quedarse esa noche.
"SabÃa que iba a ser asÃ".Simplemente esa expresión y luego... dos cafés, una ducha.
Mer esperaba escondida en su rincón preferido.
Tirada al suelo, con su biblioteca y las puertas abiertas que encendÃan la luz del mueble, escribÃa...
No se permitÃa ilusiones.
Sólo ella, sus imágenes, un cigarro, otro café.
Apareció como a las dos horas.
HabÃa estado buscándola por toda la casa ( y sÃ, era tan grande y con tantos vericuetos...)
Si bien era cierto que se habÃa arrimado a la sala, no la habÃa encontrado.
La escondÃan puertas, libros, almohadones.
Volver a estar de a dos - pensó ella - y un Concha y Toro y otra vez a conocerse.
Alrededor de las doce el hambre se anunciaba en JO.
Qué suerte que hay delivery!, se dijo Mer.
Un llamado por teléfono y pronto libarÃan buen vino acompañado de un ligero menú.
Luego... (empezó a fabular). Pero... llegó Piru.
Entre presentaciones y comentarios se hizo las dos.
Al fin, la amiga se decidÃa a partir.
Y nuevamente JO y Mer, juntos y solos.
Y esta vez serÃa verdad.
La mujer, azorada, se sentó a lo largo del sofá. El hombre, frente a ella, en el gran sillón.
Puedo sentarme a tu lado?. Daleee!
Los ojos cobres de él y la mirada diamantina de ella iniciaron el sortilegio.
Cuentan que los asaltó el sol, pero no estaban juntos.
Mer seguÃa escribiendo, tomando café, fumando.
JO dormÃa (dormÃa?) en la habitación de Pylmaiquen.
De vez en cuando el ring de su celular lo confundÃa.
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Se volvieron a encontrar. SerÃa como las diez del otro dÃa.
Mer no lucÃa destemplada (y no habÃa dormitado).
La cafetera invitaba nuevos cafés.
El celular no dejaba de sonar. JO escuchaba, daba órdenes.
Mer, con ojos trasnochados pero encendidos, todavÃa relamÃa imágenes, olores, lugares.
Otra vez un hambre canina los visitaba.
El sol estaba tan radiante que invitaba salir del mágico mundo de Pylmaiquen.
Decidieron comer en El Parador.
Pocos parroquianos aún estaban en el lugar elegido.
Apenas si puedieron hablar. EseMalditoCelularrrrrrr
Otra vez el regreso.
Máscaras, aerosoles, piedras, troncos, cafés, los esperaban.
Estuvieron sentados en la barra, que su ex bautizara "Pub 59" (por los años de ella).
Más cafés y cigarros.
Nueva conversacion (si se conocÃan sin conocerse...)
De pronto, el celular maldito!
Ahora era una conversación más sostenida con el lejano interlocutor.
Luego, el anuncio.
Salgo en quince minutos; espérenme en Baires el viernes a las 2 p.m.
Mer, anonadada, no entendÃa mucho.
SOL, no puedo solucionarlo de otra manera. Parto.
Eran las dos.
Y se fue.
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Porqué augures del Sino marcaron tiempos casi siempre a las dos?
(en el Código de la Sibila, el 2 es dualidad-inseguridad-miedos)