Difícil resulta para mí en estos momentos -29 de noviembre, 13:20 horas- hablarles sobre mi perro a quien bauticé hace poco más de seis años con el apodo de Chencho, ya que hace escasas tres horas murió. ¿Cuál fue la causa? Ya que importa, sólo sé y con mucho dolor les platico, que murió.
Chencho nació un 20 de noviembre de 1999, y fue por azares del destino el que se quedara en casa con mi familia. Resulta que cuando estábamos preparándonos para entregarlo a una señora que vive en la colonia Las Playitas, en un descuido de mi parte al cerrar la puerta de la calle le agarré una de sus patitas y le arranqué dos dedos. Chencho entonces era un cachorrito de dos meses. Tal situación me dolió mucho y opté por dejarlo para curarlo y después según yo entregarlo a quien se lo habíamos prometido. A cambio de mi Chencho, entregué a la borreguita, otra perrita hermana de él y así fue como se fue quedando hasta que lo aceptamos como miembro de la familia.
Aunque mi Chencho era un perro de raza cruzada con pastor alemán -eso de acuerdo al veterinario que nos lo vacunaba para la rabia-, mi mujer decía que era tan corriente que daba toques. A mí me daba igual, el cariño que le profesaba a ese animalito era mucho.
Bien dicen que a algunos animales sólo les falta hablar para parecerse más a los humanos.
A mi Chencho yo le cantaba y bailaba con él en el patio. Recuerdo que cuando le agarraba las patas delanteras, empezaba a gruñir, pero dócilmente se dejaba llevar por el ritmo que le imponía en el remedo de baile que hacía con él.
Mi Chencho fue un animalito muy cariñoso con toda la familia. Mis hijos lo querían mucho, y aunque mi mujer decía que no le gustaba, sé en el fondo que lo aceptaba por consideración a mi persona.
Una de las muchas tardes que pasé al lado de él, pocos días antes de morir, lo abracé y al mirar fijamente a sus ojos parecían decirme: “te quiero cabrón…eres un buen amo…” y me dio un lengüetazo.
Sé que algunas personas se alegrarán que haya muerto mi perro, porque cuando recién llegamos a la colonia donde actualmente vivo, dio cuenta de algunos mordidos; sin embargo quiero decirles a aquellos que alguna vez intentaron hacerle daño a mi Chencho que no era malo, sólo cumplía con su deber de cuidar el hogar que tenía, o sea, su territorio.
Hoy mi Chencho ya no está conmigo y sólo espero que no haya sufrido al momento de morir porque aunque parezca ridículo para algunas gentes, también los animalitos merecen morir en paz.
Chencho al morir tenía seis años y nueve días. Nunca te olvidaré mi Chanchito, te quise mucho, fuiste desde que quedaste con nosotros, mi mascota favorita y con cuanto orgullo te llegué a presumir con mis amigos.
La herida está fresca y tardará en sanar, pero confió en mi Poder Superior que tendrá a mi Chencho en el reino de los animalitos. Fue un buen perro. Fiel, cariñoso, pero sobre todo, muy responsable de su deber.
Lo enterramos en la cima de un promontorio que está a escasos cincuenta metros de mi casa. Por la ventana de mi recámara podré saludarle y seguirle cantando su canción preferida que le compuse: “…Chencho. Chencho nuestro rey…”
Adiós Chencho…te quiero….
Si esta triste la historia de Chencho, pero mas triste porque tubo que morir tan joven, menos de la mitad de su vida , y es que a una mascota es como un ser humano, que tambien se enferma, que tambien siente, que tambien sufre, que necesita mas atencion que solo el alizon de lomo de una persona para vivir sano y la vacuna cuando bien le va para la rabia. Que triste...