Esta es una conversación que sostuvieron un niño y su papá una noche de Agosto, teniendo como únicos testigos una tibia cama y una lámpara encendida...
- ¿ Papá, yo puedo tocar el cielo?
- No hijo, el cielo está muy distante, el cielo es infinito, nadie nunca ha podido tocarlo.
- ¡Papá, quiero tocar el cielo!
- Ya te dije hijo, pero... pudieras tocar otra cosa; no sé, tal vez la luna, las nubes o acaso las estrellas.
- No papá, algún día tocaré el cielo.
Y poco a poco el niño fue cerrando sus ojos hasta quedarse completamente dormido, entonces el papá besó su frente, le dio la bendición y le dijo al oído antes de salir de la habitación:
- No olvides llevarme cuando decidas hacerlo.
Hola Alejandro. Sabes, elegi leer los tuyos porque la palabra sueño al mismo tiempo que me ilusiona me agota. Los sueños me desvelan, y me hacen pensar y pensar y soñar... y cuando me doy cuenta amanece, pero es hermoso. Mientras todos duermen yo aullo.