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Categoría: Infantiles

Planeta Gelatina

En un futuro muy lejano vivía un niño llamado Mumablue. Era un niño muy inquieto: le encantaba aprender cosas nuevas y, cuando no entendía algo, siempre lo preguntaba. Pero, sin lugar a dudas, lo que más le entusiasmaba era el espacio exterior.

Mumablue pasaba las horas contemplando estrellas y planetas. Con un súper telescopio ultra potente veía lo que hacían sus vecinos galácticos. Su leal compañero era un simpático perrodrilo llamado Corcho, una mascota del futuro, mezcla de perro y cocodrilo.

Un día, mientras buscaba nuevos satélites y merendaba deliciosas galletas de polvo de estrellas, observó algo que le llamó la atención: una nave del planeta Gelatina se aproximaba a la Tierra.

-¿Qué querrán? ¿Por qué vienen a mi planeta? -se preguntó Mumablue.

La nave continuó acercándose hasta que aterrizó a escasos metros de la casa de Mumablue. Invadido por la curiosidad, Mumablue salió corriendo para verlos mejor.

Una vez pisaron la Tierra, unos gelatinosos extraterrestres comenzaron a cavar un hoyo muy profundo. A Corcho le sorprendió la facilidad con la que consiguieron hacer un agujero tan grande. ¡Trabajaban muy rápido y eran muy organizados, esos extraterrestres!

Mumablue y Corcho continuaron espiándolos sin entender muy bien qué estaba ocurriendo. ¿Qué querrían los extraterrestres? Tras una larga espera, Mumablue vio cómo extraían del hoyo… ¡un imán gigante! Lo cargaron entre todos y lo metieron en su nave espacial.

En cuanto despegaron de la Tierra con el imán, todo empezó a flotar. ¡No había gravedad! ¡Ya no era posible mantener los pies en el suelo!

Mumablue tuvo la misma sensación que el día que fueron de excursión a la Luna con el colegio y experimentaron la gravedad lunar. Era como nadar y volar a la vez.

Mientras regresaba a casa muy apurado, Mumablue comprobó cómo a su alrededor todo levitaba. Entró con dificultad por la ventana de su dormitorio y, gracias a sus reflejos, pudo esquivar la lámpara de la mesilla. ¡Casi le da en la cabeza!

Tras tantos esfuerzos y emociones, Mumablue tenía un hambre voraz, así que bajó a la cocina para comer algo. Pero en cuanto abrió un cartón de leche, ésta empezó a flotar y no hubo manera de beberla. Mumablue buscaba una solución al problema, ya que sin gravedad todo resultaba más complicado. Hasta que se le ocurrió una gran idea.

Mumablue se dirigió al garaje, encendió el motor de su coche espacial y puso rumbo al planeta Gelatina.

– ¡Solo yo sé quiénes son los responsables! -exclamó Mumablue.

Cuando se encontraba muy cerca del planeta Gelatina, una luz roja se encendió y el coche espacial comenzó a pitar. ¡Batería agotada! Flotaba en mitad del espacio sin poder avanzar. Muy asustado, Mumablue chillaba y agitaba los brazos con la esperanza de cruzarse con otra nave que lo ayudase.

El señor Flot, habitante del planeta Gelatina, vio el coche de Mumablue flotando a la deriva y decidió acudir en su ayuda. Mumablue respiró aliviado. Se sentía muy agradecido con el señor Flot.

– ¡Te llevaré a mi planeta, allí podrás cargar tu vehículo! -le tranquilizó el extraño ser espacial.

Una vez aterrizaron en el planeta Gelatina, Mumablue se encontró con una gran fiesta. Los habitantes de Gelatina bailaban y cantaban todos juntos. ¡Se lo pasaban muy bien!

– ¿Qué hace aquí este terrícola? -preguntó uno de los aliens con desconfianza.

– Soy Mumablue y he venido a recuperar el imán que os habéis llevado de la Tierra. ¡Ahora en mi planeta todo está patas arriba!

Los extraterrestres llevaron a Mumablue hasta su gran jefe.

– Es cierto lo que dices, Mumablue, pero estábamos hartos de flotar y flotar -respondió el jefe extraterrestre después de escuchar las palabras del niño- Queremos poder bailar como vosotros, hacer caminatas, escalar, sumergirnos en el agua, comer sin que la comida levite y todo eso que hacéis los terrícolas, ¡es tan divertido!

– Pero los humanos no estamos hechos para flotar y si todas las cosas vuelan por el aire será un desastre. ¡Ni siquiera he podido merendar! -protestó Mumablue.

– Lo siento mucho, Mumablue, no deseábamos molestarte. Pero nosotros también queremos gravedad. ¿Qué podemos hacer?

Mumablue comprendió que debía encontrar una buena solución para todos, ya que los habitantes del planeta Gelatina también necesitaban la gravedad. Propuso compartir el imán.
Y así fue como partieron el gran imán en dos mitades: una para el planeta Gelatina y otra para el planeta Tierra.

Gracias a Mumablue, la vida en Gelatina continuó siendo una fiesta. En la Tierra, con menos gravedad, cambiaron muchas cosas. Ahora todo resultaba más divertido. Los saltos en el parque eran el doble de altos, los niños inventaron nuevos juegos y se llenaron plazas y calles, tanto de pueblos como de ciudades.

Y en la merienda, cuando Mumablue hacía burbujas con la leche, jugaba a explotarlas con la nariz. ¡Compartir trajo cosas buenas para todos! Y con terrícolas y extraterrestres felices y contentos, Mumablue se despide hasta el próximo cuento.

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