Busqueda Avanzada
Buscar en:
Título
Autor
Cuento
Ordenar por:
Mas reciente
Menos reciente
Título
Categoría:
Cuento
Categoría: Sin Clasificar

La fuerza de una lágrima

Había una vez una estrella muy triste, muy triste.
Cada noche al dormirse el Sol, la Luna brillaba animando a todas las estrellas a sacar sus bellos colores de luz y adornar el firmamento. Pero esa estrella, brillaba en tristezas medio apagada y por eso se quedaba siempre muy cerquita de la Luna y miraba cómo sus compañeras brillaban y retozaban y se lanzaban en haces de luz, en caída vertiginosa, en estelas de sueños por cumplir, jugando entre otras estrellas a ver quien era capaz de acercarse más al suelo. Y todas reían juntas y la Luna contemplaba sus juegos, divertida al ver las formas que dibujaban en el cielo.
Pero la estrellita que no brillaba no se sentía con fuerzas de lucir en grande entre sus compañeras y cada día se iba sintiendo más triste, su luz cada vez era más tenue.
Cada noche se acercaba a la Luna y casi escondida tras ella pues era más grande, para que nadie la viera, sollozaba.
Tenemos una estrella rara con nosotras, acertó un día a decir la estrella más veterana, nunca quiere brillar, ni jugar, no corre para atravesar el cielo, no se divierte, es rara, he pensando que es mejor deshacernos de ella, le diremos que se busque otro lugar, otro cielo, que ya no puede seguir más con nosotras.
Algunas estrellas no estaban muy de acuerdo, pues se veía que la estrella que hablaba no parecía tener mucha compasión, pero como suele suceder en muchos casos, el no querer buscarse complicaciones motiva injusticias y todas callaron y asintieron que eso era lo más conveniente.

Y así decididas un día se acercaron a ella: hemos decidido que debes de abandonar nuestro cielo, no brillas y cuando los humanos miran al cielo, tu desluces la belleza de una noche estrellada, causas inquietud y desconcierto, este es un cielo en el que debemos brillar todas por igual, y si no brillas... nos inquietas, es mejor que te alejes de aquí. Viendo la vieja estrella que la estrellita comenzaba a tener húmedos los ojos por lo que estaba oyendo, apretó aún más con las agudas puntas de sus hirientes palabras añadiendo: además, la Luna dice que siempre andas muy cerca de ella, le quitas luz con tu triste mirada, ya se ha cansado de ti, es mejor que te vayas. ¿Eso dijo la Luna? preguntó la estrella apenada... sí, sí, respondió con seguridad la vieja estrella, ¿no te das cuenta?, cada vez se pone más lejos de tí, está harta, dice que siempre estás triste y no quiere tener que preocuparse más por ti, le cansas. Y entonces, como argumento, empezóa darle todo tipo de detalles de esas veces en que la Luna, en confidencias, hablaba de ella.

La pequeña estrella, mirándolas con más tristeza y apagando ya por completo la luz de su esperanza tan solo acertó a decir: sí, tenéis razón, no brillo como vosotras, me marcharé y así no os incomodaré más, a la Luna tampoco, ya he comprendido que todo el cielo ve en mi la triste estrella que soy, casi apagada.

La luna vio un rastro débil de desesperanza y unos polvorientos recuerdos incandescentes que se alejaban... y enfadada sin comprender bien el motivo, pensó que esa pequeña estrella era una desgradecida que no valoraba nada y sin más, le dio la espalda y se puso a lucir en el firmamento con el resto de estrellas, que pendientes de la Luna trataban siempre de animarla para que no recordara.

Pero con el paso de los días, sin darse cuenta, la Luna miraba hacia ese pequeño hueco que siempre había ocupado su pequeña estrella y nada veía y eso comenzó a entristecerla. Algunas noches pensando en la estrella imaginaba ver su sonrisa plácida y relajada reposando muy cerquita suyo, sin brillar mucho, pero segura de sentirse bien, protegida, sin pedir nada, solo acunada en el silencio de su mirada.

Pasado mucho tiempo, Un buen día, la Luna derramó una sentida lágrima de añoranza y ésta al caer hizo brillar en el cielo una luz intensa que nadie comprendía que era, pero era una luz de gran intensidad, muy brillante, distinta a las que hasta ese momento se habían contemplado en el firmamento.

¿qué puede ser? murmuraban las estrellas, nunca vimos nada igual... no entendemos, decían confundidas... pero la Luna al ver ese intenso destello conocido, comprendió lo que sucedía y con voz cálida dijo: hola, me alegro mucho... de que estés aquí, tan cerquita.

Entonces la pequeña estrella junto a la Luna empezó a brillar agradecida por tal reconocimiento, con una fuerza que deslumbraba, pues lo que había sucedido es que cuando la luna vio ese rastro polvoriento de esa estrella que se marchaba no se dio cuenta de que la pequeña estrella, en realidad no se había ido, simplemente había dejado de brillar, se había apagado y sin fuerzas para alejarse se había quedado allí, muda, callada, y lo que se había alejado era ese rastro débil de desesperanza y unos polvorientos recuerdos incandescentes... que se apagaban.


-------------------------------------------------------------
Nota de autor:

Este cuento se lo dedico a un tío mío muy querido que hoy cumple... tantos años como estrellas de experiencia y generosidad habitan en su corazón.
Podría poner una moraleja, pero hoy solo quiero decir que cuando pienso en el brillo que tiene mi tío ahora... veo una estrella Polar inmensa.
Datos del Cuento
  • Categoría: Sin Clasificar
  • Media: 5.23
  • Votos: 80
  • Envios: 0
  • Lecturas: 1014
  • Valoración:
Comentarios


Al añadir datos, entiendes y Aceptas las Condiciones de uso del Web y la Política de Privacidad para el uso del Web. Tu Ip es : 216.73.216.58

0 comentarios. Página 1 de 0