Ahora nada sale bien. Ceño fruncido y poco dinero en el bolsillo derecho, en el otro, aprieto la llave de la puerta de mi casa, único lugar donde pararé esta noche. Agotado ya de no hacer nada, entro y la veo pegada a su botella de whisky barato, oliendo a cigarrillo sin filtro y escuchando en la radio toda una suerte de maleantes que dicen curar amores pasados y ponerte uno en el futuro. La vida sería miserable si me sentara a su lado, por lo tanto sigo y abro la nevera: sólo agua fría y cebolla.!Hey, mamá… tengo hambre!