Aquella nube rosada al atardecer y blanca al amanecer vagaba por el cielo sin saber cual era su cometido.
En la escuela de nubes durante su entrenamiento le habían dicho muchas cosas pero ella estaba nunca mejor dicho en las nubes y no se había enterado de nada.
Empezó a notar que sus compañeras le daban de lado, bajaban al rio a beber y nunca le decían que las acompañara, cuando subían, todas lucian sus panzas orondas e incluso alguna llebaba dentro un pececillo juguetón, otras llevaban piedrecitas y una vez una que en lugar de beber en el río había bebido en una charca llevaba una rana que croaba y croaba sin parar.
Cuando soplaba el viento pasaba por su lado sin rozarla, sin embargo las otras nubes bailaban girando y formando figuras diversas.
Llegó un día que tenía tanta sed que se decidió a bajar sola hasta el río. Tenía miedo de lo que pudiera encontrar pero su orgullo no le dejo pedirle a otra nube que la acompañara.
Era una nube pequeña e inexperta por eso en lugar de rozar la superficie del agua y sorber un poco se zambulló hasta el fondo. Bajaba y bajaba empapámdose cada vez más, se sentía pesada cuando de pronto sintió un pinchazo y empezó a subir a subir hasta que salío a la superficie.
La habían pescado como si fuera un pez. El pescador se extrañó de que habiéndole costado tanto recoger el sedal no hubiera un enorme pez en el anzuelo. Recogío sus aparejos y se llevó la nube a casa, ya le daré alguna utilidad, pensó.
Puso la nube en el jardín que lo regó hasta agotar todo el agua que llevaba en su barriga y cuando se quedó vacía de agua flotó por el jardín dando sombra a los niños de la casa mientras jugaban.
La nube rosada al atardecer y blanca al amanecer había encontrado su cometido y se quedó para siempre en aquel jardín. De vez en cuando bajaba al río para llenar su panza y poder regarlo.Pero allí era feliz, miraba al cielo y allá en lo alto veía a las otras nubes que cambiaban constatemente porque el viento las hacía ir de un lado a otro.
Seamos como esa nube del cuento, nos podemos llenar de cariño para regarlo sobre los demás y encontrar nuestro cometido aunque tengamos que pasar malos momentos hasta logararlo.
Y... colorín colorado este cuento se ha acabado y el próximo no ha empezado.
(Para mi amiga Crystal I. Creo que puedes encontrar una nube y hacerte una almohada con ella, todo es cuestión de proponértelo)
Lébana, tan angelical, narra bella historia de nube, tan amical, que suple a la noria para regar el jardín y a niños dar sombra. (“La nube rosada”, de Lébana)