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Había una vez, en una casa de campo donde habitaban muchos animales de distintas especies, una araña y una lagartija.
Vivían felices en sus labores; la araña tejía hermosas y enormes redes mientras la lagartija mantenía lejos de la casa a los insectos peligrosos.
Un día, vieron un grupo de hormigas trabajando recogiendo cosas. Una de ellas las dirigía y les ordenaba a dónde ir a buscar la carga y por cuál ruta debían llevarla hasta su casa.
Extrañadas por los visitantes, la araña y la lagartija se acercaron a la hormiga:
– Hola. ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?- se adelantó a preguntar la araña.
– Sí, ¿quiénes son?- le apoyó la lagartija.
– Hola. Perdonen el descuido. Somos las hormigas y estamos de paso, buscando comida para prepararnos para el invierno. Espero que no estemos molestando.
– No exactamente, pero es extraño verlas aquí. Este terreno ha estado solo para nosotras desde hace mucho y…
– Y no nos gusta el escándalo ni que dejen suciedad en esta zona. Nuestro trabajo es mantener a los insectos alejados de aquí- dijo la lagartija con tono de cierta molestia.
– ¡Oh perdonen! De verdad que no es nuestra intención molestarlas. Insisto: estamos de paso preparándonos para el invierno.
– Pues yo no sé si lloverá, lo que sé es que les agradezco que terminen rápido con su labor y se vayan a su casa. Aquí ya estamos completos- sentenció la lagartija y se fue por los matorrales velozmente.
La araña, algo incómoda por el mal humor de su vecina, también se fue a sus aposentos. Antes, le advirtió a la hormiga sobre su naturaleza insectívora.
La hormiga se quedó pensando: “¡Pero qué gruñones! La lagartija quiere su espacio y la araña nos puede comer. Creo que es mejor que huyamos”.
Entonces volvió a su puesto y ordenó la retirada a sus compañeras.
Esa noche llovió a cántaros y mientras las hormigas estaban en su casa con refugio seguro y comida abundante, la araña y la lagartija temblaban de frío y pensaban en que por estar discutiendo no habían guardado comida en sus despensas.
Cuando vemos algo nuevo, o diferente, siempre ponemos una barrera de protección. Creemos que criticar, juzgar o llevar la contraria a eso nuevo es lo único que nos permitirá estar en paz.
Pero, hay veces que es justo lo contrario. Si en vez de colocar esa barrera analizamos cómo se comporta “eso nuevo”, qué hace, por qué lo hace y cómo lo hace, podemos sacar mayores ventajas que criticando o juzgando sin saber.
Así, si la lagartija y la araña hubiesen tenido la disposición de entender por qué las hormigas hacían ese trabajo, no hubieran pasado ni frío ni hambre.
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