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Categoría: Fábulas

La abeja y el fuego

Había una vez una abejita que siempre visitaba un jardín lleno de girasoles. La abejita se pasaba las tardes conversando con los girasoles más pequeños.

En su casa, le decían que el jardín era para polinizar, no para conversar. Pero ella sabía que podía hacer ambas cosas. Y le encantaba.

Sus amigos girasoles eran divertidos y siempre hablaban de cuánto admiraban el sol. Un día, quiso darle una sorpresa a los girasoles y se fue a buscar un cerillo encendido.

Con gran esfuerzo encontró uno en un basurero y se las ingenió para encenderlo en la estufa de una casa en la que siempre olvidaban cerrar las ventanas.

Con todas sus fuerzas llegó al jardín y cuando estaba cerca de sus amigos, se le cayó el cerillo. Afortunadamente, se encendió el riego automático porque era justo la hora de regar el jardín.

La abejita casi se desmaya del susto y sus amigas también.

Moraleja

Hay situaciones en las que las intenciones no son lo único que cuentan. Así, por muy buenas que sean tus intenciones, puedes cometer errores tan graves de los que jamás puedas redimirte.

Es por ello que siempre que queramos hacer algo, para nosotros o para nuestros amigos, debemos pensar en los riesgos que ese algo puede tener. ¿Les gustará? ¿Les puede resultar ofensivo? ¿Puede hacerles daño?

Si después de responder a esas preguntas todavía te sientes a gusto con tu obsequio o sorpresa, de seguro que tendrás éxito. Y todos estaréis muy felices.

En cambio, si no tienes en cuenta eso, te puedes llevar una desagradable sorpresa. O un susto.

Datos del Cuento
  • Categoría: Fábulas
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