Resbalé por aquella montaña, quería alejarme lo más posible y en mi huida cai montaña abajo. Mientras descendía, mi piel se iba hiriendo de zarzas, de piedras, de espinos, de instantes punzantes de dolor. La caida era muy rápida pero a mi todo me parecía una eternidad. La montaña era muy grande, tal vez muy conocida pero sobre todo muy grande. Deseaba que ese suplicio se terminara cuanto antes más yo seguía simplemente, camino hacia el fondo resbalando, dando tumbos sin poder apoyar ni un pie, rodando montaña abajo sin parar en el tiempo, sin detenerme, sin más tropiezos que los contados momentos de impacto en un descenso tan prolongado, tan lleno de obstáculos, de esos que magullan tanto.
No había buscado un atajo y me precipité; no había querido hacerme daño y me ví arrojada a un vacío; tampoco quise huir de algo en concreto solo alejarme; pero estaba todo muy oscuro, solamente dí un traspiés, un solo absurdo traspiés y eso provocó mi caida por aquel terraplén.
De repente, un golpe seco, supuse era la llegada a mi destino. Me quedé tirada sobre una superficie más bien blanda, magullada, dolorida, me preguntaba con incertidumbre dónde estaba, hasta dónde había caido, pero no había respuestas, mi cuerpo mal herido y cansado no me respondía. Quise incorporarme más no pude, mi cabeza giraba, mareada de tanta vuelta, de tanto giro, mis manos no podían recuperar fuerzas para apoyarse en nada, estabas agrietadas, ajadas, dolidas. Miré al cielo, estaba azul, de un extraño azul que se iba tiñiendo de rojizo lentamente...advertí la realidad... estaba sangrando. Me tapé la brecha de mi cabeza con la mano menos herida y logré fijar mi vista en aquel lugar. Creí percibir el sonido de un pájaro, tal vez era simplemente mis oidos pitando por una bajada de tensión próxima. Pero no me desmayé, en su lugar abrí los ojos, los abrí mucho, escudriñé mi alrededor y al ver que ya no me movía comencé a recuperar confianza. Uno cuando no sabe qué peligros le acechan obtiene para si la confianza de la inconsciencia, de la despreocupación.
Poco a poco fui recuperando aliento y me incorporé. Mi mirada se clavó en un solo detalle. Por mi costado izquierdo el aire era más frío, torcí la cabeza y entonces lo comprendí: estaba caida sobre unas gruesas ramas, en un arbol que se asomaba al abismo de una impresionante cascada de agua, una pequeña catarata, una cola de caballo de abundante agua que se deslizaba entre afiladas piedras. Y ahí estaba yo, caida sobre aquellas quimas que sostenían milagrosamente mi cuerpo y viendo bajo mi espalda... aquel enorme salto de agua.
No me atrevía a moverme, esperé, era inevitable que la rama se rompiera y no podía hacer nada. Ralenticé mis movimientos buscando desesperadamente algo a lo que agarrarme, una salvadora cuerda, algo que me diera calma. Pero nada hallé...
Oí un cruel chasquido, más que en la rama el ruido provino de mi corazón, que irremediablemente triscó de miedo, mi cuerpo se balanceó hacia un lado y me precipité al vacío. Mientras caía solamente pude escuchar una voz profunda que me decía: era inevitable.
De pronto, me desperté empapada en sudor, un sudor frío recorría mi cuerpo, me toqué toda, me palpé el corazón, me sentí viva, no ví ningún abismo, ni tan siquiera al bajarme de la cama... y así, toda entera, me dispuse a empezar un nuevo día.
Pero durante aquella mañana algo interrumpió mi calma... una llamada de teléfono anunciándome una firme decisión... por más que intenté decir, quiero estar al margen de todo... no quiero sufrir más, por favor, ya no quiero sufrir más.... aún tuve que escuchar, aún tuve que sentir... aún tuve que recordar... después, un golpe seco, como en mi sueño... y noté como mis palabras se ahogaron en mi garganta... se ladearon lentamente y ... un poquito más tarde llegío la lenta caida hacia una cascada de frases que se repetían en una voz ensangrentada... no quiero sufrir más... por favor, no quiero sufrir más... por favor, no quiero sufrir más, caía mi voz en gotas de agua... salada.
Y así, envuelta en la propia humedad de unas lágrimas...me precipité por segunda vez hacia el fondo, lastimada, herida, dolorida, derrumbada y agotada, tremendamente agotada.
Era inevitable, era inevitable... sonaba en ecos mientras el agua ahogaba en llanto... mis palabras.
------------------------
Nota de autor
A veces un sueño trata de ser simplemente una preparación emocional de lo que puede suceder..porque sucederá, será inevitable.