Se acercó con una sonrisa dulce en los labios y con una mano en su corazón que luchaba como un guerrero rebelde causándole dolor en el pecho.
Le vi tan triste a través de esa sonrisa de cristal, una tranquilidad tan aturdida, una paz tan trabajada... que se me cortó el aliento, pero abrí mis brazos para recibirlo y sentí su respirar cansado en mi oído.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo, como recordando el tiempo que perdí antes de viajar a por aquel abrazo que tanto necesitaba; quise mirarle la cara, pero su cuerpo se difuminó entre mis brazos...
Abrí los ojos e intenté hallar entre los resquicios del sueño algo de realidad, pero lo único que me quedaba era la elección, la oportunidad de conseguirlo.
Apresuradamente intenté levantarme de la cama y ponerme las zapatillas lo antes posible para salir corriendo de aquella habitación que me aprisionaba. Vestí una ropa de abrigo y unos zapatos que me acompañaran en mi largo viaje.
Tras la larga espera, apareció el tren humeante y ajetreado como siempre. Enseguida conseguí puesto en la larga cola con la intención de llegar el primero a mi destino. Era absurdo, pero ahora, después de casi veinte años perdidos, tenía prisa por llegar al pasado.
La impaciencia hizo de mi trayecto un camino largo y constante que me permitió dar un paseo por los recuerdos que pensé olvidados, como si fuera obligado olvidar con los años, como si lo bueno se fuera de manos de lo malo... como si nada nos sirviera ya, como si todo hubiera sido prestado de un hermano mayor: El destino.
Al llegar, parecía haberme equivocado de dirección. Aquello no parecía un barrio pobre de gente humilde, sino todo lo contrario; podría compararse desde madrigueras para monumentos o chalets para ratones.
Caminé despacio por todos los rincones que se habían convertido irreconocibles, busqué alguna señal que me guiara, una cara conocida, una piedra en su lugar a la cual preguntarle dónde se había ido el mundo; pero estaba solo en aquella tierra desconocida, buscando algo que se me había perdido antes de encontrarlo, y sin saber ciertamente si era el momento de dar con él.
Poco a poco una sombra se acercaba hacia mí, pero no pude reconocerle el rostro hasta que se quitó la capa y me miró con ojos de agradecimiento:
-Sabía que acabarías buscándome-dijo aliviado.
-No sé si hice lo correcto, pero sí, aquí estoy... –reconoció con cierto tono de vergüenza.
-Me dejaste al tiempo para curarte de mí, pero volviste a buscarme, porque sabías que estaría en el mismo lugar, esperándote como el primer día, aunque lo que no sabías es que donde yo estuve nunca encontrarás nada como lo dejaste.
Acababa de escuchar justamente lo que no quería oír; nunca quise que pensaran que lo hacía porque me sentía sólo, guardaba en secreto mi soledad, hasta que esa noche un sueño de esperanza me despertó alertado de que era el momento de retomar las riendas de mi vida, y de nuevo recuperar el ingrediente que me faltaba: El amor.
Ithaisa: Cuando leí el título supe que me hablabas y aquí estoy. Mentiraaaas mias. Bueno, quiero decirte que me gustó el cuento. No debemos desatender al amor. Cuando llama a la puerta debe uno correr a abrirle. Si se va... quien sabe si vuelve. Joaquín