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El niño gigante

Ernesto llegó una tarde a clase muy preocupado. A su clase había llegado un niño enorme y tenía mucho miedo.

-Mamá, no quiero ir a clase. El niño nuevo es muy grande y me da miedo. Parece un gigante de los de los cuentos. 

-Pero, ¿por qué no va a clase con los de su edad? -preguntó mamá.

-Porque tiene seis años, como nosotros -dijo Ernesto-. Pero es muy grande, mamá, incluso más que los mayores de sexto.

-No te preocupes, que seguro que no pasa nada -dijo mamá.

Al día siguiente, Ernesto volvió al cole, pero ni se acercó al niño nuevo. En realidad, nadie se acercaba a él. 

Pasaron los días y los niños empezaron a perderle un poco el miedo, al ver que no hacía nada a nadie. Pero seguían sin acercarse. Así que el niño grande estaba siempre solo, siempre triste.

Todos los días, al salir de clase, todos los niños pasaban delante de un parque de camino a sus casas. Un día, había allí un grupo de muchachos con ganas de meterse con niños pequeños. Pero cuando vieron al niño grande, tan solo y tan triste, pensaron que sería mucho más divertido meterse con él.

Durante días, los chicos del parque insultaron y zarandearon al niño grande, le tiraron bolas de papel y le lanzaron globos de agua. El niño grande corría todo lo que podía mientras los demás lo miraban con pena.

Pero un día, hartos ya de que el niño grande no reaccionara, los muchachos que iban por el parque decidieron pasar de él y buscar otra diversión.

Ese día al niño grande le extrañó que nadie le tirara nada ni que se pusiera en medio de su camino. Ya casi había salido del parque cuando empezó a escuchar gritos y llantos tras él.

El niño grande se dio la vuelta y vio cómo los muchachos que antes se metían con él estaban jugando con unas pequeñas mochilas mientras unos niños pequeños intentaban recuperarlas.
 

Sin pensarlo dos veces, el niño grande echó a correr hacia ellos. Cuando los muchachos lo vieron llegar dejaron todo y salieron corriendo. Tal fue el miedo que les dio ver correr con cara de furia a aquel muchacho tan grande.

Desde ese día, todos los niños quieren estar con el niño grande, pues con él se sienten seguros. Todos están muy arrepentidos por no haberle hecho caso y no haberle defendido, pero al niño grande no le importa. Lo único que le interesa es demostrar que pueden confiar en él.

-Hola, Ernesto -dijo mamá--¿Qué tal con el niño nuevo, ese tan grande que te daba tanto miedo?

-Resulta que es un chico genial, mamá -dijo Ernesto. Y le contó toda la historia.

-Parece que tu nuevo compañero no solo tiene un gran cuerpo, sino que también posee un gran corazón.

 

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