Desde niño, Juan soñaba con alcanzar una estrella. Cuando lo decÃa, lo hacÃa con tal vehemencia, que los que estaban a su alrededor pensaban que esa era su locura. Aunque también ellos, y algunos secretamente lo sabÃan, eran alienados que sólo se atrevÃan a levantar sus Ãndices contra quienes ni siquiera llegaban a parecerse algo a sus espejos. Es decir a sus conciencias.
El era feliz cantando y jugueteando de vez en cuando con una mariposa. También imitando el canto de los pájaros con los arpegios de su silvar. Y claro, como para muchos de los adultos el que es sincero consigo mismo, o más bien, con su niño, el niño de su corazón, parecerÃa un demente, Juan era para ellos un demente. Pero discúlpame el no haberte dicho desde hace ya mucho tiempo que Juan tenÃa veinte años.
Aunque pudiera yo, ahora mismo continuar con la narración de esta historia y quedarme aquà hasta mañana sin poderla terminar, te voy a contar brevemente algo de su final.
Un dÃa cualquiera, accidentalmente, Juan cayó a un riachuelo; sufrió un fuerte golpe en el rostro y el lado izquierdo del cráneo, por lo cual quedó sin la posibilidad de hablar y de comunicarse oralmente. Además, a su memoria la habÃa devorado el fantasma de la amnesia. Entonces sus padres decidieron encerrarlo en un cuarto y asà procedieron. A Juan no se le volvió a ver en las calles del pueblo. Cuando los vecinos preguntaban por él a sus padres, estos decÃan que habÃa contraÃdo una enfermedad epidémica y que no volverÃa a salir de la casa. Los dÃas caÃan como a un vacÃo en la mente de Juan. Sólo que en un recóndito lugar de ella, quedó un sueño: alcanzar una estrella.
Una noche clara, una transparente noche, la madre de Juan salió con él al patio de la casa. El dirigió su mirada hacia las estrellas, especialmente hacia una. En el breve momento en que su madre entró al cuarto en busca de algo, él corrió apresurado hacia la puerta y salió en plena carrera hasta extraviarse sin remedio entre la montaña y la noche. Cuando su madre regresó al patio y se percato de su ausencia sintió que una daga le atravesaba el corazón; y asà sintió que morÃa y murió. El padre de Juan dormÃa, y durmiendo pasó toda la noche sin enterarse que su esposa habÃa muerto en un rincón del patio y su hijo habÃa desaparecido. A la mañana siguiente todo sucedió como apenas era de esperar. La madre
de Juan fue llevada al cementerio, y aunque todo el vecindario ayudó a buscar a Juan, no fue posible encontrarlo. Con el paso del tiempo empezó a contarse en el pueblo la historia de un muchacho que habÃa desaparecido sin dejar rastro alguno. Y algunos afirmaban que en las noches del verano se escuchaba la voz de un joven que parecÃa venir desde una estrella.