Llegó el dÃa y ahà estaba Carolina en la estación de tren con sus padres, se despidió de ellos y se dirigió hacia el andén. Al llegar miró que quedaban nada más que dos minutos para que viniera el tren procedente de Toledo y que se dirigÃa hacia el PaÃs Vasco. Pasaron esos dos minutos y apareció el tren, y cuando se dirigió hacia la puerta del vagón oyó en su cabeza el guión con el que habÃa estado soñando toda la noche.
-No cojas ese tren, y si lo coges, que sea conmigo.
Perpleja aguardó unos instantes no sabiendo si habÃa sido su imaginación o realidad y al ver que nadie contestaba se subió en el tren, pero al dejar las maletas y sentarse, lo vio ahà de pie en el andén de la estación. Cómo habÃa cambiado, no parecÃa él, estaba más guapo todavÃa, y al verlo instintivamente se levantó y salió del tren, bajó las escaleras y llegó hasta donde estaba él. Se paró y no supo que hacer, no sabia si abrazarle, si darle un beso o si no hacer nada, y suerte para ella que él se adelantó.
-Hola- fue un tÃmido saludo en el que Carolina encontró cierto temblor.
- ¿Por qué has venido? Me ha parecido oÃr tu voz pero no sé si eras tú o…
-Sà era yo- se le apareció ver una especie de sonrisa en la cara
-¿Y qué has dicho? es que no te he entendido muy bien…-lo decÃa temerosa de encontrarse con otra desilusión.
-¿Qué has oÃdo exactamente?- él también parecÃa nervioso.
-Pues….la verdad es que no he oÃdo nada claro. Algo de “no†y un murmullo y luego “conmigoâ€, pero no sé….-se estaba empezando a marear, su guión se estaba cumpliendo palabra a palabra.
-¿Te encuentras bien? Parece que te estás mareando- se preocupó al ver que se ponÃa la mano en la cabeza como señal de malestar.
-SÃ, la verdad es que…- no pudo más, todo iba sucediendo según ese sueño tan maravilloso que se habÃa repetido tantas veces aquella noche. Se desmayó pero Javier corrió a cogerla y ella cayó en sus brazos.
Él rápidamente se la llevó a uno de los bancos del andén, el tren estaba empezando a andar y ahà estaban ellos, solos en el andén de la estación; ella desmayada sobre sus brazos. La dejó en un banco y esperó a que despertara, cosa que ocurrió en seguida.
-¿Qué tal estás?
-Algo mareada, dime….¿qué me has dicho antes?
Se quedaron unos segundos en silencio y él habló. Estaban ella tumbada en el asiento del banco y él de rodillas en el suelo para estar más o menos a la misma altura.
-Te habÃa pedido que no cogieras ese tren, y que si lo hacÃas, que fuese conmigo-
Carolina tragó saliva. No estaba del todo segura de qué podÃan significar esas palabras, ya fuera del guión y quiso asegurarse.
-¿Por qué me has dicho eso?
-Porque no puedo vivir sin ti, estoy enamorado de ti desde el dÃa en que te vi como una mujer, he intentado por todos los medios olvidarte desde que me dijiste que ese chico se te habÃa declarado y que empezabas una relación con él pero no he podido. Ninguna de las maravillosas chicas con las que he estado es como tú, tú…con sólo estar a mi lado ya me haces sentirme feliz.
Carolina sintió que se derretÃa por dentro y por fuera al oÃr esas palabras que tanto necesitaba desde hacÃa mucho tiempo.
-Cuántas veces he soñado con que me decÃas esas palabras, tan bonitas…- no hablaban, susurraban, a pesar de que no habÃa nadie que pudiera oÃrlos; tan sólo estaban ellos y el eco del silencio en esa estación.
-Tú….-Javier interrogó con la mirada las palabras de su amiga y encontró en sus ojos esa intensidad que tanto amaba.
-Yo te quiero desde el primer dÃa que te vi, nunca te lo he dicho porque pensaba que no sentÃas lo mismo y no podÃa acabar con una amistad como la tuya, tan necesaria para mÃ. Cada dÃa te veÃa más lejano de mÃ, hasta que el dÃa en que discutimos decidÃ…
-Es amigo del que decÃas estar enamorada era yo…
-QuerÃa ver cómo reaccionabas, al igual que cuando te dije que se me habÃa declarado ese chico, mi primer novio ¿recuerdas? Todo eran pruebas
-Pruebas que hicieron que algo despertase en mÃ
-¿Amor?
-No, celos, celos Carolina. Unos celos que no supe entender hasta que me preguntaste por ese amigo, que era yo; la idea de que otro te quisiera y tu a él me hacÃa mucho daño, pero no lo entendà hasta el último dÃa en que discutimos y me dijiste que me odiabas, no sabes cómo me sentà al oÃr esas palabras.
- Por eso cada vez que nos veÃamos te comportabas de forma más frÃa conmigo…
- SÃ, y por eso te dije que mejor que nos viéramos una vez por semana únicamente, porque no soportaba estar oyendo las historias de tus novios, pero yo no sabÃa qué me ocurrÃa, porqué te odiaba de esa manera hasta que vi la posibilidad de perderte, eso me abrió los ojos; cuando me enteré por tu carta que te ibas se me fue el mundo a los pies, y…no supe qué contestar para que no notases ninguno de mis sentimientos, y por eso fui seco y prácticamente copié tu carta, en especial la palabra con la que describÃas nuestro tiempo juntos…
-Gratificante…
-Si, esa palabra, no sé por qué la usaste. Me impactó la forma en que te despedÃas de mÃ.
-Adiós para siempre…
-¿Por qué lo hiciste?... ¿Por qué nunca me has dicho nada?... Desde el primer momento, todo habrÃa sido más fácil…
-Porque tú no sentÃas nada por mÃ, únicamente al ver que podÃa querer de verdad empezaste a verme de otra manera, y en el fondo me alegro de que nunca te haya dicho nada…
- Dios mÃo, llevas un año y medio enamorada de la misma persona y yo voy y te digo que ninguno te ha durado más de tres meses…
-Por eso te dije que te odiaba, me sentÃa muy impotente, no llevabas razón y no podÃa demostrártelo sin que te enterases de la verdad….
-Ahora ya lo sé, y menos mal que no has cogido el tren, si no, no sé que hubiera sido de mÃ…
-Te equivocas, sà que he cogido un tren, sólo que contigo y hacia una vida juntos tú y yo, para siempre…
-Te quiero Carolina, nunca voy a dejarte, siempre estaré a tu lado, siempre.
- Nunca pensé oÃr esas palabras de tu boca…
- Créetelo Carolina, te quiero como a nada en este mundo.
Carolina volvió a marearse y Javier se preocupó de nuevo por ella.
- Te has vuelto ha marear, si quieres que te lleve a casa…
-…No no, no te preocupes, no me pasa nada… es sólo que ahora que todo se ha aclarado, por primera vez en mucho tiempo me siento bien, sólo es eso…
Se quedaron mirándose mutuamente; ambos estaban sorprendidos por los hechos, profundamente felices y aliviados. Sonrieron y tras unos instantes Javier se inclinó fundiéndose los dos en un tierno y esperado beso, que serÃa el comienzo de una nueva vida juntos.