A medida que el muchacho hablaba se sintió liviana, perdiendo conciencia de su entorno y de sà misma. Entre la penumbra reinante, fijó la vista en los ojos de su oponente hallando un débil reflejo dorado que emanaba del fondo de sus hermosas pupilas. Creyó penetrar en él, descubriendo de ese modo los más ocultos entresijos que cobijaba su alma.
El, tenÃa miedo.
Armó de odio la recámara de sus palabras girando el cargador repetidas ocasiones. Pensaba defenderse atacando, tal vez por que nunca nadie antes le mostrara otra alternativa. Ella sin embargo, permanecÃa frente a él inerte; su corazón se abrÃa mostrando un blanco perfecto y él sabrÃa como atravesar la diana.
Los reproches dudas y temores fueron vertidos sobre ella uno tras otro, dejando tras de sà una estela de destrucción y celos. Esto último, era lo que más violentamente lo dominaba, aunque él no era consciente de ello.
Los azules ojos de la muchacha se fueron tornando turbios, a la par que ganaban un febril brillo intenso.
Dos brillantes cayeron en sendos pies.
Ahora se escuchó un "clic".
El contumaz aliento de su adversario, se entremezclaba con el de ella palpitando al unÃsono. Dios santo! Si sólo deseaba besarlo...!
Sus manos se extenderion buscando las de él atrapando el aire con los puños. No podÃa descubrir su flaqueza, no, no querÃa.
Y dos almas entrelazadas flotaban expectantes frente a sus continentes ahora batidos en duelo.
Un "clic" se escuchó de nuevo.
Apenas un año atrás, una tupida alfombra de luminosas florecillas brotaba bajo la huella de los amantes, allá donde ahora el árido paisaje no prometÃa un cultivo fértil.
Quién sabe cuán de fuertes atan los cabos del amor cuando te atrapan, que ensordecedores son los acordes de los breves silencios y de que modo una caricia fosiliza impregnando su huella en el destino de quién la recibe!
Cargó su fusil de nuevo..., esta vez, con la munición de la más sangrienta desconfianza. Ya no creÃa en ella, acusándola de hacer suyos los sentimientos de otro, aquellos que no la pertenecÃan, tomándolos prestados para entregárselos a él.
En ésta ocasión, el "clic" venÃa acompañado de un brutal impacto seguido de un gran calor. La ruleta rusa de su vida decidió detenerse aquÃ. El destino, largamente generoso, no cedió ante su última tentativa, posando sobre sus labios el agridulce beso de la muerte.
Entretanto, y a sólo unos milÃmetros de ella; del caudal de los ojos de su atacante, rebosó una sóla lágrima que reflejó al caer, con toda su belleza y pureza, todos y cada uno de los colores del arco-iris, formando lo que hoy dÃa conocemos por el nombre de...
...diamante.
Porque hay veces que las lágrimas de amor cristalizan en los más bellos sentimientos.
Me alegro de que por fin te hayas decidido. ¿Ves qué bonitos quedan con su firmita y todo? Muy bien y ya sabes, a seguir. Un cordial saludo, amiga.