| :: | Sin Clasificar |
| :: | Infantiles |
| :: | Fábulas |
| :: | Mitológicos |
| :: | Terror |
| :: | Tradicionales |
| :: | Otros |
| :: | Hechos Reales |
| :: | Ciencia Ficción |
| :: | Historias Pasadas |
| :: | Patrióticos |
| :: | Sueños |
| :: | Policiacos |
| :: | Románticos |
| :: | Cómicos |
| :: | Misterios |
| :: | Estudiantes |
| :: | Metáforas |
| :: | Religiosos |
| :: | Aventuras |
| :: | Bélicos |
| :: | Históricos |
| :: | Urbanos |
| :: | Educativos |
– Si, ojalá yo fuera tu papá – pensó, se habÃa quedado prendido de la imagen de Fernanda, le parecÃan seres tan puros, –son ángeles – pensó. Finalmente, estaban a unos pasos de llegar a su casa, Fernanda sostenÃa con una mano la bolsa del mandado y con la otra llevaba amorosamente a su hija apresurándola, Nicolás a la distancia notó que la puerta estaba entreabierta y habÃa alguien observando, como furtivamente, al estar más cerca las mujeres, se abrió la puerta con sonoro golpe, habÃa un hombre esperando, tenÃa toda la pinta de Juez, le calculaba unos 40 años, era gordo, calvo y su mirada… su mirada se veÃa tan pesada como la del Teniente – Dios mio – pensó Nicolas – ¿a qué edad se casaron?, seguro ella ni siquiera tenÃa 17 años cuando tuvo a Carolina.
-¡Malditas! – gritó el Juez – ¡las dejo pasearse un rato y se olvidan de atenderme! – se acercó con paso serio pero tambaleante a Fernanda, se veÃa que el juez estaba ebrio, la tomó de su cabello negro y la empezó a jalar fuertemente con su mano derecha, como si fuera una mula de carga – Pero ya verás, les voy a dar su merecido a ver si les dan ganas de ir al parque otra vez – dijo con voz de borracho mientras con la mano izquierda prensó a la pequeña niña de ojos grises de su pequeño y delgado brazo –y tú también pequeña- las arrastró a ambas, Carolina empezó a llorar y la familia se perdió dentro de la casa tras el fuerte sonido de la puerta azotada por el Juez Velasco, Nicolás las perdió de vista, pero la escena no terminó ahÃ.
Si bien estaba a una distancia de 7 u 8 casas, Nicolás podÃa escuchar perfectamente los gritos de Fernanda. Le parecÃa irreal, sonaban golpes secos como si la azotara contra las paredes, contra las puertas, como si la estuviera arrastrando por toda la casa. Mientras la golpeaba, el Juez la maldecÃa una y otra vez, parecÃa que la golpiza nunca iba a terminar … y el llanto, el llanto de Carolina era lo que apretaba más el corazón de Nicolás, quien solo se quedó de pie, en medio de la frÃa calle, escuchando.
Finalmente, tras 5 o 10 minutos de intensa espera, el ruido cesó, ya no habÃa más gritos ni golpes. Nicolás seguÃa de pie, su rostro que antes lucÃa feliz cuando acompañaba a aquellos dulces seres, ahora se veÃa sin vida, parecÃa más un muerto viviente y sus ojos, se empezaron a llenar de lágrimas. No pudo evitar recordar las brutales palizas que recibió de pequeño, las que recibiera su madre y los gritos que nunca faltaron en su casa – ¿Cómo puede existir gente tan miserable? – recordó los ojos grises de Carolina, tan dulces y puros, luego sobrevino a su mente una imagen de los ojos del Teniente, su mirada frÃa, casi inhumana.
Lentamente Nicolás caminó hacia la casa del Juez Velasco, su cara seguÃa sin vida, estaba pálido, como si fuera a desmayarse, pero alguna fuerza lo hacÃa seguir caminando… como si fuera un zombie, finalmente llegó a la puerta, tocó el timbre y esperó. HacÃa unos minutos la escena estaba llena de un desagradable ruido, ahora reinaba el silencio, se escuchaba solamente el frÃo ruido del viento correr por las calles y ahÃ, parado en la entrada de la casa, estaba esperando Nicolás, sin saber por qué, ni para qué, solo sabÃa que tenÃa que hacer algo – te mataré como a un cerdo – pensó.
Finalmente, se abrió la puerta lentamente… Nicolás apretó fuertemente los puños, estaba decidido a quitarle la vida, pensaba – a los perros se les mata – y cuando por fin estuvo la puerta abierta, vio que era Fernanda, con un ojo hinchado y la boca llena de sangre, tenÃa el suéter verde desgarrado, al ver esto Nicolás aflojó los puños y nuevas lágrimas brotaron por sus ojos, se escuchaba a lo lejos el tÃmido sollozo de Carolina, era una escena terrible.
| » | Total Cuentos: | 21.673 |
| » | Autores Activos: | 163 |
| » | Total Comentarios: | 11.740 |
| » | Total Votos: | 908.368 |
| » | Total Envios | 41.730 |
| » | Total Lecturas | 75.999.605 |