Ella se apoyo en mà para sacarse su zapato con mierda de perro y al sentir el olor del excremento, me vomito en mis pies, ahà miraba yo mis calzados bañados en su liquido asqueroso y como haciendo burla se largo a reÃr y me pidió un beso, cosa a la cual no accedÃ.
El alcohol ya habÃa hecho mella en ella, lo cual busque intensamente desde que la conocà aquel dÃa sábado en la discoteca. Pensaba que tenÃa mi gran oportunidad y para eso la llevaba a algún lugar oscuro cerca de ahÃ. Al comienzo ella no querÃa salir, pero insistà tanto que accedió y nos fuimos de aquel lugar. La subà al auto y me detuve en un lugar bien deshabitado, nos bajamos y comenzamos a caminar. Yo me habÃa tomado algunos tragos, pero no tantos como ella, la inversión habÃa sido alta ya que ella tenÃa una gran resistencia al alcohol. Me preguntaba que adonde Ãbamos pero yo no contestaba, solo la llevaba del brazo firmemente, cada vez que ella insistÃa en la pregunta mi mano se aferraba más fuertemente a su brazo y ya no la llevaba, la estaba tirando. Por mi mente pasaron miles de ideas, la excitación era alta, no me habÃa sentido asà en mucho tiempo, quizá cuando perdà la virginidad, que tiempos.aquellos. El solo pensar en lo que iba a hacer me estaba trastornando, la adrenalina y la testosterona inundaban mis venas. Ya su pregunta repetitiva no me era agradable, asà que pensé en tirarla al suelo y culminar con el acto y largarme, hasta que se sintió ese sonido repugnante, fue como pisar barro, ella tropezó un poco y me pidió que nos detuviéramos, la noche era casi completa, asà que se saco su zapato y lo acerco a su rostro para ver que era y ya saben que sucedió.
Luego de pedirme un beso, el asco en mi fue abrumador, la tome nuevamente del brazo y caminamos, pero ahora en dirección a mi carro, la senté y la deje en las puertas de la discoteca en donde mismo la habÃa conocido.
Gracias al maldito perro que se le ocurrió dejar su asquerosa plasta en mi camino ella se salvo de ser mi primera victima, la iniciante de mi danza macabra, la génesis de todos los males. Ni siquiera me acuerdo de su rostro, menos de su nombre, esto paso hace quince años, ella debe ser una mujer casada, con hijos a lo mejor, los cuales deben estar muy agradecidos del maldito quiltro y su excremento.
Fue la única que salió con vida al estar conmigo, pero era un primerizo, estaba comenzando a aprender a matar, pero... fue la única.
“Extracto de la confesión dada a la policÃa por Ernesto Gómez Barrueto, más conocido como El chacal de Tarapacá, quien asolo las ciudades de la primera región de Chile, entre los años 1982 y 1997, reconociendo más de 50 homicidios con violación de los cuales solo 35 le han sido comprobados y de forma extraña y burlona reconoció la mutilación y atropello de más de 500 perros callejeros. Fue condenado a pena de muerte la cual fue revocada más adelante y cambiada por cadena perpetua, actualmente se encuentra en la cárcel de máxima seguridad de Acha en la ciudad de Arica.
La mujer a la cual hace referencia se llama Patricia MartÃnez y reconoció la historia contada por este, al igual que él, no recordaba su rostro, pero si recordaba claramente el episodio de la caca de perro, aún llora al pensar que estuvo tan cerca de la muerte sin saberlo.
Desde este momento el violador y asesino más buscado de Chile, pasa a llamarse Él caca de perro.â€