Daiana pertenecÃa al grupo Feministas Argentinas a 3 años del 2000. Se reunÃa con 50 mujeres tan inteligentes como ella para debatir temas como "Opresión de la mujer", "Camino para llegar a la igualdad", "No, no somos lesbianas". TenÃa 23 años y los fines de semana se quedaba en su casa leyendo una y otra vez la colección de Sydney Sheldon. En el último año de la universidad abandonó el movimiento por falta de tiempo.
Una tarde conoció a Hugo, un compañero de una materia cuatrimestral que la sorprendió por ser tan sensible y antiheroe. Se pusieron de novios y al recibirse se casaron. Eran una pareja moderna, los dos trabajaban, ninguno lavaba ni limpiaba. Hugo fue contratado por una empresa de Marketing y Daiana por una compañÃa de seguros. Los dos llegaban a su casa cerca de las 20 y pedÃan comida a la rotiserÃa de la esquina. A decir verdad, la comida les parecÃa horrible pero la otra opción no era viable ya que la pizzerÃa de la vuelta no realizaba envÃos a domicilio.
Asà pasó el tiempo y tuvieron un hijo que cumplió dos años cuando despidieron a Hugo del trabajo. Daiana le dijo que no se preocupara, que hasta que encontrase trabajo ella mantendrÃa la casa pero que hiciera el favor de ir a buscar al chico al JardÃn. Fue un invierno de recesión y Hugo no consiguió trabajo. Daiana le pidió que, para evitar gastos, empezara a lavar la ropa y a limpiar el piso. A los seis meses de desempleo Hugo ya no podÃa tener relaciones con Daiana. Siempre estaba nervioso y sufrÃa una impotencia psÃquica. Ella comenzó a flirtear con un compañero del trabajo que querÃa seducirla desde que se conocieron y tras consultarlo con su analista decidió empezar un affaire extramatrimonial.
Hugo ya no intentaba conseguir trabajo, apenas se preocupaba por tener la casa en condiciones, lavar, cocinar y criar a su hijo. Daiana empezó a llegar tarde y no contestaba las preguntas de su marido porque "Yo te mantengo, yo decido que contestar y que no". Un dÃa Hugo decidió que su vida necesitaba un cambio. Dejó a su hijo en lo de la abuela y se tiró por la ventana del comedor. Daiana estuvo con medicación unos meses y luego pudo reinsertarse en la rutina laboral.
Una noche recibió un llamado de sus compañeras del movimiento feminista. Se juntaron en una confiterÃa de Belgrano. Todas bien vestidas, todas solas. Casi no hablaban. Algo habÃa salido mal.
Me parece simplemente indignante,que este espacio ( que sirve para hacer nuestra vida un poco mas linda y para, por que no decirlo, trasmitir valores y enseñanzas mediante bonitas historia)o una llmada a la utilización de los cuentos para trasmitir los ideales de igualdad, solidaridad... para hacer en definitiva a la gente mejor, que se retirase este cuento gracias