Edg: Antes de la batalla, abre esta carta
(El Rey Lear)
DÃa tras dÃa, noche tras noche; avanzar, retroceder, luego volver a avanzar; ¿y los muertos?, ¿quién habla por los muertos?.
El bosque se presenta ante nosotros como una tumba lúgubre, siempre tras un árbol hay un enemigo, siempre alguna bala tiene nuestro nombre. En los pequeños claros, los cuervos acuden al banquete que les brindamos; vuelan sobre nosotros, o nos miran como quien espera el pavo al salir del horno; ¿dónde estamos ahora?, ¿es acaso el infierno?.
Pronto llegará el verano, y con él, nuestros muertos comenzarán a oler, y aquel olor se pegará a nuestras ropas, como el verano pasado, y por más que uno las lave ahà estará; ¿cuántos años más tendrá que durar esta pesadilla?, ¿cuántos más tendrán que morir?.
A veces creo que hubiera sido mejor morir en los primeros dÃas, a veces creo que hubiese sido mejor, por que me hubiera evitado el sufrimiento...
DÃa tras dÃa, noche tras noche; los cañones truenan sin descanso, las ametralladoras rugen, los heridos gritan, los nuevos lloran; los traen más niños cada vez...
Hace una semana que no duermo; ¿cuándo avanzaran de nuevo?, la inactividad me mata, me asusta, y el susto, te vuelve vulnerable.
Recuerdo otras primaveras, caminando en la noche junto al mar, despreocupados de todo; creyendo en la felicidad, aquella felicidad que nos arrancaron y que nunca podremos recuperar; lejos de todo, sin siquiera imaginar que todo esto fuera posible: y lo es.
¿Cómo diablos me metà en esto?, yo ni siquiera vivÃa aquÃ; mi mundo está tan lejano, que tal vez ni sepan lo que se vive aquÃ; tal vez ni sepan que Dikhil existe, ni Tadiura o siquiera Ayshia; la verdad es que yo tampoco sabÃa, y ahora me son tan familiares, ahora son mi único hogar.
Recuerdo aquellos sueños, se veÃa todo tan fascinante, lo necesitaba tanto; era comenzar de nuevo, olvidar el pasado, era... ParÃs, paÃses exóticos, aventuras y era sobretodo alejarme... de ella; ella, siempre tan dulce, tan...; pero las cosas no siempre..., casi nunca.
RÃos de sangre, amigos muertos; amigos de los cuales ni siquiera sabÃa su verdadero nombre (nadie dice su verdadero nombre, nadie habla de su pasado, nadie te lo pregunta, eres tú, un hombre nuevo y morirÃas por ello); cuerpos mutilados, gritos, bombas, balas cuervos, bosques, desiertos, aviones, sangre, siempre sangre; a esto se reduce mi vida ahora; ¿en que bendita hora me alejé de mi paÃs?, ¿en que momento Dios me abandonó?, ¿ o es que antes yo lo abandoné a Él?.
Si supiera al menos de una forma de escapar, si existiera aunque sea una forma de vivir, pero no la hay; dicen, que estamos rodeados, que pelearemos hasta el último hombre por el honor de Francia; pues entonces, no pelearemos mucho, quedamos pocos, quedamos pocos y sin agua, sin comida, sin municiones; podrán llegar mil hombres nuevos, pero mueren en seis o siete dÃas; ¿ hasta cuando?, no se dan cuenta que es inútil defender algo perdido, algo que nunca fue enteramente nuestro.
Por las mañanas, veo a mis hijos correr, aquellos hijos que ya nunca van a nacer y que me preguntan por que, aquellos hijos condenados aún antes de su concepción, por la más grande de las estupideces humanas; la guerra; ¿y su madre?, ¿dónde está la madre?, a ella, nunca la pude ver; se quedó allá lejos sin siquiera saber lo que paso, o donde me fui; es mejor asÃ, siempre será mejor asÃ.
Esperando, muriendo lentamente, soñando con la vida que nos ha sido arrebatada de antemano: Honor, Patria, Legión; todo aquello ha perdido significado ya, sólo esta él, o aquellos de los que ni siquiera sabemos su nombre, aquellos de tan distintos orÃgenes y que ahora son hermanos en el anonimato, en la muerte; cual guerreros espartanos a las ordenes de Leonidas, allá, en las Termópilas, cubiertos de gloria, sobrepasados en número, ahogados en sangre.
El bosque se presenta ante nosotros como una tumba lúgubre: "caminante ve y dile a Esparta que sucumbimos aquà por cumplir con sus leyes".
12.11.99