Son las diez y media de la mañana, supuestamente deberÃa estar en el trabajo. Pero esta vez no quise salir, pues algo de angustia mezclado con ansiedad sentà en mi interior. Miré alrededor del cuarto, y una fuerza extraña me hizo buscar el motivo de mi inquietud; caminé sin pensar, y tirado dentro de mi closet encontré un par de zapatillas de correr, las cogà y un sentimiento de alivio me invadió, comencé a pensar, y a recordar…
Hay veces en que uno mira hacia su pasado, y sonrÃe, quizás por alguna tonterÃa que hizo, pero….sonrÃe, con la tranquilidad que da una lección aprendida, y…. si aquello fue hermoso, el recuerdo llena el alma, y nos alienta para seguir viviendo con esperanza…con convicción, realizando que una vez, o muchas veces fuimos muy felices…
Aquella tarde del último dÃa del año del 83, estaba con veinticuatro años, con sueños, ilusiones, y toda una vida por caminar. Eran las dos de la tarde y el calor era infernal, la temperatura era de treinta y nueve grados, el clima no era húmedo como en Lima ; en Sao Paulo el clima era denso y vaporoso; sudaba como chino en lavanderÃa, me bañé una vez más y traté de dormir. VivÃa en un hotel del centro, era barato, cinco dólares diarios, te daban desayuno gratis, y una sola televisión para todos los inquilinos, pero como no entendÃa bien el portugués, no ayudaba acompañar mi leal soledad. El calor era aplastante, me senté en la cama y vi que encima del velador habÃa un periódico, lo cogà y traté de leerlo :
« Peruano ben a Brasil solsinho.
Vai corer a Gran Maratón du Sao Silvestre »
Si, asà decÃa ; al costado habÃa una cita y algunas palabras mas; estaba mi foto a color, mis brazos levantados, una sonrisa inocente, una mirada directa, el pelo muy largo, vestido con camiseta amarilla, solo se apreciaba medio cuerpo; doble el periodico, y pensaba en como habÃa llegado hasta aquà ; recordaba los éxitos en las carreras que tuve en Lima, y la ilusión por ser famoso, la llegada de la invitación a participar en San Silvestre ; y con todo eso y un mar de ilusiones viaje a Brasil ; no me recibió nadie, tuve que buscar un hotel, y al dÃa siguiente fui a inscribirme ; allà fue donde esos locos periodistas me encontraron, e hicieron su reportaje…Todo pasaba tan rápido, el entrenamiento, la soledad, el hotel, etc. Me vestÃ, y tuve ganas de salir a la calle para entrenarme, y me dirijà al Centro de entrenamiento Ibirapuera ; cuando llegué, busqué un salón donde mudarme de ropa ; luego de cambiarme y, antes de salir a correr, me miré en un espejo ; allà estaba yo : El peruano que vino a ganar la gran maratón de San Silvestre.
CorrÃa a ritmo de entrenamiento, en la ruta disfrutaba del panorama, trotaba por hermosos campos, habÃa un lago apacible ocupado por cisnes de colores blanco y rosado, la ruta de entrenamiento bordeaba los bozques, se escuchaba el trinar de las aves, y el sonido del aplauso de todas las ramas de los gigantescos árboles ; si nos cruzabamos corredores de paises diferentes, atinábamos a sonreir y hacer una tÃmida señal : de Hola. Después de una hora de correr, paré a observar la tarde, me eché en el gras, y sentà que todo era tan perfecto, por un momento sentà que no deseaba competir, que no era necesario, no tenÃa que probar nada a nadie, pero al ver a los corredores entrenándose, volvà a mi realidad… que me empujaba. Me cambié y regresé a mi hotel, me eché en la cama a esperar, y veÃa como el reloj y el color del cielo avanzaban, hacÃa la hora de mi verdad…La Carrera ; pensaba que quizás podÃa ganar, o quizás estar entre los tres primeros puestos, estarÃa bastante bien…para mi y todo mi pais.
Era tarde, casi todos los corredores estaban en la lÃnea de partida, muchos llegamos tres horas antes que comenzara la carrera, que empezaba a las once de la noche y terminaba a las doce, que era exactamente el inicio de un Año Nuevo. Mientras esperábamos hacÃamos un poco de calistenia, para no enfriarnos, algunos hacÃamos piques cortos; si algunas dudé de mi capacidad fue aquella noche, éramos (la elite) cerca de treinta personas, todos de diferentes paÃses, algunos eran de áfrica (eran gigantescos), otros eran europeos, los mexicanos, y algunos sudacas, que al igual que yo, eran bastante mas pequeños ; detrás de nosotros estaba el «pelotón» ; cerré los ojos y comencé hacer mis piques sin mirar a nadie ; ya cerca de las once todos estábamos sudorosos y tensos esperando el inicio, nos apretábamos por estar en la lÃnea de salida, tratando de tener la mejor partida ; muchas veces de una buena salida depende el triunfo, una carrera tiene un factor importante que es el aspecto mental, sentirse un ganador... Cuando de pronto en medio de las respiraciones y humores de los corredores, se escuchó el sonido de una pistola : Plum! Plum! ; salimos corriendo como si el mismo diablo nos persiguiera, poco a poco los mejores corredores nos fuimos separando del grupo de avanzada, y Yo, estaba allà . La carrera era de quince kilometros y ya habiamos avanzado cerca de siete, iba muy bien, mi ritmo era perfecto, sentÃa que planeaba como un avión, mi cuerpo era una máquina perfecta, armoniosa, no querÃa mirar atrás…sabÃa que estaba entre los primeros cinco ; los miraba a una distancia prudente, pues sabÃa que en algún momento, alguien iba a soltarse y despegarse de todos, yo, ahorraba energÃas para seguirlo, y si Dios me daba fuerzas podrÃa pasarlo y ganarlo ; parece increible, pero en esos momentos, que solo escuchas tu respiración desbocada por la boca, y el sonido del trote de tus zapatillas, sientes que solo «eso» existe, y nada mas… una total concentración…te conviertes en un verdadero animal de carrera…
Cuando de pronto me pasó algo que nunca olvidare, sentà en mi abdomen un dolor como si un cuchillo me hubiese penetrado, y me quitaba la respiración, doble todo mi cuerpo de dolor !… y perdà el paso ; asà inclinado y tratando de seguir corriendo observaba como una visión alarmante a todos mis rivales : los africanos, los gringos, y a un corredor sudaca pequeño , que como aviones a propulsión me pasaban sin piedad, y Yo ..no podÃa hacer nada, tan solo corrÃa con mi dolor, aún asà doblegado seguà para adelante, pero era demasiado tarde ; el dolor me hizo perder energÃa y concentración, y ….muchos puestos ; veÃa como una pesadilla, como hasta las mujeres me pasaban, eso en verdad era mas doloroso que el mismo dolor de abdomen ; después de mucho sufrir : llegué a la bendita meta.
Al llegar a la meta vi mi puesto : era el ciento nueve, me sentà totalmente frustrado y abatido; tanto esfuerzo, tantas horas de dedicación…para nada, y todo por culpa de ese maldito dolor de abdomen, que seguramente debÃa de haber sido por alguna comida en mal estado que cené, pero, hay veces en que hay que saber perder y…ese dÃa me tocó aprender la dura lección. Fui a las duchas, me bañé y miré a mi alrededor: estábamos todos juntos : los ganadores y los perdedores, todos en silencio, cuando de pronto observé que los mismos locos periodistas que me hicieran aquel reportaje unos dÃas atrás, salÃan acompañando ha alguien, supuse que serÃa : « el ganador »…no quise mirar ni preguntar; me puse mi buzo y salà rumbo hacia mi hotel….
Caminé por las calles totalmente abatido y desolado, las personas llenaban todas las calles de Sao Paulo, con cantos y alegorÃas, algunos muy borrachos…era el último dia del año, y empesaba uno nuevo año: 1984, para mi y para todo el mundo ; sonreà y seguà avanzando rumbo hacia las calles oscuras y solitarias… asà como mi propia alma…llegué, y simplemente traté de dormir en medio de un ruido infernal…todos tenÃan motivos para celebrar, menos yo…
Todos los dÃas en que estuve en Brasil, los amaneceres fueron brillantes, desde las seis de la mañana el sol sale, y nos bendice con sus rayos a todos los seres humanos, es en verdad un espectáculo maravilloso ; bajé a tomar mi desayuno muy temprano, y no encontré a nadie ; por supuesto…quién tendrÃa el cuerpo sano y lúcido después de una fiesta de Año Nuevo…nadie ; al dÃa siguiente salÃa mi avion rumbo a mi paÃs, entonces decidà salir a pasear un rato, pues durante todos los dÃas en que estuve en Brasil, las pasé entrenando y entrenando ; el dÃa estaba maravilloso, habÃa poca gente por las calles, pero las tiendas comerciales estaban abiertas, fui a un puesto de frutas y, a comprar un periódico, que estaba casi a unas cuadras de mi hotel.
Buenos dÃas - le dije, en mi portoñol a una señora comerciante que atendÃa el puesto de periodicos - por favor me puede vender un periódico, y un poco de fruta.
Un momento por favor - me respondió la mujer sin mirarme, pues recién estaba abriendo su puesto - que periódico desea joven - cuando me miró, se le abrieron los ojos como si hubiera visto al Cristo - Oh ! Oh !… usted ! usted !…
Me alcanzó el periodico y sin entender a que se debÃa su asombro, me disponÃa a irme y cuando iba a pagarle, la señora me dijo algo que nunca olvidaré :
Usted es el joven que ganó la San Silvestre ! , yo lo và correr por la noche !, y diariamente lo he visto cada mañana cuando usted salÃa a correr ! ; joven por favor deme usted su autografo, para mis hijos ! por favor Campeón!…
Perdón señora pero usted cometé un error - le traté de decir, pero la mujer seguÃa con la misma cara de asombro, y lo peor de todo es que llamaba a sus amigos comerciantes y les explicaba que yo ! era el Campeón de la San Silvestre ! ; traté de explicarme mejor - Señora !…Yo…
De pronto observé que la mujer mostraba el periódico a sus amigos ; todos miraban el periódico y luego me miraban a mÃ, y al rato repetÃan todos juntos lo mismo : Campeón ! Campeón ! Campeón !…
Me puse curioso y abrà el periodico, y en la página principal para mi gran sorpresa : Estaba Yo !…la misma foto que me tomaron en aquella entrevista ; por un instante creà que estaba soñando, y que era verdad …que yo habÃa ganado la carrera !, que todo lo que ayer vivà era una pesadilla, y que esto…esto era la realidad !…Me sentÃ,( lo juro) en verdad : El Campeón ; mientras los amigos de la vi señora seguÃan coreándome : Campeón ! Campeón !…Levanté las manos en señal de VictorÃa, y todos aplaudieron, pues yo era : El Campeón !…
Cogà de nuevo el periódico, para estar seguro que no era un sueño ; y si !, era Yo ! mi foto !… mis brazos levantados, mi pelo largo, mi sonrisa !…y de pronto vi una nota al costado de mi foto que decÃa asà :
« Ecuatoriano Rolando Vera ganó
au Decima Octava Maratón du Sao Silvestre »
Era mi foto, si, pero …no era mi nombre….Esta vez si reÃ, y reà de verdad, por un momento sentà que habÃa ganado la carrera. Pero, que importaba, pues para esa gente que seguÃa gritandome : Campeón ! Campeón ! …el Campeón estaba al frente de ellos….
Para mà y para ellos…el verdadero Campeón….era yo.
Al dÃa siguiente tomé mi avion, y ya por los aires sonreÃa… pues sentÃa que la vida me habÃa regalado : Un Dia de Gloria…
asi como fuiste campeon para esa gente ..tambien lo eres para mi joe .. un besito de la chilenita triste de la costa ..que siempre te recuerda ..chauuuuuuu