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Era el primer dÃa de 2145, la guerra estaba en pleno auge, Rohm se encontraba en la taberna recordando a Jo, mi hermana, que habÃa muerto hace dos meses a causa de un virus extraño, Rohm es uno de los últimos humanos sobre Galia, y es mi amigo.
Recuerdo claramente cuando nos conocimos, yo era uno de los tantos esclavos Reims que trabajaban en la construcción del templo Nabuka, en la constelación de Knossos, es cierto que cuando conocà a Rohm pensé que era el tÃpico humano mandón y malvado que ambicionaba el universo, pero luego de unas copas supe que éramos muy similares.
Yo estaba en mi cama pensando en muchas cosas, cuando de pronto entro alguien, era él, Nunca pensé que ella me dejarÃa de esa manera, -me dijo-, no se que hacer, talvez todo esto no tiene sentido, no digas eso, -le dije-, estamos tan cerca de la victoria, no podemos rendirnos ahora.Â
Nos miramos, sabiendo que talvez no lo lograrÃamos, pero aún habÃa esperanza.
A la mañana siguiente, desperté con ansias de guerra, talvez porque lo deseaba o porque estaba programado para ello, no lo se, al salir de mi camarote me encontré con Rihad, un joven mecánico muy entusiasta, le decÃamos Rih, Buenos dÃas Kailoss, sabes, no puedo esperar a que llegue la nueva turbina, no pude dormir en toda la noche solo por pensar en lo que podrÃa hacer con ella, -me dijo-. Será mejor que descanses un poco, -dije-, cuando lleguen los armamentos tendremos que estar lúcidos. Si, tienes razón Kailoss.
De pronto, la alarma sonó, eran los malditos Máquina de nuevo, siempre buscando energÃa que robar, les odio. Luego todo se apagó y un crudo silencio delataba su presencia cada vez más cercana, todos salieron de sus camarotes, armados hasta los dientes.
SentÃamos como destrozaban el techo de la guarida, rocas y tubos caÃan aplastando sin perdonar a los marines, que con temor corrÃan a buscar un lugar seguro. Es gracioso saber que vas a morir y no puedes hacer nada para cambiar tu destino, pero por una pequeña casualidad, te salvas.
Los Máquina habÃan nacido al igual que yo, de la mano de un cientÃfico humano, solo que a los de mi serie, los Reims, nos hicieron a su imagen y semejanza, por otro lado los Máquina estaban hechos de odio, odio hacia los humanos, hasta ahora me pregunto porque fueron creados, y la respuesta que tengo siempre es la misma, un error.
Sin darme cuenta una pared cayó sobre mÃ, y con ella caà en la desesperación, sentÃa miedo por primera vez, pues no querÃa morir, no querÃa abandonar a mis amigos, ni permitir que los Maquina ganaran. Con mi último aliento vi a Rohm, que pedÃa una camilla, se oÃan disparos y relámpagos láser, lo único que recuerdo era a él susurrando: “Vas a estar bienâ€, un aire de tranquilidad pasó por mi cuerpo, y me relajó cada músculo, cuando de pronto vi a Rih, y me alegré mucho, pero al pestañear vi como sus ojos se desprendÃan de sus órbitas, seguramente le perforaron el cráneo con un láser.
Desperté en un lugar en el que no habÃa estado antes, era el lugar con las paredes más blancas que haya visto, sentÃa dolor en todo mi cuerpo y en mi corazón, luego volvà a dormir.
Desperté de nuevo y las paredes que llamaron mi atención ya no estaban, solo vi una luz, era más intensa que el sol y más hermosa que la luna, luego todo se apago de nuevo.
Recuerdo que estaba en una cámara de agua, los doctores decÃan que talvez no me iba a salvar, vi a Rohm y al general Riva hablando sobre la guerra y armando tácticas para un nuevo ataque con una nueva arma que habÃan desarrollado, de repente regresaron la vista hacia mi, y todos se alegraron. Me sacaron del contenedor de recuperación y no podÃa moverme, algo estaba mal. ¿Que sucede conmigo?, -pregunté-, no puedo moverme. Un doctor que ya habÃa visto antes en la guarida, el doctor Shakyo, -dijo-, no podrás moverte en un par de meses hasta que tus nuevos músculos respondan a tu sistema. A que se refiere con nuevos, -le pregunté-, mira Kailoss te hemos transplantado de cuerpo.
Al escuchar esas cinco últimas palabras, sentà miedo de nuevo, algo parecido a lo que sentà debajo del muro, pero esta vez sabÃa que era algo irreparable, tenÃa ganas de escapar y al no poder hacerlo solo pude llorar, tenia que acostumbrarme a vivir con ello el resto de mi vida, sin embargo esto no era lo único, el doctor me dijo que habÃan usado el cuerpo de un marine el cual fue decapitado por un láser, y que por suerte estaba cerca de mi posición en ese momento. No me tomo tiempo descubrir de quien se trataba, el destino de Rihad era morir, para que yo viviera.
Pasaron tres dÃas y no podÃa parar de pensar en la gente que habÃa muerto en el ataque, el general Riva me contó que los setecientos marines de guerra se habÃan reducido a ciento cincuenta incluyendo heridos. Ya con movimiento en mi cuerpo, solo esperaba el dÃa para vengarme de los granujas que me hicieron esto y destruyeron la vida de mis amigos. El general me propuso formar parte de su proyecto para destruir a los Máquina, dijo que me podrÃa proporcionar herramientas únicas, y acepté.Â
Yo soy una máquina, todas mis funciones fueron programadas, tengo setenta años pero luzco como alguien de veinte, ahora no soy solo eso, soy una máquina humana, con la capacidad de sentir cosas que nunca habÃa sentido antes. El ser humano en esencia es una máquina, ahora lo se, pues el cuerpo que tengo requiere de muchos cuidados, pues cumple muchas funciones, infinitamente más, de las que cumplÃa mi anterior cuerpo, ahora soy mortal y entiendo que mi vida tiene un propósito, mi destino es ser el esclavo Reim que se convirtió en humano y aprendió que la vida es un espiral, en el cual uno se mueve progresando continuamente, ahora me dirijo a Prelude, el lugar de origen de los Máquina y el mÃo también, voy en busca del significado de mi existencia.
Estas memorias se quedarán grabadas en el tiempo, y nada ni nadie las podrá borrar.
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