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Hace mucho, mucho tiempo, cuando la tierra estaba tan llena de magia que hasta la piedra más pequeña podÃa tener mil secretos, existió un palacio que estaba vivo. SolÃa estar dormido, asà que casi nadie conocÃa el secreto. Y asà siguió hasta que la princesa que lo habitaba se casó con un prÃncipe muy guerrero y valiente, pero con tan mal carácter que ante cualquier contrariedad lanzaba objetos por los aires o golpeaba puertas y ventanas. Tras su última victoria, el prÃncipe dejó que fuera la princesa, de carácter más dulce y amable, quien viajara para negociar la paz, y pasó una larga temporada viviendo solo en el palacio.
El aburrimiento empeoró el carácter del prÃncipe, y según pasaron los dÃas el palacio descubrÃa nuevas marcas en las paredes y golpes en el suelo. Además estaba cada vez más sucio y descuidado. Y asÃ, disgustado por aquel trato, el palacio despertó y aprovechó una salida del prÃncipe para moverse por primera vez en muchÃsimos años, y esconderse tras una colina. Pero el palacio era demasiado grande y el prÃncipe no tardó mucho en encontrarlo.
Asà trató de escapar otras veces, pero el prÃncipe lo encontraba sin dificultad. Y luego desataba su ira provocando destrozos cada vez mayores. Hasta que una noche, cansado de todo aquello, el palacio cerró puertas y ventanas mientras el prÃncipe dormÃa. Y con él dentro y encerrado, corrió durante dÃas y dÃas, sin importarle los golpes y destrozos de su dueño. Cuando por fin se detuvo y abrió sus puertas, el prÃncipe descubrió que se encontraban rodeados de hielo y nieve, en medio de un frÃo espantoso.
- ¿El Polo Norte? ¿Y ahora cómo salgo de aquÃ? - se dijo el prÃncipe mientras salÃa a explorar los alrededores.
Después de investigar durante toda la mañaba sin encontrar nada, el prÃncipe volvió al palacio para calentarse. Sin embargo, al intentar entrar, descubrió que la puerta estaba fuertemente cerrada. La aporreó furioso, pero lo único que consiguió fue destrozarse sus manos casi heladas. Al ratito, la puerta se abrió ligeramente, y el prÃncipe corrió hacia ella. Solo para terminar llevándose un buen portazo en las narices justo antes de entrar.
- ¡Estúpido palacio! ¡Parece que estuviera enfadado conmigo!
¡Y claro que lo estaba! Y para hacérselo saber sacudió todas sus ventanas.
- ¿Con que esas tenemos, eh? - gritó el prÃncipe- Pues prepárate ¡Esto es la guerra! Y nunca he perdido ninguna.
Durante los dÃas siguientes, el prÃncipe y el palacio tuvieron la pelea más extraña que pueda imaginarse. Mientras uno trataba de entrar rompiendo cristales y ventanas, el otro hacÃa lo que fuera por mantenerlo fuera. Y en mitad de aquella tonta guerra, fue el frÃo quien comenzó a congelar los pies del prÃncipe, y a agrietar las pareces del palacio.
A punto de morir helado, el prÃncipe, ganador de mil batallas, comprendió que la única forma de ganar aquella era buscar la paz. Y, sin decir nada, comenzó a reparar el palacio, controlando que sus enfados y su furia no volvieran a causar destrozos. El palacio descubrió que aquellas reparaciones le gustaban mucho más que sus locas peleas, y que precisamente aquel bruto prÃncipe era el único que podÃa repararlo. Asà que no tardó en abrir sus puertas, y el prÃncipe pudo resguardarse del frÃo por las noches, y limpiar y reparar el castillo durante el dÃa.
Para su sorpresa, el prÃncipe descubrió que disfrutaba enormemente realizando todas aquellas reparaciones y cuidados, y poco tiempo después el aspecto del palacio era magnÃfico. Tanto, que una de aquellas noches el palacio terminó de perdonar al prÃncipe, y cerrando sus puertas tomó el camino de vuelta a su paÃs de origen.
Llegaron allà poco antes que la princesa, que se mostró encantada con estado del palacio y con la mejora del carácter de su marido, que apenas volvió a interesarse por las guerras. Y aquella paz duradera, junto con los cuidados del prÃncipe, hicieron que el palacio volviera a su silencioso sueño.
De aquel palacio único solo se sabe que fue desmontado piedra a piedra y repartido por todo el mundo. Y que puede que alguna de sus piedras sea hoy parte de tu casa, asà que no dejes que tus enfados y tu mal humor puedan causarle algún daño...
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