AMOR DE FUEGO
Era un dÃa muy caluroso para los recién casados Don Armando Montero y doña Carmen Cervantes; es que aún recordaban con nostalgia la hermosa boda realizada en la hacienda de sus padres los conocidos y prestigiosos Señores Montero y Castilla, padres de Armando, que aunque habÃa nacido y crecido en la opulencia y el dinero era un hombre más bien sencillo y parco muy estimado por sus peones y querido por sus vecinos en las haciendas que limitaban con su propiedad.
Por su lado doña Carmita como la llamaba cariñosamente su devota madre, era casi una niña cuando conoce a Armando, es que solo bastó con una mirada de este para que su joven corazoncito sepa que era el amor de su vida; desde el primer momento en que lo vio ella supo que el serÃa el padre de sus hijos, si porque era lo que ella más deseaba en la vida, realizarse como madre y esposa abnegada al igual que su madre y su abuela.
Armando y Carmen habÃan fijado su residencia en una hacienda vecina a Don Hilario Fuentes, un apuesto y gentil caballero que era su vecino más próximo, casado con Rosa de la Cruz con quien ya tenÃa una familia formada por su unigénito llamado Rodrigo un niño que para esta época tenÃa ya unos 12 años.
Muchos proyectos y planes comenzaron a irse tejiendo en la joven pareja don Armando dedicado de lleno a las labores del campo y ciertos aspectos polÃticos de su pequeño pueblo, y doña Carmen por su parte impartiendo orden como toda una ama de casa al ejercito de sirvientas a su cargo, y al aspecto social que era muy importante, ya que ellos pertenecÃan a la crema y nata de la localidad, cosa que la mantenÃa ocupada y olvidada de la soledad que le tocaba vivir debido a las actividades de su marido, que querÃa ante todo progresar y se habÃa prometido que a los 30 años llegarÃa a tener más dinero que su padre, quien era un hombre sumamente rico.
En sus ratos libres Carmen se dedico a educar a los hijos de sus peones ya que ella habÃa logrado terminar con éxito su bachillerato como interna del colegio de los Sagrados Corazones de su pueblo natal. (colegio muy prestigioso, en donde solo podÃan ingresar las señoritas que pertenecÃan a la clase alta), Y la verdad es que en el fondo a ella siempre le hubiera gustado ser maestra.
Buenos dÃas señorita dijo Jacinta su ama de llaves¡ pero mujer que te pasa ¡ dijo Carmen en tono de dulzura, te veo pálida, Te sientes mal?, no se preocupe mi niña es que ya tengo los dolores de parto es mi hijo que va a nacer, y por qué sabes que eso va a pasar?, Porque ya empecé desde la noche en trabajo de parto y la verdad es que no me siento nada bien, y sabes niña que no he pegado un solo ojo y me he levantado muy nerviosa, sobre todo porque no tuve un sueño placentero, la verdad es que me siento realmente cansada, porque no te vas a descansar negrita?, Tu eres muy mayor para tener hijos, y puedes tener problemas, si niña; Lo mejor será que me acueste un rato, luego te vengo ayudar con tus cosas; no Jacinta, voy a mandar a ver un medico para que te revise y me diga como estás, si está todo bien, pues tranquila, si no te llevaremos al pueblo; eso no niña, de aquà sólo me saca muerta, usted sabe lo que yo pienso de esos hospitales, yo paro aquÃ, y punto.
No habrÃan pasado unos diez minutos de esta charla sostenida entre Carmen y Jacinta, cuando está entró nuevamente a la habitación en que se encontraba su patrona y dijo con una voz de dolor; hay niña creo que ya se viene, Jacinta llama a Candelaria y las demás mujeres de la casa y diles que vengan enseguida, en cuanto Jacinta cumplió la orden dada por su ama llegaron las otras mujeres, vamos señoras les dijo, tenemos mucho trabajo que hacer; Candela pon agua a hervir, Graciela y Lucrecia, traigan toalla y sábanas limpias, parece que el primer bebé de la casa esta por llegar al decir esto Jacinta calló al suelo con la cara empapada en sudor vamos; a trabajar señoras esto es de urgencia, puja Jacinta, puja por Dios Santo, piensa en tu hijo, te lo ruego no nos hagas esto no nos dejes por favor, ten fuerzas mi negra, te lo suplico; no mi niña, cuida a mi hijo como si fuera tuyo, niña linda si es hombre ponle de nombre Manuel, y si es mujer que se llame como yo, por favor pero hazlo tu compañero, prométemelo para que me pueda ir en paz, júramelo mi niña, júramelo, (decÃa Jacinta a doña Carmen pues sentÃa que la vida se le escapaba y sabÃa que su hijo si es que vivÃa iba a crecer sin ella), quiérelo como a un hijo, quiérelo como yo te quiero a ti, si mi negrita, pero no hables asà tu vas a vivir y las dos vamos a criar junto a ese potrillo, no mi niña, yo me voy a morir solo que ya estoy mas tranquila, pues tu estarás a su cargo, ahora si me voy en paz, lo dejo en tus manos crÃa bien a mi hijo, ahora será el tuyo. Al decir esto, Jacinta dio un pujo tan fuerte que su débil y pequeño hijo salió, con un llanto casi leve al oÃdo. Era un niño muy delgado, y sin los cuidados de su madre solo un milagro lo podrÃa salvar. Mira Jacinta es un varón, mÃralo es hermoso; Jacinta esbozó una sonrisa e inmediatamente perdió por completo el poco color que quedaba en sus mejillas, se escuchó algo parecido a un suspiro y Jacinta falleció luego de su parto.
Jacinta negrita grito Carmen, no señora dijo Graciela, ella ya no está, ella se fue a pasar a mejor vida, con el señor que vino a recoger su alma, ahora este negrito es tuyo; pero yo que hago, yo no se nada de niños, y Armando, que dirá Armando Dios, ustedes saben lo orgulloso que es él, no va a querer a este niño que es negrito como un hijo propio, siento que el nacimiento de esta inocente criatura me va a traer serios problemas en mi matrimonio, no piense eso niña dijo Graciela, hágalo como una obra de caridad, si es cierto ya pensaré en como solucionar mi problema con Armando, y tú por lo pronto envÃa a un sirviente a comprar leche, biberones y las cosas que usen los recién nacidos, ya que este bebé que está muy delicado. Por el resto no tiene niña de que preocuparse, para eso estamos nosotras, te ayudaremos en todo niña. Ahora a encargarnos de la pobre Jacinta y todo los asuntos de mortuoria, manden a llamar a Armando, el sabrá lo que tenemos que hacer, y avisen a mi madre, le gustará estar junto a la negra, pues ella estuvo a su servicio desde que era una chiquilla.
Era una tarde muy calurosa, la familia con mucha pena enterró a Jacinta, que habÃa vivido toda su vida al lado de Carmen, pues habÃa sido su nana, y cuando esta se casó decidió irse a vivir con ella en su nuevo hogar.
Carmen como se lo prometió a Jacinta se dedicó al cuidado de Manuel, quien a pesar del estado delicado en que nació se iba recuperando rápidamente y con un apetito de toro, como decÃa don Armando; dale despacio mujer que asà como va ese chico nos acaba toda la comida de la hacienda, y ambos rieron. Es cierto mi amor no puedo creer que un crÃo tan pequeño pueda comer tanto.
Carmita, dijo Armando, quiero hablar contigo, dime amor, que pasa, no me gusta tu tono de voz, mira querida Carmen, la verdad es que te voy a decir algo que en realidad no te va a gustar, pero hay cosas que para mà no pueden ser, A qué te refieres, no soporto a ese negro en mi cama, ni que te refieras a el como mi hijo ni nada de eso, pero es que yo le prometà a Jacinta, yo lo sé y casa y comida no le va a faltar, pero de ahà a que yo lo quiera como mÃo imposible, y que tu pases malas noches y preocupaciones por este muchacho tampoco lo voy a permitir. Dile a una de las sirvientas que le de espacio en su habitación, cómprele lo necesario cama, ropa, lo que quiera, juguetes, yo no sé pero hasta ahÃ, y no quiero tener problemas por esto, es un asunto que realmente no quisiera que pase a mayores, creo que me entiendes?; si Armando está claro.
Lo sabÃa, yo sabÃa que esto iba a ocurrir, no me iba a ser tan fácil hacerme cargo de este chiquillo. No te preocupes tanto hijita, deja que lo cuiden las empleadas y tu supervisarás de cerca que nada le falte; en el fondo Armando tiene razón, tu pronto tendrás tus hijos propios, y no puedes igualarlos a este niño, Pero mamá usted también me sale con esas cosas; si hija mÃa, te guste o no tu marido tiene toda la razón; esta bien mamá, lo voy a hacer, pero contra mi voluntad, que le quede bien claro.
Era un dÃa lluvioso, y fresco resultaba una tarde serena cuando la pareja cumplÃa ya su primer año de matrimonio, además ya Carmen tenÃa que dar una buena noticia a Armando, Mi amor le dijo susurrando al oÃdo, tengo una noticia muy importante que darte. Habla mujer no des tantas vueltas y dime, te sacaste la loterÃa o que. Algo mejor que eso, Dime Carmita; a que se debe tanto alboroto; vas a ser padre. Queeeé, dijo Armando impávido sin saber que decir, dime que es cierto mi amor, dÃmelo, es lo que te he tratado de decir en toda la tarde y sonrió.
Se llamará como yo Armando Montero, le enseñaré todas las labores del campo, será el Alcalde de este pueblo, lo mandaré a estudiar al extranjero y tendrá más dinero que tu familia y la mÃa juntas, Y si es niña? Jesucristo mujer mi primer hijo será un varón, más no una hembrita, y si es una niña? Ya lo discutiremos después si es una niña, buscaremos enseguida el hombrecito, pero mi amor tenemos a Manuel. Cuantas veces te he dicho mujer que no digas que ese negro es mi hijo carajo, que le des de comer y beber no significa que sea mi hijo, el es el hijo de una sirvienta negra, y como tal será tratado ¿entendiste?. Nunca pretendas que llame hijo a un negro.
No seas tan cruel Armando, gimió Carmen, lo siento por ti cariño, pero te pido que no te encariñes más de lo que debes con ese negro. Uno crÃa cuervos y luego le sacan los ojos, es lo que siempre me decÃa mi padre y eso es cierto; cuantos casos han pasado de gente que crÃa a esos negros con cariño, para que luego les roben o se vayan hablando de uno, creo que es suficiente. No quiero escucharte que lo trates como hijo, él será simplemente Manuel a secas, quedó claro Carmita, se lo tratará con cariño, con compasión por ser huérfano y por el hecho de ser un bebé, pero hasta ahÃ, porque en realidad me resulta molestoso todo este asunto del bendito Manuel.
En los meses posteriores doña Violeta, madre de Carmita, tuvo que venir a vivir ese tiempo del embarazo con su hija, Madre, estoy muy preocupada es muy grande mi barriga, madre; ¿que piensa usted?, No hija todo lo que tu sientes es normal; sabe madre estoy muy preocupada por Manuel, por que mi niña, si el está perfecto, sabe madre yo le prometà a Jacinta que lo iba a cuidar y pienso que no estoy haciendo bien las cosas Viole, ¿que dices tú?. Pero hijita que más puedes hacer, es verdad lo que dice Armando; no puedes acostar en tu cama un bebé negro y pronto va a nacer tu hijo, no puedes tener las cosas revueltas, tu hijo es tu hijo, el otro, tendrá que criarse como el hijo de una criada, con más privilegios que los otros porque tu eres su madrina, su protectora, o lo que sea, ah y por cierto ya deberÃas pensar en ir bautizando ese crÃo, pues no me gusta que haya un niño moro en la casa, dicen que no trae buena suerte. Si madre, habla con el sacerdote por favor y encárgate de todo, yo ya tengo las piernas muy hinchadas y pienso que no paso de una o dos semanas, con esto, y tengo que estar calmada para cuando nazca Armandito o Fátima. ¡Ni lo digas hija tu marido cae con pataleta donde no es hombre!, Hay mamá usted también mire que cuando yo nacà mi papá se puso muy feliz y nunca le reprochó nada, como podemos saber lo que Dios quiere que sea, es verdad Carmita, conque nazca sano es suficiente, ahora si vamos a rezar el rosario para que descanses y esperes a tu marido tranquila que ya no debe de tardar.
CorrÃa el mes de noviembre como los dos dÃas anteriores habÃan sido las celebraciones del dÃa de los muertos y otras fiestas, habÃa durado mucho los dÃas festivos y todos estaban agotados de atender a tanta gente que llega a la casa a visitar con motivo de estas fechas, que por cierto para Armando que era parco y no le gustaba mucho la actividad social resultaba más bien molestoso.
Se habÃa desatado una tormenta muy fuerte, con truenos, rayos, y el agua caÃa en gruesas gotas que retumbaban el techo de aquella enorme casa, cuando de pronto se escucha la voz desesperada de Carmen que llama a gritos, Madre, madre, venga por favor mire que me he orinado y no he sentido, madre que será esto?. Violeta sonrió y dijo esto es simplemente que vas a ser madre mi hija linda, ya has reventado el agua fuente y está próximo a venir mi primer nieto.
Muchachas, Armando vengan todos, escuchen bien; quiero que dispongan todo, Vayan a ver al médico, dÃganle que llegó la hora de mi niña, y ustedes, traigan sábanas limpias, toallas, agua hirviendo y todo lo que necesitamos, si tenemos suerte alcanzará a llegar el doctor, caso contrario nos toca a nosotros traer al mundo a este bebé. Graciela a usted, la quiero en la cocina coja una gallina y póngase a hacer un delicioso consomé porque esta criatura va a tener mucha actividad, Armando usted, avise a mi marido y a sus padres y nos esperan afuera, porque los hombre no hacen más que poner nerviosas a sus mujeres y entorpecen nuestro trabajo; Asà que por favor que se haga todo como he dispuesto.
Doctor, se escuchó el grito de Armando que se confundÃa con el de Carmen en la habitación, venga rápido que creo que ya no alcanza a llegar; tranquilo hombre, tranquilo, se nota que es su primera vez, para mi ya es como la número mil; sÃ, pero mientras sean hijos mÃos tenga la seguridad que siempre va a ser asÃ. Me alegro hijo de eso. Vaya Doctor y atienda a mi mujer, cuÃdela mucho por favor, no se preocupe señor, todo está perfecto.
A ver esta señora que está tan nerviosa que grita tanto vamos a ver, pero si ya estamos casi listos; a ver hijita linda vamos a colaborar; vas a hacer lo que yo diga, tus contracciones son muy seguidas y esto ya está lo suficientemente dilatado para que salga, vamos a la cuenta de tres puja con todas tus fuerzas, vamos, un , dos, tres, vamos nuevamente con fuerza como toda una Cervantes de Montero, vamos. Mira que afuera está un batallón de gente esperando que hagas tu hazaña, y ver tu premio.
Pero que veo ya esta afuera pero si es, hizo una pausa el médico. Que es doctor?. DÃgamelo por favor, que es, no me tenga en ascuas. “Es una hermosa niñaâ€. Pero hija porque lloras mira lo linda que está, Hay doctor. Es de felicidad, nunca me imagine que yo iba a tener algo tan hermoso y tan mÃo.
Ahora, aséenla para que pueda venir su esposo a conocer a su primogénita, Doctor, ya está preguntó Armando y sus padres que ya habÃan llegados todos pendientes de la gran noticia, asà es mi querido amigo su primogénita nació, Qué fue niña?, Asà es mi buen amigo, su primera hija, y es tan hermosa y sana como su madre. Las lágrimas de Armando rodaron por sus mejillas, con el tiempo se supo que las lágrimas de Armando fueron de felicidad, más no de desilusión como insinuaba Violeta, porque no habÃa sido varón.
Carmen reposaba con su hija en su regazo y Armando se enterneció mucho de ver a su hija; ella se despertó con una sonrisa y le dijo la Llamaremos Fátima, como la virgencita; el asintió con la cabeza, y desde ese momento, esa niña llegó a ser la felicidad más grande de este hogar.
Manuel lávese las manos para que ayudes a la niña a subir las escaleras, Manuel estaba cerca de cumplir los tres añitos y Fátima 2 cuando Carmen se dio cuenta que iba a ser madre por segunda vez. Nuevamente, las expectativas de Armando se fijaron en el hijo varón, y transcurrió un embarazo de lo más normal aunque la ansiedad de Armando por un heredero de su apellido ponÃa a Carmen muy nerviosa, luego llegó el dÃa del parto, volvió el médico de la familia y salió con la no muy feliz noticia para Armando de que habÃa nacido su segunda hija, Angela; el no muy feliz padre, pues él soñaba con un varón y se habÃa hecho tantas ilusiones que la verdad sintió desilusión, luego en un momento de reflexión pidió perdón a Dios y entró lleno de amor a ver a su segunda hija, que era hermosa, y muy parecida en las facciones a su padre.
Carmen seguÃa a medias con sus labores de enseñanza a sus empleados y sus hijos, y Armando queriendo incursionar en la polÃtica del pueblo como Teniente PolÃtico, muy a pesar de los ruegos de su mujer que no le gustaba para nada la polÃtica. Mujer no es por dinero decÃa él, lo que pasa es que el poder polÃtico es importante, asà hasta podré ser diplomático en otro paÃs y con nuestro tercer hijo nos iremos a conocer otro continente; pero hombre, si yo lo que quiero es que mis hijas crezcan aquà en el campo, libres, como crecimos nosotros, y cuando ya estén en edad, pues las mandaremos a la capital a estudiar, hay mi mujer tienes que tener más aspiraciones, piensa en que las niñas puedan llegar a ser profesionales, si señor, pero ya habrá tiempo para eso, ahora ayúdame a cambiar de pañales a esta niña.
Armando gritó Carmen a mitad de la noche; ¿que pasa mujer, si son las dos de la mañana? ¡Ya es hora! Armando; hora de que mujer; me asustas, ve a ver al médico, nuestro tercer hijo va a nacer, anda y no hagas ruido para no despertar a las niñas, avÃsale a mi madre y tu madre, necesito de ellas, no sé porque creo que este hijo va a ser especial, será porque es el varón; no-se hombre ve ya.
Cuando el doctor salió de la habitación con la buena nueva, Armando se encerró en el estudio y no quiso ir a conocer a Zobeida, su tercera hija, y estuvo ahà durante una semana, solo salÃa, para ir al baño o atender a su padre, estaba tan aislado del mundo.
Ya Carmen muy preocupada por la desatención de éste, mandó a ver al sacerdote, y le contó su problema, este intercedió ante un Armando terco como una mula diciendo que los designios de Dios, no hay que reprocharlos y que todo ser humano tiene una misión en la tierra y que esa niña era especial que por eso estaba entre ellos. Fue un discurso muy conmovedor que el mismo Armando salió de su habitación y con lágrimas en los ojos pidió perdón a su mujer y vio por primera vez a su hija. Realmente eres especial mi amor le dijo, perdóname, se que tienes una misión y un destino que seguir, yo estaré contigo, siempre vas a ser mi niña pequeñita, mi osita; Tan conmovido estaba Armando que se quedó dormido con su pequeña hija, hasta que sus dos primeras hijas vinieron a despertarle con muchos besos y una lista de peticiones que incluÃan desde muñecas a confites.
Llévanos a la feria papá, dicen que hay carruseles, y payasos vamos papá.
Armando se fue al pueblo con sus dos hijas pequeñas, y con el negrito Manuel a quien le iba tomando aprecio, con el paso del tiempo o como decÃa en sus pensamientos Armando no es que no lo estime, simplemente que asà tiene que ser. Fue un dÃa maravilloso para los niños y para el propio Armando que como teniente polÃtico tenÃa más privilegios que cualquier otro ciudadano, pero que felices estaban las niñas y Manuel, que ni se diga. Papi dijeron las niñas, mira una tienda con juguetes, llévanos allà por favor, vamos anda, di que sà por favor papá, esta bien, vamos. Las niñas habÃan enloquecido nunca en su vida habÃan visto tantos juguetes juntos, cuantas muñecas, y de Manuel ni que decir, si se habÃa quedado embobado y no decÃa palabra; papi ¿podemos escoger algo?, si mi amor una muñeca cada una. Yo quiero la rubia, no yo la vi primero; Armando al ver a sus hijas en este alboroto dijo para sà nunca pensé que escoger una muñeca daba tanto trabajo, y tanto tiempo llevaban, ya casi una hora y aún no se ponÃan de acuerdo hasta que tuvieron que hacerlo con una moneda de lo contrario nunca regresarÃan a casa. Vamos niñas, que hermosas muñecas, eran enormes y muy caras; vamos papi dijeron ellas. Papá y Manuel?, no está, cierto me falta Manuel.
Manuel, muchacho donde te has metido, Don Pedro, ¿ha visto a Manuel?, Venga don Armando, Manuel tiene exactamente 55 minutos parado como una estatua delante de ese trencito; Armando se acercó a él, y al mirarlo le dio un sentimiento de tristeza y ternura al mismo tiempo de ver la carita con la que Manuel miraba ese trencito, es que hasta sonaba, tenÃa un pito tan maravilloso, Manuel debe haber imaginado que era una maravilla del mundo; el sólo estaba acostumbrado a juguetes de madera, artesanÃas del pueblo, muñecos que no lloran, y ahora se encontraba frente al mejor tren del mundo, Dios mÃo que lindo, como me gustarÃa uno de estos pensaba en su interior. Armando leyó sus pensamientos y pidió al dueño de la tienda, que lo envuelva para llevar, el primer regalo que Manuel recibÃa, sin duda era el dÃa más feliz de su vida; tenÃa el trencito más lindo del mundo y además tenÃa un empacho tremendo pues habÃa comido tanto en la feria que ni bien se sentó para irse a la casa sintió que el mundo se le venÃa abajo y estuvo tres dÃas de vómitos y diarreas.
Buenas Doctor, como le va, saludó Armando al doctor, Armando con usted querÃa hablar; sabe que he estado por ir muchas veces a su casa, pero querÃa que pase un tiempo prudencial para poder conversar con usted. Qué pasa doctor, me asusta usted; dÃgame por favor. Mire Armando voy a ser claro con usted, en el último parto de su esposa, las cosas se pusieron difÃciles yo pienso que ella no deberÃa tener más hijos, o caso contrario tendrá que tener cuidados extremos, como por ejemplo internarse en un hospital en el octavo mes, porque puede necesitar una cesárea, pero ¿porqué no me lo dijo antes doctor?. No querÃa alarmarte hijo, además son cosas que las puedes controlar y manejar, es únicamente una precaución que debes de tomar en el futuro. Si deseas tener más hijos, tu mujer debe ser controlada desde los primeros meses de su embarazo, para no tener que lamentar, nada, asà no sufrirá de un abortó o algún otro problema que pueda surgir. Dile por favor que venga una de estas tardes a mi consulta que quiero hacer un control total con análisis de sangre y todas esas cosas que se necesitan, la traeré personalmente doctor, pues no pienso parar con esto de tener hijos hasta no tener el varón que tanto he ansiado.
Que mal te veo Carmita, replicó Armando; ni sabes Armando, creo que estoy embarazada nuevamente, pero nunca he tenido estos achaques, será este el varoncito que tanto esperamos, ojalá mujer dijo Armando; Pero un temor interno se hizo dueño de todo su cuerpo, tienes que cuidarte mucho finalmente dijo, pues te noto muy pálida y delgada; lo haré mi amor, lo haré. Los meses siguientes fueron terribles para Carmen, con una vida tan agitada como la de Armando ahora con más funciones en la tenencia PolÃtica, sus tres niñas, su madre que ya no era tan joven y este cuarto embarazo que resulto verdaderamente una pesadilla para la joven mujer. Al séptimo mes de este, reventó el agua fuente, y estuvo en el borde de la muerte; de no ser por el máximo cuidado y por la acción oportuna de los médicos, ambas, porque nuevamente fue niña y esta una hermosa hembrita rubia llamada Lorena, ambas hubieran fallecido. La niña estuvo por dos semanas en termo-cuna, y a Carmen la tuvieron en observación los 5 primeros dÃas.
Lo siento Armando dijo el doctor, pero no tendrás hijos varones, a no ser que te conformes con los yernos, pero tu mujer si llega a salir embarazada serÃa su sentencia de muerte, por lo que necesito tu autorización para ligarla, y no tener problemas luego. Hágalo doctor, mi mujer es lo que yo más quiero en este mundo y por un capricho mÃo no voy a exponer su vida, después de todo estas niñas mÃas representan la verdadera felicidad.
Los siguientes años fueron muy ocupados para Carmen y Armando; como primera dama del cantón tenÃa que desenvolverse en un sinnúmero de actividades como madre de familia ni que se diga, entre las escuelas, sus hijas, y las actividades de su esposo la vida de esta familia era pura agitación.
Un dÃa cuando la hija mayor de este matrimonio tenÃa ya 17 años, llegó la primera invitación formal para un baile a las niñas, que como ya se sabÃa anteriormente las muchachas a los 15 años ya estaban preparadas para un matrimonio. Era la inauguración de la hacienda de sus vecinos, que habÃan construido una hermosa casa y querÃan convidar a todos sus amigos a conocerla, era Don Rodrigo Fuentes y Ma. Soledad Vera de Fuentes Las niñas ya de 17/15/14/12, estaban entusiasmadÃsimas de conocer la residencia de sus vecinos pues era muy pocas las amistades de estas con un padre tan celoso como Armando.
Ya en la residencia la Familia Fuentes Vera, recibió a sus invitados, Don Rodrigo a sus 30 años ya habÃa hecho una gran fortuna con el negocio del ganado y la siembra de productos; esa noche él junto a su esposa, se encargaron de atender a todos sus amigos, pero prestando especial atención a Don Armando y sus hijas.
A Carmita, no le gustó el trato especial de Don Rodrigo a sus hijas, especialmente las muchas atenciones que le brindaba a Zobeida, asà que en un disimulado gesto instó a las niñas a que se acerquen a ella y a pretextos se las llevó a su casa. Que pasa mujer; ¿porque esa forma abrupta de sacarnos de la reunión, si apenas se habÃa prendido la rumba?, dijo Armando en un tono más bien de burla a su mujer. Armando en realidad te voy a ser muy franca, no me gustó las muchas atenciones que ese hombre brindó a nuestras hijas, especialmente a Zobeida, tu sabes que ella es muy desarrollada y aparenta tener más edad de la que realmente tiene. Es cierto mujer, pero todas mis hijas son hermosas y es normal que las admiren. SÃ, pero no un hombre casado Armando, no lo voy a permitir, no he criado tan bien a mis hijas, para que un sapo atrevido se quiera aprovechar de la virtud de ninguna de ellas; lo siento y si me toca en algún momento ser irrespetuosa lo seré, pero a mis hijas, no me las toca nadie.
Pero que hermosas las mujeres de mi vida, dijo el abuelo paterno cuando llevó a regalar un pony para Lorena la menor de sus nietas; es que todas ellas eran hermosas, tenÃan diferentes tipos, pero todas eran mujeres muy bonitas.
La primera hija Fátima de temperamento fuerte como Armando, de cejas espesas y mejillas con un rubor natural, una chica que resultaba muy atractiva.
Angela, siempre sonriendo, con su pelo negro lacio y brillante, que le daba un aire majestuoso, muy parecida fÃsicamente con su madre.
Zobeida, era como un ángel, era una chica muy carismática, llena de dulzura, nunca se creyó más que nadie, era amiga de todo el mundo, su madre siempre le decÃa que era muy confiada de la gente, pero ni hablar; asà era Zobeida.
Lorena, la rubia, la más pequeña, con sus bucles dorados tenÃa cara de niña de portadas como le decÃa su abuela, Mi nieta es para posar en revistas, ya quisiera Shirley Temple, haber tenido esta cara, y todo el mundo reÃa con las ocurrencias de Violeta.
Ellas crecieron todas en un ambiente afable, llenas del cariño de todos sus seres amados, nunca sufrieron necesidades, más bien siempre tenÃan más que otros; recibieron una educación especial, pues tenÃa maestras de Piano, Danza, idiomas, costura, canto , y todo lo necesario para ser una dama de sociedad. Crecieron con el cariño de sus empleados, con el cuidado del siempre fiel negrito Manuel, quien para esa época ya tenÃa 18 años y solo habÃa aprendido a leer, como decÃa siempre Armando, la cabra tira al monte.
Cuando Fátima cumplió los 18 años llegó la triste y esperada separación, el momento de sus estudios universitarios; tenÃa que partir a la capital a estudiar para ser maestra como siempre lo habÃa deseado. Su padre, para que sus hijas no lo vean llorar se encerró en su despacho en un gesto que más bien le dio a creer a Fátima que ella no le importaba, pues no se despidió de esta, pero en las noches mientras miraba las estrellas se preguntaba cuál serÃa la suerte que le espere a su hija sola y sin conocer el mundo. Dios guÃale sus pasos decÃa quedamente y dirigÃa sus pensamientos hacia ella.
Sus hermanas sin embargo y a pesar del dolor que sentÃan siguieron su vida cotidiana. Un dÃa llegó un comerciante de licores, el Sr. Esteban del Hierro, era un joven emprendedor pero aunque no era millonario, tenÃa un futuro por delante, Zobeida se enamoró perdidamente de el, lo vió únicamente una vez, pero inmediatamente, quedó prendada por la educación y cortesÃa de este joven, y él al verla, querÃa casarse el mismo dÃa de conocerla; parecÃa un amor loco, pero en realidad no era asÃ. Zobeida era una chica muy centrada y pidió consentimiento a sus padres para verse con el apuesto joven y empezaron una relación muy seria, con planes matrimoniales a un futuro no muy lejano.
Zobeida era una muchacha muy romántica, y cada vez que podÃa le escribÃa cartas o poemas a Esteban, entre tantas cartas, habÃa una que decÃa asÃ:
Siempre es la palabra que identifica este amor
Siempre es el tiempo que deseo que dure
Siempre te quiero conmigo
Pues tu sabes que te querré
Siempre.
Tuya hasta la eternidad
Zobeida
Aunque a Armando no le gustaba la idea del todo, Zobeida continuó su romance con Esteban. Armando mantenÃa la esperanza de que este noviazgo solo sea una ilusión de su hija, y que pronto terminase, pues sentÃa que Zobeida era muy joven para el matrimonio, pero era muy difÃcil ordenar la vida de los hijos, y Armando como buen padre terminó asimilando esta decisión.
En esos dÃas en que la familia estaba llena de mucha agitación un dÃa domingo, Manuel se dirigÃa al pueblo a comprar vÃveres, para la casa, cuando se encontró con Rodrigo, Buenos dÃas vecino dijo este, buenos dÃas señor contestó Manuel y siguió su camino. Es que no te han enseñado buenos modales muchacho; no te han enseñado que cuando un superior te habla debes de escuchar, si mi señor, dÃgame en que le puedo servir. A donde vas? preguntó Rodrigo. Voy para el pueblo señor; ven sube en mi carroza, yo te llevo y asà tenemos tiempo para conversar y conocernos mejor. Si mi señor, dijo Manuel y subió a la carroza de Rodrigo.
Este se portó muy amable con Manuel, regaló una buena propina e incluso entró a la cantina con este como grandes amigos y se tomaron una cerveza juntos. Lleva mi recado a la joven Zobeida, dile que voy a bautizar a mi hija Aura MarÃa, y deseo que ella sea la madrina; dile que me conteste si puede para fijar la fecha del bautizo, pero tienes que avisarme a más tardar el dÃa jueves, puesto que tengo que comunicar a mi esposa, para que se dedique a hacer todos los preparativos. Ya sabes tú, cosas de mujeres; asà es mi patrón contestó Manuel sin saber que con este acontecimiento, empezaba a cumplirse su destino y el de la familia entera.
Manuel llegó esbozando una sonrisa, buenas tardes mi niña, dijo a doña Carmen, que se encontraba cosiendo una sábana. Cómo estás negrito replicó ésta. Patrona, me encontré con el vecino cuando me iba al pueblo y me pidió que le diga a mi niña Zobeida, que si quiere ser su comadre, que va a bautizar a su hija pequeña, y quiere que ella sea su madrina.
UUF, no me gusta ese hombre cerca de mis hijas, pero con el compadrazgo se sentirá comprometido y tendrá que respetar de verdad a mi hija; dile que está bien, que nos comunique con anticipación la fecha, que mi hija estará gustosa de acompañarlo en este sacramento; ve ve de una vez.
En estos dÃas de invierno, el calor es muy pegajoso y húmedo; estaba Armando so pretexto del calor recostado en una hamaca, en su hacienda, cuando llegó su vecino Rodrigo, que a decir verdad, le parecÃan puras exageraciones de Carmen todos los comentarios mal sanos acerca de este caballero.
Vecino buenas tardes; que lo trae por estas tierras; a saludarlo vecino, ya que usted no visita a los pobres, y ambos rieron; aprovecharon el momento de tertulia para brindar un aguardiente producido en la región, luego Armando como todo caballero invitó a Rodrigo a cenar con su familia, él y sus tres hijas, pues para esta fecha su hija mayor ya estaba cursando sus estudios universitarios en la capital y de novia con un estudiante de derecho, que para los gustos de su padre, era muy estirado como solÃa expresarse Armando de su futuro yerno.
Fue una cena más bien en un ambiente agradable. Ya en su alcoba, Armando susurró a su mujer; ves querida son suposiciones tuyas, el vecino es agradable. No marido, para tà toda persona que te acepte tomar esa porquerÃa es agradable; ambos sonrieron y se quedaron profundamente dormidos.
No me gusta la amistad, de Manuel con Don Rodrigo, comentaban las sirvientas de la casa, ya sabes que el es medio atrevido y es igualado, va a pensar que es igual a ese, señor y hasta amable es el negro con el bendito Don Rodrigo, que se traerá ese; para, para mà nada bueno, tu sabes, que Manuel donde alguien le tire un centavo ahà se para de cabezas; él no tiene ley, su ley es el dinero, para ingrato ese negro con lo bien que lo han criado en esta casa, manteniéndole el pico y todo, lo que ha querido; asà es la gente mi amiga, nada bueno esperes de ella, si te pueden hacer daño están felices, si te ven caÃdo te dan palo, y si eres grande te adulan; es verdad, la vida es asÃ.
Oye negro, en que picardÃas te encuentras, es que ya te quieres aparear, o le andas alcahueteando alguna majaderÃa al vecino; mira que su esposa es mi gran amiga, y pronto seremos comadres, dijo Zobeida a Manuel, a quien querÃa como un familiar; no mi niña, nada de andadas, lo que pasa es que don Rodrigo es bien amable y de vez en cuando me regala su cualquier cosita; a propósito, le mandó saludos. Como se te ocurre majadero, aprende a respetarme. No es para tanto mi niña, usted mismo no dice que van a ser compadres?, y asà mismo será si mi Dios no dispone otra cosa, por eso no te permito que hagas ningún comentario sarcástico, porque la verdad negro es que no me gustó nadita el tono de expresión de tu voz, y dicho esto Zobeida se retiró a su habitación , dejando en la cabeza de Manuel un odio tremendo un rencor que en el fondo tenÃa por toda la familia. Qué será esto que siento; la quiero tanto, pero también la odio, y sobre todo cuando me dicen negro, siento ganas hasta de matarlos. Y con estos pensamientos se retiró de la casa y se fue a la cantina del pueblo donde se encontró con Rodrigo, donde empezaron a entablar una supuesta amistad sincera, es que Manuel era un pobre ingenuo e ignorante, como se podrÃa imaginar que un señor como Rodrigo podÃa ser su amigo, solo en su cerebro obtuso podÃa pasar esto.
Mucha amistad Armando tiene Manuel con Don Rodrigo, replicó Carmen, sabes que la otra noche lo habÃa traÃdo hasta la casa borracho, que no podÃa ni andar, Hay mujer cuando tú le tomas tema a algo no hay quien te lo quite de la cabeza, es verdad yo soy asÃ, sabes en realidad Rodrigo nunca me ha terminado de gustar del todo, le veo cara de pÃcaro, serán todas las cosas que escucho de él como que le gusta el trago, que le es infiel a su esposa, ect, etc, asà que no es ningún angelito el bendito. OlvÃdalo ya he dicho, que no quiero escuchar nunca más un comentario de nuestro vecino, que entre paréntesis siempre ha tenido más bien bondades contigo y con toda la familia. Ya duérmete mujer, dijo Armando con un tono de disgusto y le dio la espalda a su mujer en la cama y luego sólo se sintió su ronquido.
Doña Carmita, niña Zobeida, la busca en la sala la esposa de Don Rodrigo, Doña Ma. Soledad, con sus hijitos. Hazlos pasar mujer y prepáranos una limonada, es una tarde muy caliente. Bienvenida vecina, que la trae por aquà dijo Carmen; el interés vecina, el interés y las tres damas rieron.
Verá niña Zobeida la verdad es que el sábado siguiente bautizamos a Aura MarÃa, y Rodrigo y yo queremos que usted sea su madrina, asà que vengo formalmente a solicitarle que acepte ser nuestra comadre. A nombre de Armando y el mÃo propio quiero agradecer por pensar en mi hija en un acto tan importante. Cuente con nuestra aprobación y por ende la de Zobeida, estaremos todos presentes; bueno casi todos, usted sabe que me hija mayor ya está estudiando en la capital y con esto del invierno malo y las carreteras en pésimo estado es difÃcil que pueda venir: en todo caso el resto de la familia estará presente. Gracias doña Carmita, me voy muy contenta, pero sobre todo Rodrigo lo va a estar; sabe, él siente mucha admiración por su hija, mi futura comadre, si ya me estaba poniendo celosa, dijo Ma. Soledad, en un tono que pareció irónico, tanto asà que a Zobeida le resultó incomodo este comentario ya que ella era una niña, y su futura comadre parecÃa una mujer enferma de celos, seguramente por todos los comentarios que hacÃan de su esposo.
Papá puedo llevar a mi novio al bautizo dijo Zobeida; sà hija , el ya es tu prometido y pronto se van a casar, creo que serÃa bueno que ya lo vayan conociendo; que bueno padre, te doy gracias por eso y le dio un fuerte abrazo y un beso a su padre, que siempre habÃa sido muy apegado a sus hijas, pero esta sobre todo le habÃa embebido los sentidos, y es que al describir a Zobeida, la sonrisa de Armando no se podÃa esconder. Es una linda niña decÃa siempre y no se engañaba, es que no sólo su belleza fÃsica hacÃa de Zobeida una hermosa chica, si no su forma de ser , de tratar a la gente, la hacÃan mas hermosa ante los ojos de todos.
Que hermoso vestido hija, donde lo conseguiste, te vas a ver hermosa en ese color azul púrpura. Lo trajo mi abuela madre, ya sabes lo vanidosa que es ella, me dijo que querÃa que fuera la más bonita de la fiesta, y asà va a ser mi hija, vas a ser la madrina más bonita y la más joven, a propósito hija, ve a llamar a Manuel. Manuel no está mamá, cuando llegó la abuela ella me dijo que lo habÃa visto conversando muy animadamente con mi compadre Rodrigo, en el pueblo, No digo yo, ese negro igualado, mucha amistad tiene con ese señor, ya mamá, no empiece con lo mismo, me voy a arreglar, pronto tendré visitas, ya sabe usted, tengo que dedicarme a mis preparativos. Si hija lo sé lo sé.
El dÃa empezó muy caluroso sobre todo con la agitación en casa de los Fuentes, desde muy temprano Ma. Soledad, estaba despierta y terminando cada uno de los detalles que faltaban por solucionar, todo estaba casi dispuesto, a excepción de Rodrigo, que como siempre habÃa hecho su san viernes y habÃa aparecido con el alba. Ya esto es demasiado Rodrigo, dijo Ma. Soledad, no eres consecuente ni siquiera con tu hijita, mira a la hora que llegas y estas todo borracho. No me jodas mujer y cállate ya, me llamas cuando lleguen los invitados, o no, mejor llámame cuando llegue mi comadre, ja ja ja, se rÃo en un tono que a Ma. Soledad le helaron los sentidos, creo que lo mejor que he hecho es nombrar a esa niña comadre, porque conociendo las mañas de este viejo, es capaz de hacer alguna mañoserÃa y valerse de su labia para conquistar a esa inocente, gracias a Dios son niñas de bien , y ya esta de novia, porque este hombre, no se por qué, pero me late que la mira mal.
La agitación en toda la casa era tremenda, por un lado la cocina, todos los preparativos, es que era una comida de banquete digno de una Fuentes, dijo Ma. Soledad, la decoración no era de menos, estaba la hacienda decorada de una manera que parecÃa de cuento, y es que se notaba el derroche en todo su punto, las flores: gardenias , alelÃes, orquÃdeas, etc; los centros de mesa, la cristalerÃa, las copas, las vajillas, los recuerdos del bautizo, en fin todos los detalles habÃan sido escogidos con muy buen gusto. Era una fiesta como pocos, y por supuesto la crema y nata del pueblo eran los únicos invitados.
La recepción empezó a la hora indicada, y comenzaron a llegar los invitados haciendo gala de la elegancia caracterÃstica; a las damas parecÃa que la orejas se les caà de tanto oro colgado, en algunos casos en orejas que más bien parecÃan un chicle mal mascado. En fin la recepción marchaba de acuerdo a lo planeado por Ma. Soledad.
Llegó el párroco! Mujer, dijo Rodrigo a su esposa; hizo un llamado de atención a los invitados y empezaron la ceremonia religiosa. Los padrinos al lado de la aijada empezó diciendo el sacerdote, enseguida Zobeida y el papá de Ma. Soledad se pusieron de pie, y le colocaron la mano en la cabeza de Aura MarÃa, de acuerdo a la solicitud, del sacerdote, la ceremonia fue llevada de una manera muy solemne; luego de la misa, se solicitó a los invitados que pasasen al salón que se habÃa dispuesto, para la cena y luego el baile, a comentarios que se escuchaban de veteranas que van solo a comer y a criticar era una fiesta como pocas , con mucha abundancia y un gusto de reina, es que Ma. Soledad se habÃa esmerado en cuidar todos y cada uno de los detalles, el banquete fue de primera, sirvieron langostinos a la termidor, langosta en salsa de champagne, pavo en ciruelas, arroz mediterráneo, medallones de ternera, etc, y una variedad de postres tropicales, en fin todo estaba como debÃa de ser. Rodrigo era un hombre muy espléndido con sus invitados y el derroche se hacÃa notar, pero también la impertinencia de Rodrigo que se pasó toda la noche queriendo bailar con la comadre, dejando a su mujer como una plasta en la mesa, y al novio de Zobeida con los ojos desorbitados, toda la noche esperando con las manos sudorosas a ver a que hora soltaba el bendito compadre a su novia, para poder bailar con esta.
Esta actitud, terminó molestando mucho a Doña Carmen, que en realidad, tenÃa tema con Rodrigo; fue tal su disgusto que no pudo disimular y sacó a su hija por el hombro dejando parado en el centro de la pista a un Rodrigo avergonzado.
Manuel , grito Carmen; donde se ha metido ese maldito negro? que tengo como una hora llamándolo. No señora, el negro salió muy temprano en la mañana, dijo que iba a hacer unas diligencias del patrón y que iba a llegar en la noche. Buena está la cosa, éste se va sin avisarme, ya va a ver cuando llegue, va a saber que hacer cuando le toque salir.
Madre, madre, escribió mi hermana, dice que va a venir a pasar juntas con nosotros la semana santa; ¿que te parece madre?, estoy feliz; asà nos podremos reunir toda la familia. Sabe madre, Fátima nos hace mucha falta, tu sabes que aunque ella siempre anda renegando, y ordenándonos que hacer nosotros hacemos mucho caso de lo que ella nos dice; asà es hija, Fátima es una chica muy centrada y buena. Ojalá no esté sufriendo mucho por la ausencia de sus hermanas.
Mientras tanto en el pueblo Manuel caminaba sin zapatos por las calles polvorientas del pueblo, habÃa terminado de hacer las gestiones encomendadas por Armando, estaba dispuesto a regresar a casa, pues era un dÃa de sol muy fuerte que lo tenÃa apesadumbrado cuando escuchó una voz que más bien le pareció un murmullo. Manuel shhhh Manuel , ven acá, Don Rodrigo que hace por acá, Manuel quiero conversar contigo, dÃgame para que soy bueno. No amigo, ven te invito a que comas algo; esta bien don Rodrigo vamos.
Manuel, la verdad es que en este tiempo que te he tratado, te has ganado mi confianza y quiero que tu también confÃes en mÃ; gracias don Rodrigo dijo Manuel muy contento con la hazaña, pues para el cerebro estrecho del negro creÃa que estas palabras eran ciertas. No Manuel por favor dime Rodrigo nada de Don.
Yo veo Manuel, siguió diciendo Rodrigo, que tu eres un hombre joven que has de tener muchas necesidades, y quiero que no pases ninguna; acepta este pequeño obsequio de tu amigo que te quiere como el hermano que nunca tuvo y que ha llegado a quererte y estimarte por lo buena persona que eres. Gracias Rodrigo, la verdad es que yo nunca he aceptado nada de nadie pero tu eres un gran amigo dijo Manuel y se metió al bolsillo el fajo de billetes que Rodrigo habÃa pasado por debajo de la mesa. Eso sÃ; no le comentes a nadie nada, ya sabes que la gente es envidiosa, ni siquiera a tu familia, vayan a creer que yo quiero algo de ti; no te preocupes Rodrigo, esto es entre tu y yo.
Cuando Armando regresó a su casa y no encontró a Manuel en realidad se preocupo mucho pues este llevaba el portafolio con sus documentos y a la cuenta tenÃa que haber llegado hace muchas horas ya. Ese negro está muy mañoso mujer, yo creo que ya hay que largarlo de la casa y no permitirle tantas impertinencias, No te preocupes mi amor, deja, que cuando tenga alas, ya volará, y se ira de esta casa, no lo eches por favor, piensa en que su madre me crÃo a mi con mucho amor, y yo le hice una promesa a ésta en su lecho de muerte, si solo por eso es que no lo largo a patadas de esta casa. Porque yo a esa edad ya tenÃa alas, este cumplirá cien años y nunca le saldrán las alas, yo que fuera, casa y comida gratis. Por Dios Armando no empieces.
Patrón me andaba buscando, donde te has metido negro hijo de puta, dijo Armando, yo me demoré con Rodrigo Fuentes; es que encima eres alevoso altanero, el para tà es Don Rodrigo, no señor el es mi amigo y sabe tratar a la gente, no es como otros y que tanto escándalo patroncito si ya estoy aquÃ. Lárgate de mi vista no quiero verte negro cochino. Fuera he dicho, y ya que eres tan valiente ya es hora de que vayas buscando casa porque esta te está quedando demasiado grande.
Que tanta amistad mi amor del negro con Rodrigo, la verdad es que ya no me está gustando nada la cosa, si me lo encuentro en el camino voy a conversar con el señor Fuentes, parece que hay que enseñarle que los negros son negros y que no hay que darles mucha amistad; hazlo si puedes a mà tampoco me gustan esas cosas terminó diciendo Carmen, y Armando se despidió con un beso.
Los dÃas transcurrÃan lentos para la familia, pues estaban muy ansiosos con la llegada de Fátima, que venÃa con su novio y todos tenÃan muchas ganas de conocerlo; bueno casi todos, porque Armando era muy celoso con sus hijas, pero esto se le tiene que pasar decÃa Carmen, pues todas se van a tener que ir, y aunque a mà tampoco me gusta la idea que mi hija se case con un desconocido tengo que dar gracias a Dios que se ha fijado en un hombre que pronto será un profesional y que pertenece a nuestra misma clase social.
En la cocina se tejÃan una serie de comentarios entre las empleadas de la casa pues últimamente habÃan visto a Manuel con más dinero del acostumbrado y con aires de patrón. Qué le pasará a este tipo se preguntaban, y además de donde ha sacado esos amigos, yo nunca se los habÃa conocido, eso mismo digo yo niña, sin contar las tantas noches que ha llegado borracho, el muy sinvergüenza.
Manuel, dijo Graciela, vino el empleado de Don Rodrigo, y dijo que te esperaba a las 3 de la tarde donde tu ya sabes. Cuéntame negrito, en que cosas te hayas, no hagas tonterÃas, tu sabes cuanto te quieren en esta casa, si lo sé (dijo entre dientes Manuel,) tanto como yo los quiero a ellos, uhh, razón tiene el patrón de tenerte desconfianza si eres el mismito demonio, mira como te ha criado doña Carmen, y tu le pagas con desprecio. Yo por eso ni perros recojo de la calle para no sufrir desengaños. Hay negra no te hagas, como si no supieras que ellos me tienen aquà como un peón, hazte la tonta , que aquà me quieren como te quieren a tÃ, para el servicio y punto. Ya cállate, si preguntan por mà diles que me fui al pueblo, está bien; si Manuel esta bien, si hasta te pareces Don Armando para hablar, y sabes hijo, que Dios te bendiga.
Manuel se reunió con Rodrigo en la taberna del pueblo como ya lo habÃan tomado de costumbre, pues el negro habÃa cogido muchas mañas y le encantaba el trago. Manuel cada dÃa iba enterando a Rodrigo de las actividades de la familia y como este manejaba muy bien el don de la palabra era más fácil envolver a un ignorante como Manuel y asà sabrÃa detalle a detalle como se desarrollaba un dÃa en la familia de Armando y Carmen.
Llegada la noche Rodrigo pensó para sÃ; pero qué es lo que me pasa, cada dÃa estoy más obsesionado con Zobeida; qué me ha hecho esa chica que no me la puedo sacar de la cabeza, si es que la deseo como un loco, no puedo dejar de pensar en ella, y juro por lo que sea que va a ser mÃa, no voy a permitir que ella se case, lo juro.
Zobeida sin imaginarse los obscuros pensamientos de su compadre, seguÃa preparando los detalles de su matrimonio; como todo se estaba planificando sin prisa, habÃa tiempo para cosas, como cajitas de fósforos, y cigarrilleras, que eran tejidas a mano por la propia novia, y su madre que de tarde en tarde la dedicaban a planificar y organizar todo lo referente a la boda.
Buenas tardes dijo Rodrigo a Don Armando, bienvenido vecino , que lo trae a mi oficina; a Armando se le hizo muy raro ver que Rodrigo fuera a su oficina en el centro del pueblo, la pura curiosidad. Armando replicó Rodrigo, sólo pasaba cerca y quise saludarte, te invito a tomar algo, una cerveza frÃa o un cafecito calientito; qué te apetece?, bueno como esto es un milagro nos vamos temprano hoy y nos tomamos un cafecito, la cerveza la dejamos para un fin de semana ¿que te parece?.
Trabajas mucho Armando, hasta que hora sabes quedarte, la verdad es que mi familia se va a asombrar pues siempre llegó como a las 8 de la noche, nunca en mi vida he llegado antes, salvo cuando las niñas eran pequeñas. Si alguna estaba enferma o algún motivo en realidad que fuera importante. Ósea que tu llegas después de las 8 de la noche, repitió Rodrigo, y ¿durante el dÃa con quién queda tu casa?, tu sabes que ahora hay mucho malandrÃn y ellas son solo mujeres indefensas. En la casa siempre están las sirvientas y en las tardes está Manuel, yo he criado a ese negro y lo menos que puede hacer es cuidar de la casa. Y esa preocupación Rodrigo por mi familia, porque que yo sepa tu esposa también se queda en las tardes solas, No Armando es simple curiosidad, solo por tener de que conversar.
Cuando llegó Armando a su casa sà le causó asombro a su esposa, ¿qué vientos te traen a esta hora?, o es qué pasó algo? No mujer, fue que Rodrigo pasó por la oficina y me salà a tomar un café con él y luego vinimos a casa, como nunca llegas temprano. Ya mujer ya basta de reproches, si llegó tarde que llego tarde y si llego temprano también, quién te entiende a tÃ.
Manuel, Manuel, que pasa patrón acompáñame a mi oficina quiero que me ayudes en unas diligencias dijo Armando. Está bien señor, vámonos cuando quiera. De regreso a casa de Manuel se encontró con un Rodrigo que estaba al acecho. ¿Por qué tanta prisa mi hermano?, voy a dejar estos documentos a la casa. Y qué es eso? es una carta de la niña Fátima que viene en un par de semanas y todos están alborotados pues van a presentar a los novios de las chicas. A qué novios? dijo Rodrigo; a todos los enamorados de las niñas, va a ser una reunión de toda la familia, solo la familia dijo el negro en tono irónico. Ah no, dijo Rodrigo, a mà me mandas el chisme entero o no te dejo ir; vamos que tengo un regalito para ti. Vamos Rodrigo, por eso es que me caes bien, tú si entiendes a los amigos, y dicho esto Rodrigo puso su mano sobre el hombro de Manuel y caminaron juntos a la cantina.
Cuéntame de que reunión y de que novios me estás hablando. No es nada de fiesta patrón, es únicamente que con la llegada de Fátima de la capital Don Armando desea que todas sus hijas, es decir las mayores que están comprometidas presenten a sus novios entre sÃ, para que cuando lleguen a casarse puedan llevarse bien entre todos, y que lo de los noviazgos va en serio, por lo menos el de Fátima y Zobeida sÃ.
Para Rodrigo fue como que le clavaran un puñalada en el pecho, no eso no puede ser dijo en voz alta; ¿pero que te pasa Rodrigo?; Manuel, tengo que confesarte algo, pero primero júrame por la memoria de tu madre, que no vas a decir nada, tu sabes que soy una tumba, puedes confiar en mÃ, asà que te juro que no diré nada de lo que me vayas a decir.
Mira Manuel desde que conocà a Zobeida no se que me pasa; he perdido los sentidos, no pasa un momento de mi dÃa que no la piense. Sabes tengo sueños con ella, ya sabes que tipos de sueños, y todo tipo de pensamientos desde los más puros a los mas impuros, sabes que si yo supiera que le gusto aunque sea un poco no me importarÃa nada y me irÃa con ella, a donde sea, no me importarÃa perder mi fortuna, mi familia ni nada. Ya ha llegado mi vida a un momento donde solo pienso en ella. Y quiero proponerte algo.
Mira yo se que tu eres el hombre de confianza de la familia, yo deseo conversar con Zobeida, para expresarle mi amor y juntos tomar una decisión porque ella debe de saber lo que yo siento por ella. Y si no te acepta?, no me importa pero no puedo permitir que ella se case sin yo decirle lo que siento por ella. Quiero planificar contigo una tarde donde estén solas ellas, sin la servidumbre para poder ir a la casa, yo irÃa con unos trabajadores, para entretener a la vieja y las chicas, como si fuera a ver sus sembrÃos y la abordo a ella; tú me servirás para avisarme que no haya nadie, coordinar la hora en que debo ir, y detalles que iremos viendo de acuerdo al desarrollo de nuestro plan. Sabes, a veces yo siento por tus palabras como que tu odias a esa familia, y yo yo si los odio dijo Rodrigo (engañando a Manuel, para lograr su objetivo), porque yo te estimo mucho a tÃ, y yo sé que ellos no te quieren, si no que te tienen como un criado, según las propias palabras de Armando y sus hijas. Rodrigo esbozó una sonrisa cuando notó el semblante de Manuel, y fue sembrando la cizaña en él poco a poco, para lograr su objetivo.
El plan de Rodrigo según Manuel era llegar de sorpresa a la casa y entretener a Carmen para que el enamorado pueda hacer su confesión, es que qué conveniente serÃa para Manuel que la niña se fijara en su compadre, tendrÃa la vida hecha con las propinas de éste.
Carmita, dijo Armando a su mujer sabes que voy a tener que salir del pueblo por un par de dÃas, tus sabes lo malo de los caminos, me voy a ir un dÃa antes a la ciudad para esperar a mi hija y su novio, y vengo el domingo en la tarde, tu sabes que ya estoy viejo y no tengo las mismas fuerzas de antes. Pero hombre, no es necesario que tu vayas, por qué no envÃas un mensajero de tu oficina, no, y que el novio de mi hija piense que ella es una botada y que su familia no la quiere, eso no mujer, tú sabes que mis hijas son lo más importante en mi vida. Es solo un par de dÃas, ya le voy a decir a ese negro de mierda que no se puede mover ni un segundo de la casa que no las puede dejar solas. Está bien está bien Armando, dijo Carmen, aunque no me gusta quedarme sola.
Manuel te busca el capataz de la hacienda de al lado dijo una de las sirvientas que estaba muy ocupada matando una gallina. Que pasa mi pana, dijo Manuel, qué traes. Me dice mi patrón que no corras lámpara y que vayas de urgencia que tiene que conversar contigo, dile a Rodrigo que a las 3 de la tarde nos reuniremos donde siempre.
Llegada la hora, Manuel dijo en casa que tenÃa que hacer unas diligencias y salió, se encontró con Rodrigo en el sitio de siempre, la taberna, pues el licor, y el dinero que daba Rodrigo tenÃan convencido a Manuel de la gran amistad, que éste le profesaba.
Que dice mi amigo dijo Manuel , ¿qué es lo que pasa?, nada Manuelito, lo que pasa es que me he sentido solo y querÃa a mi amigo para conversar. Sabes, he tenido un poco de problemas con el sembrÃo del arroz y es probable que pierda parte de la siembra. Eso si es grave y ¿que piensas hacer?, esperar a ver como termina este invierno de lo contrario perderé. Y tu hace dÃas que no te has dejado ver; si es que con el viaje del patrón, me cargan en corre corre. A ver cuéntame eso de que viaje me hablas, que parte me pierdo que no me has contado. Ah; ¿es que no sabes?, que como viene Fátima el patrón se va a pasar dos dÃas fuera y la va a recibir a la ciudad, entonces yo tengo que quedar al frente de la familia para cuidar la casa y a las mujeres. Pero es la mejor noticia que he oÃdo en mi vida, ahora si que tengo fecha para mi plan, pero tengo que contar en un cien por ciento contigo. Tú nomás me dices para que soy bueno y punto.
Mira Manuel yo no sé perder y yo voy a hacer que Zobeida sea mÃa. Pero cuéntame ¿cómo es eso?, que no me vas a decir que ¿nunca has sentido deseo carnal por una de las niñas?. A decir verdad Rodrigo sà y muchas veces, si supiera lo que siento cuando Angela se acerca o por descuido ha tocado mis manos , cuántos sueños he tenido con ella. Pues te la mereces Manuel, o es que acaso tu no has entregado tu vida entera a esta familia, o es que tú no serÃas un buen esposo para cualquiera de ellas, no te sientas menos por el hecho de ser negro, no puedes perder el derecho de amar, hagamos realidad nuestros sueños, hagamos nuestras a las mujeres que amamos, luego tendrán que casarte con ella. Dichas estas palabras por Rodrigo, pensó Manuel que este tenÃa razón y que el era suficiente hombre para Angela, asà que prometió a Rodrigo que lo ayudarÃa, pero Rodrigo yo no quiero hacerle daño a las chicas y menos a Angela, pero mi amigo yo menos que nadie quiero hacerles daño, únicamente les vamos a profesar nuestros sentimientos, no te parece justo que ellas sepan que las amamos, imagÃnate que Angela también te ame, pues ella ni novio tiene, es cierto te ayudare a entrar a la casa y le confesamos nuestro amor a las chicas y si nos quieren nos las llevamos, vistes que entendiste muy bien mi plan, si yo siempre he dicho que tu te desperdicias en esa casa, pues eres un hombre muy inteligente; inteligente pensó Rodrigo, si era la ingenuidad y brutalidad en persona, mira que imaginarse que una de las niñas lo pueda querer, negro para pendejo.
Estas noches han sido muy feas Zobeida, dijo Carmen a su hija, he tenido pesadillas, y la verdad es que no la he pasado muy bien que digamos. A mà madre, me ha pasado igual; yo también he estado muy nerviosa, debe ser por la llegada de Fátima, madre, ya deje de estar nerviosa, que a usted, lo que le pasa es que está triste porque papá se va, pero son solo dos dÃas, asà que vamos a arreglar la casa linda para esperar a mi hermana.
A Armando también lo tenÃan nervioso los acontecimientos, el solo hecho de alejarse de su casa y dejar a las mujeres solas, lo ponÃa intranquilo, conocer a su futuro yerno era otra cosa que no le encantaba del todo, pero le habÃa prometido a Fátima que él en persona la iba a recoger y asà lo harÃa, él nunca faltarÃa a una palabra dada a sus hijas.
La semana, transcurrió sin contratiempos, todo estaba en completa calma, y Manuel habÃa dado muestras de que se podÃa confiar en él, pues se habÃa comportado muy bien y más bien muy complaciente con todos, cosa que pareció raro a Carmen, pero para no contrariar a Armando no le comento nada, sin embargo todos tomaron esta actitud como una muestra de lealtad a su patrón que le habÃa pedido que ponga sus sentidos en el desenvolvimiento de la casa mientras el no estaba presente.
Rodrigo llegó a su casa esa tarde más temprano que nunca, y encontró a su mujer conversando muy quedamente con su mamá. En qué secreteadera te hayas mujer, que te veo con una actitud muy sospechosa, Es cierto que se casa la comadre Zobeida?; eso dicen contestó Rodrigo en un tono más bien displicente, y a ti que mosca te picó por qué contestas asÃ. Ya mujer, vengo muy cansado para tus sensibilidades, sà ; y contesto como me de la gana, más claro lárgate de mi vista, y hazme una limonada frÃa, y por Dios lárgate, que no quiero ver a nadie, está claro, y eso va con usted también querida suegrita. Y ambas mujeres salieron refunfuñando de la habitación.
Tengo que planificar todo bien, no deben sospechar de mÃ, pensaba Rodrigo, y ya muy tarde en la noche montó en un caballo y salió de su casa.
A esas horas Rodrigo habÃa citado a los hermanos Mendoza, conocidos en el pueblo por su mala reputación, tenÃan fama de ladrones, criminales y violadores, en realidad no eran ningunos angelitos.
Que dice jefe dijeron a Rodrigo, ¿está todo preparado?, sà señores, y como es la paga, cincuenta por ciento antes de irnos a la hacienda, y el otro porcentaje terminado el trabajo; si encuentran algo en la casa que les guste podrán tomarlo, asà tendrá más apariencia de robo. ¿Hablaron ya con Macario? sà jefe, el llega mañana como a esta hora, sin embargo, usted sabe se han hecho unos gastitos de viáticos, y comida y hotel. Qué hotel ni san carajo, si aquà solo hay posadas y de mala muerte, no se traten de pasar de vivos, un trato es un trato y no se hable más del asunto, de lo contrario contrataré a otros; ustedes saben a cuanta gente le gustarÃa trabajar para mÃ.
Armando se despertó esa mañana con una sensación de angustia, pensó en su mujer y en sus hijas que estaban solas, y creyó que eran los nervios de saber que su primogénita venÃa en calidad de novia, y ya pronto se irÃa para siempre de la casa.
Por su parte Carmen se levantó muy temprano en la mañana, dispuso arreglar la casa y se sentó a rezar, rezaba para que su hija llegará con felicidad, que su esposo futuro sea un buen hombre, pues ellos habÃan sabido criar a sus hijas, y eran chicas que valÃan la pena para cualquier hombre, y cualquier familia se pudiera sentir orgullosa de emparentar con ellos.
Manuel dijo Carmen, dónde anda ese muchacho?, Manuel no amaneció aquà doña Carmen, yo creo que anda borracho, qué vergüenza; si a veces tiene razón Armando en reprenderlo tanto.
Ese dÃa estuvo lleno de ajetreo entre preparar las habitaciones, escoger la comida que se iba a servir, lavar las vajillas, y ese tipo de cosas, se fue pasando el dÃa.
Mientras tanto en la ciudad Fátima bajó del tren de la mano de su futura suegra una señora muy bien puesta y elegante , y un joven que más bien tenÃa facciones de niño, pero muy educado en su trato; al momento de conocerse con su futuro suegro hubo mucha empatÃa entre los dos. Hija querida abrazó Armando a Fátima, por fin te veo, Papito, que lindo estar con usted nuevamente, tiene todo preparado, no quiero perder ni un momento, aquÃ, quiero ver a mi madre y mis hermanas, además la Señora Milagros, tiene muchas ganas de conocer a mi madre, le he hablado tanto de ella y de su rica comida, que estamos muy presurosas por llegar a la hacienda. Hija yo he pensado que mejor pasemos la noche aquà puesto que llegarÃamos ya muy tarde; papá si partimos ahora llegaremos como entre las siete de la noche, y con suerte más temprano. Si doña Milagros y tu novio están de acuerdo nos iremos enseguida, pero eso sÃ, los invito a almorzar primero, puesto que yo tengo mucha hambre y a usted mi niña la noto muy delgada, ya empezó papá usted.
El almuerzo entre Armando, y su futura familia fue de lo más cordial y amable, luego se subieron en el tren y Armando se quedó profundamente dormido. Cuando de pronto se despertó de un tremendo susto, que casi se le sale un grito. Todos los que iban a su lado se sobresaltaron igual, Papá grito Fátima, que le pasa, Por Dios hijita dame agua, tuve una pesadilla terrible.
Papito, dijo Fátima llorando fue un mal sueño, vuélvete a dormir que ya estamos prontos a llegar. Armando cerró sus ojos, pero no durmió esta vez, sino que empezó a orar para si mismo, el resto del viaje fue eterno para él.
Rodrigo por su parte, salió muy temprano de su casa, se despidió de su mujer y le dijo, hoy realmente voy a conocer la felicidad, no me esperes, en realidad no se cuando regrese. Ma. Soledad, pensó que este se habÃa levantado todavÃa borracho y se entró a su casa a atender a los niños, es que Rodrigo era un caso perdido; seguramente andaba con una nueva conquista.
En la cabeza de Rodrigo habÃa un sin números de pensamientos malsanos, el amor que sentÃa por Zobeida era tan fuerte que no lo podÃa controlar, y esa pasión desmedida, que le habÃa hecho esta mujer, que todavÃa parecÃa una niña, para hacer sentir asà a un hombre como él un hombre que habÃa conocido todos los placeres de la vida, que sentimientos son estos, Satanás, dijo y se rió, pero ella va a ser mi mujer, lo juro, me la voy a robar y me iré con ella para siempre; como usaremos las máscaras nadie nos reconocerá, y me la llevo a Zobeida tan lejos, que cuando despierte, creerá que la he salvado y para recuperar su honor diré que me haré cargo de ella.
Estos pensamientos lo tenÃan tan ocupado, que se le pasó el tiempo inmediatamente, y llegó al sitio que tenÃa previsto encontrarse con Manuel y los hermanos Mendoza.
Patrón , que le pasó que se atrasó, pensamos que se habÃa arrepentido, ja ja ja; eso nunca y tú negro, estás arrepentido, todavÃa tienes tiempo de largarte, e ir corriendo donde quien te quiere como una madre (ja ja ja ); lindo cuento que le echan a los bobos. Yo nunca, además usted sabe que yo no los quiero si no que los odio y yo quiero llevarme a Angela para casarme con ella. Rodrigo para sus adentros pensó en lo ingenuo que habÃa sido este negro, creyendo en matrimonios y en igualdad, pero tenÃa que utilizarlo era su llave de entrada en la hacienda de la familia.
Los hermanos Mendoza llevaron , sus pistolas, machetes y un arsenal, de cosas, Para qué tantas armas, dijo Rodrigo, por si las moscas mi patrón, es solo prevención; trajeron también la gasolina, ya saben que hay que quemar todas las evidencias, y no olviden algo, roben todo lo que puedan eso es un extra de la paga, y además, asà parecerá que el móvil era el robo, y culparán únicamente a este negro bruto, Y les vuelvo a advertir, no toquen a las jóvenes no hasta que yo empiece, y rÃo maliciosamente.
Corrió un frÃo estremecedor, hizo que a Carmen se le ponga la piel de gallina, hay hijas les dijo a las chicas, tengo un mal presentimiento. No diga nada mamá yo ando igual dijo Zobeida, y tu hijita porque te has puesto tu vestido blanco; no se, fue lo primero que encontré mamá, además debe
muy largooooooooooooooooooooooooooooooo,leo cuenots de autores nuevos en la pagina,pero este es largooooooooooooooooooooooooooooooooooo,no puedo terminarlo!!!!Pero lindo aleli