Tú que surcas las aguas del mar de mi quimera,
delfín de sueños, bólido de plata
que encallaste en la orilla donde quedé varada,
donde un golpe de viento arrancó mis aletas
y rodeaste las rocas con su alfombra de musgo,
has traído a mi piel
el sabor olvidado de mares ancestrales
y el brillo de unos ojos, espejos de sirenas.
Del fin del Universo llegaste una mañana
a la deriva,
tu brújula perdida en las galaxias.
Los aires envolvieron nuestras almas
en ansiosos rumores de magia y de belleza
y un perfume salitre nos embriagó de paz.
Navegamos sin vela, sin quilla, sin timón,
dejándonos llevar al son del oleaje,
donde quiso la brisa,
al antojo de estelas de la luna en el agua.