Los títeres de la vida
Escucho sus pasos cada día, cada noche, como si fuese la vez primera; pasos que no dejan huella pero que se adivinan, se intuyen; pasos que se oyen en un prodigado susurro arrastrarse, lentamente, como el largo y escalofriante reptar de una serpiente. Es un misterio, lo sé, pero han hollado mi casa otra vez, vienen y van interminablemente, suben o bajan por las paredes…y, al final, desaparecen como el humo en el cielo gris del otoño, sin un rastro definido de a donde se van o dónde termina su deambular.
¿De quién son esos misteriosos pasos? ¿De dónde proceden tales huellas que no veo pero sé que están ahí?... Tal vez vuelva a ser testigo de las andanzas de esa marioneta espectral que una vez construí y que luego la aparté del mundo, confinándola en lo más oscuro y profundo del desván de los Despojos para que nadie la viera jamás.
Sé que ha regresado, que sigilosamente me está acechando y ahora empezará su vengativa actuación. Con danzarines pasos confusos y errantes, como una pluma al viento, se me va acercando o se aleja de mí impulsado por un artificio de guiñol oculto, con decisivos tirones de unas cuerdas invisibles que prodigan un loco frenesí desconcertante, que me levantan dolor de cabeza abocándome a perder el poco juicio que aún me queda por perder. Parece que se aproxima la hora, y en sueños me atacará y tal vez acabe conmigo por haber sido un mal padre, un perfecto y distraído hacedor de marionetas que luego las deja a su destino en el más completo abandono, en un olvidado rincón…de la memoria.
Y de pronto una risa demoníaca y ufana suena con eco distorsionado en los más inverosímiles rincones de mi habitación y que parece que cuelga del techo como rancias telarañas olvidadas; es la risa que mi propia casa esgrime como el crujido de la vieja madera húmeda que se va secando y que parece que también va riendo la gracia. Y esa risa después parece que se trastoca en llanto, tras pasar el pequeño puente que va de un paso a otro…, de la euforia a la venganza, de la venganza a la compasión.
A veces me pregunto para qué invierto mi tiempo en construir tales seres ingratos que luego se revelan contra su padre y autor como si fuese éste el causante de todos los males que luego sufrirán en este mundo. La vida está llena de cosas... ¡buenas y malas!, es razonable atribuir aquello que no les gusta a quien los trajo aquí para que tuvieran ese principio de discernimiento. Y luego resulta inevitable verter la terrible jarra fría de la culpabilidad en quien los modeló y unió sus miembros con los hilos de la vida por el mero hecho de no haberles preguntado si querían venir a este mundo o no… Les gusta descargar toda la rabia que ha ido inflando sus cuerpos como globos a la deriva en el barco del viento, y mover con ello las nubes que ciegan las miradas y las que enervan la mente, barrer de un soplido el oscuro lienzo donde se ha dibujado su efímera creación.
© J. Francisco Mielgo 24/10/2005