Devuelveme todos los suspiros que me robaste, que sin ellos he dejado de endulzar mi alimento.
Quiero que cada latido mio azote tu alma, torture tu conciencia, taladre tus pensamientos, que la paranoia se apodere de tí. Sí, me fascinaría mirarte en ese estado en el que no pudieras controlar tu propio ser, que no pudieras evitar que los planetas te caigan en la cabeza. Y te aseguro que hasta la más dulce melodía será terriblemente insportable para tus oidos, pues serán como gritos desgarradores que no te dejaran dormir...
Sí, sigue riendo... no serás el último que lo haga.