Se pasó toda su vida creyendo que él la entendía.
Se pasó toda su vida imaginando que él leía sus versos. Y a cada frase le puso un punto de amor y entrega casi imperceptible. Y se pasó toda su vida creyendo que él sí lo percibía.
Se pasó instantes bellos soñando con que sus palabras eran brazos fuertes para sostenerlo. Que los acentos que ponía le acentuaban su afecto hasta el mismísimo alma. Se pasó la vida divagando y emocionándose con cada detalle que fue llegando, un nombre, un color, una imagen, un motivo, una persona, una añoranza, todo era recuerdo, todo le recordaba. Se decía para sus adentros: él me entiende, él me escucha, él me cree, la discusión no fue tan grande, él me perdona, él me ama.
Se pasó toda su vida suspirando, besando con palabras el corazón que no podía traducir en labios para besar. Se pasó todo su tiempo, todos sus momentos, todas sus fuerzas y todas sus esperanzas creyendo que su sombra llevaba el nombre de su persona amada. Y en las pausas de su vida se repetía con ganas: él me sueña, él me necesita, él me llama.
Y un buen dia, conoció a una bella persona y al mirarle a los ojos sintió miedo, sintió desequilibrio en su escondida esperanza y con pavor lo rechazó de su lado y se gritó en silencio: él me espera, él me ansía, él me añora, yo sé que él vendrá, he de esperarle, soy su esperanza.
Y así transcurrió el tiempo y en su mundo se aposentaron en soledad sus dulces brotes de palabras de amor hacia él, de caricias de versos en su mirada y llegado el ocaso de su vida, fue entonces cuando vió una gran luz de verdad, una infinita lección de sabiduría y de humanidad.
Y la encontraron como dormida, postrada en su cama, en su mano sujetaba un papel y su rostro mostraba un extraño gesto de dolor. Porque en aquel papel, humedecido por las lágrimas aún podía leerse:
"Amada mía, acabamos de discutir y es la última vez que lo hacemos. Cuando leas esta carta yo ya estaré lejos. Contigo no soy feliz. No logro quitar de mi cabeza a aquella mujer de limpia sonrisa que me encendió la mirada. Es más fuerte que yo este sentimiento y necesito marcharme, la necesito a ella, es a ella a quien quiero con toda mi alma". Un día me olvidarás y serás feliz.
Junto al lecho de muerte un joven cartero con cara asustada no dejaba de decir:
Sé que 30 años es mucho tiempo pero debió de quedarse en el fondo de alguna saca, ya se sabe, a veces el correo... se retrasa.
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No pasemos la vida deseando lo que vive en el fondo de una saca.