Nadie me quiere, la escuche decir aunque creo que estaba dormida o medio adormilada, a decir verdad se notaba que estaba hablando entre sueños ya que el cansancio habÃa hecho mella en su humanidad después de haber tenido una jornada bastante difÃcil ya que siempre trataba de ser algo cercano a la perfección. Claudia a la que todos cariñosamente nos referÃamos como Claus, se habÃa quedado dormida en el asiento posterior del “Todo Caminoâ€.
La música del CD dejaba escapar las románticas notas de la melodÃa “A través de los años†y la misma habÃa contribuido a arrullar su sueño.
Solo quedaba en su reciente recuerdo todas las actividades de investigación que su grupo desarrollaba en los lÃmites de la selva que lindaba con la costa dejando una amplia franja de dunas arenosas.
En otras condiciones hubiera preferido rodar a 150 kilómetros por hora por las rectas y seguras carreteras del norte del paÃs pero en esta ocasión habÃa sido comisionada al frente de un grupo de cuatro cientÃficos para realizar una investigación sobre la vida silvestre de la fauna cuyo habitat lo conformaba precisamente esa franja costera.
El campamento lo habÃan establecido entre la ciudad más cercana y el lugar de investigación ya que deseaba que el grupo cayera en las tentaciones propias de las grandes ciudades, aunque en esta ocasión se trataba de una más bien pequeña ciudad costera. Por principio de cuentas ella encabezaba al grupo y era responsable de desarrollar el proyecto que patrocinaba la firma automotriz más poderosa a nivel trasnacional. Esta responsabilidad era un honor derivado de sus trabajos anteriores asà como su trayectoria a través de la carrera universitaria y posteriormente en la maestrÃa en Ciencias Biológicas con especialidad en fauna silvestre. Sus pasatiempos favoritos la mantenÃan ocupada en actividades de Restauración de antigüedades con especial gusto sobre arte sacro sobre todo en lo referente a pinturas y a esculturas. Esta actividad la desarrollaba en cuanto sus responsabilidades de investigadora le daban un respiro de modo que su gran pasión la dividÃa entre su pasatiempo como restauradora aficionada, según ella misma se describÃa, y su responsabilidad de investigadora que tenÃa un grado como la principal guÃa de su existencia.
La primera actividad le permitÃa viajar por el pasado haciendo transportar su imaginación al presente y la segunda le daba oportunidad de planear el futuro.
SentÃa especial predilección por el mar, en alguno de los viajes que planeo su padre llegó a aburrirse al grado que casi todo el camino se la pasó dormida en el asiento trasero y ni las transmisiones de las radiodifusoras que de ez en cuando sintonizaba el aparato del automóvil y que en realidad eran muy pocos minutos lo cual sucedÃa solo unos cuantos minutos, solo diez kilómetros antes de llegar a alguna ciudad pequeña que contara con radiodifusoras locales y la misma distancia después de pasar la localidad, de modo que ni las melodÃas de los grupos de moda mantuvieron su atención. El viaje en realidad resultó un tanto harto aburrido ya que además de la distancia que estuvo Ãntimamente relacionada con las largas horas que estuvo literalmente inmovilizada en el poco espacio que dejaban sus dos hermanas mayores que por razones de seguridad no se les permitÃa viajar en el asiento delantero aunado todo esto a que casualmente su papá solo habÃa tomado un solo casette mismo que nunca habrÃan de olvidar ya que lo escucharon no menos de medio centenar de manera que la docena de canciones que interpretaba un grupo musico-bocal denominado “Los Paladinesâ€. En su memoria quedaron grabadas de por vida “Alma de Gitanaâ€, “Mitad Tu, Mitad Yo†y otra decena de canciones corrieron la misma suerte.
De cualquier manera aquel viaje marcó un parteaguas en su vida ya que después de, no recordaba cuantos dÃas, y no tan solo horas, habÃan sido de viaje, fueron despertadas y al abrir la portezuela y bajar de la camioneta Nissan color rojo, con canastilla donde transportaban el equipaje de toda la familia. De pronto se vio de pÃe con tremenda admiración que no podÃa ocultar ya que sus grandes ojos asà lo denotaban.
En ese momento empezó a conocer el mar y nunca termino de conocerlo y más aún cada reencuentro le mostraba algún nuevo encanto, algún nuevo paisaje, algo nuevo cada vez.
Ya arañaba los treinta años, sin embargo, su comportamiento y vitalidad semejaba una jovencita de veintipocos ya que era la primera en atender a sus obligaciones y la última en retirarse ya sea que se tratase de restaurar o de investigar.
Por eso ese momento la ubicaba como una mortal común y corriente aunque no tenÃa nada de común ni mucho menos de corriente ya que los reconocimientos se amontonaban cual pila de libros y archivos que materialmente hubieran podido formar un buen y voluminoso frente cual trinchera que podrÃan haberla ocultado de manera que de no ser por el casi imperceptible sonido que le imprimÃa a su teclado, nadie se hubiera percatado que ahà se encontraba ya sea haciendo algún resumen o bien realizando algún bosquejo sobre la pieza en turno bajo su atinado pulso.
Resaltaba el contraste de su vestimenta ya que su larga bata que en un principio habÃa sido de alba presencia y que entre rasgaduras ya habÃa perdido su original inmacula. Pero cuando de trabajar en el campo abierto destacaban su botas de explorador, su pantalón corto color caqui, su blusa del mismo material, su imprescindible cachucha de Sony y su inseparable paliacate color rojo que tal parecÃa que nunca se lo cambiaba o que tenÃa no menos de una treinta ya que siempre lucÃa limpio y tenÃa un aspecto de recién lavado.
Su trabajo consistÃa en el estudio del comportamiento de los habitantes de la región tales como cangrejos y tortugas entre otros llevando un extenso registro que acumulaba miles de datos mismos que se capturaban en computadoras portátiles y que conectadas mediante antenas parabólicas enviaban tales datos vÃa satélite hasta el CeMuInFaPE, iniciales de; “Centro Mundial de Investigaciones de Fauna en Peligro de Extinción†habiendo iniciado su colaboración desde sus tiempos de universitaria cuando alternaba sus estudios con actividades deportistas participando en juegos no tan conocidos como es “La Pelota Purepechaâ€, ancestral juego heredado de las tierras tarascas. Una actividad un tanto raro ya que solo era practicada por un reducido número de sus condiscÃpulos amantes de los juegos prehispánicos.
Su tesón en los laboratorios la ubicaban como una autentica “Machetera†que aparentemente descuidaba su vida social y sin ser una ermitaña o retraÃda evitaba cualquier actividad que involucrara a personas diferentes a las que la rodeaban en sus practicas del antiguo juego que junto con la “Pelota Azteca†se perdÃan en el tiempo sin que se pudiera establecer a ciencia cierta sus orÃgenes. En realidad era una estudiante bastante agraciada en su fÃsico y que decir de su gusto por la ropa que sin ser necesariamente de la conocida “De Marca†realzaban su bien formado cuerpo.
TenÃa unos bien definidos rasgos netamente de las mujeres del norte y de no ser por su relativa corta estatura bien podrÃa haber sido una fuerte candidata en alguno de los concursos de belleza que se estilaban tanto a nivel nacional como internacional. Era un cierto sello peculiar su larguÃsima cabellera azabache la peinaba con practica “Cola de Caballo†. El maquillaje siempre era todo lo discreto que su natural atractivo le permitÃa, su tez morena en natural tono bronceado y solo una incipiente lÃnea de sombra en los párpados realzaba una cierta picara mirada heredada de sus antepasados de la rama materna siendo que casi todo su presencia fÃsica no eran con seguridad efecto de sus genes paternos ya que su padre tenÃa un tÃpico aspecto de gente del norte empezando con su estatura que bien sobre pasaba el uno noventa y muy cercana a los dos metros, aunque su bien tupida barba ocultaba una innumerable cantidad de arrugas las que lo hacÃan un candidato natural y con mucha ventaja a cubrir el rol de “Hombre Marlboroâ€, imagen que complementaba con su inseparable cigarro que aunque nunca lo encendÃa, siempre lo mantenÃa pegado a los labios, tanto su barba como el tupido bigote peinaba prematuras canas dándole un bien definido tono grisáceo que hacÃa juego y combinaba con su corte a casi a rape.
Un dÃa llegó corriendo muy contenta y de un brinco se encaramó a horcadas en la cintura de su padre y con mucha alegrÃa le pidió que cerrara los ojos y Él los cerró, entonces le dijo que abriera una mano, a lo que Él le contestó que no podÃa ya que de hacerlo ella iba a dar con toda su humanidad hasta el suelo y eso, . . . ¡Si que le iba a doler!. Se bajó y entonces le puso en la mano extendida un pequeño envoltorio que se notaba que ella misma lo habÃa realizado.
- Abre los ojos.
Y los abrió.
- Abre la mano,
Y la abrió
- ¿Qué es?
- Desenvuélvelo
Y asà lo hizo. Solo por tratarse de su favorita no le dijo nada y se contuvo de expresar cualquier indicio de enojo ya que se trataba de un cigarro de plástico. Solo expresó una cara de asombro.
- Asà no tendrás que prenderlo y nunca se te acabará.
Los dos rieron de la puntada y cada vez que en reuniones familiares su padre hacÃa recuerdo de aquella anécdota los dos materialmente se desternillaban de risa tanto que terminaban por contagiar a toda la concurrencia aunque ya la hubieran escuchado una y más veces.
Su infancia corrió por un largo camino en el tiempo, periodo durante el cual solo recibió mimos y consentimiento no tan solo de su padre sino de toda su familia y más aún de cuanta persona se fue relacionando con ella desde sus primeros pasos en el JardÃn de Niños, y como dirÃa cierta persona; “y de Niñas†y posteriormente en el paso natural y obligado de la pre-primaria, la primaria seguida de la secundaria y preparatoria.
No fueron pocas las ocasiones en que dejó asombradas a las personas con las que tuvo alguna relación. Siempre mostró un carácter atrevido sin llegar a ser grosera ya que nunca hubo de haber dejado alguna duda en su mente además que cuando su incipiente mentalidad le mandaba una alarma de que algo no estaba en su lugar, inmediatamente se levantaba y alzaba su comentario o hasta su protesta exponiendo sus puntos de vista siendo que en la mayorÃa de las ocasiones, tenÃa la razón. Como sucedió aquella vez que en el curso de pre-primaria terminó su ejercicio antes que cualquiera de sus compañeros y al no hacer nada y notar que su compañero de a lado tenÃa problemas para resolver el ejercicio que sobre matemáticas la profesora les habÃa impuesto como condición para iniciar la proyección en el televisor de una pelÃcula que recién se habÃa estrenado y que alguno de sus compañeros, o algún familiar, habÃa conseguido en el tianguis que cada sábado se ubicaba alrededor de la Plaza de Armas y que en todo caso y a todas luces se trataba de una copia de las llamada "Piratas", pues sucede que se levantó y sin más le empezó a explicar, sin llegar a tocar el cuaderno de su compañero, solo usando un lenguaje que a todas luces formaba parte del pequeño gran universo de los chicos de su edad, pues en esa ocasión le transmitÃa la mecánica requerida para llegar a la solución de las operaciones solicitadas.
Al darse cuenta la profesora que se habÃa parado después de haberle entregado su hoja debidamente resuelta y que además, aparentemente estaba platicando con su compañero, le dijo en un tono, una octava más alta que su voz normal, lo que se debe de traducir como un autentica llamada de atención por el sargento más estricto que se pudiera encontrar en no digamos el ejercito de este paÃs sino que en realidad de todo el mundo.
- ¡Claudia!. Aunque ya terminaste Tu no puedes estar platicando con tus compañeros.
- Es que no estoy platicando. ¿No ves que no aprendió lo de estas cuentas?. Tu estas muy ocupada y alguien tiene que enseñarle, asà que sà me lo permites, yo le voy a enseñar.
- ¿?
La profesora no tuvo más remedio que morderse los labios primero para no regañarla o intentar castigarla y en segunda para no soltar la carcajada por aquella ocurrencia.
La otra ocasión en que en vista que su profesora de inglés, a la que por cierto nunca le dio el trato de "Miss", al pronunciar algunas palabras en inglés pero siguiendo cabalmente el fiel sonido gutural del alfabeto en español, se aguantó la risa tapándose con ambas manitas la boca y al recuperar la compostura levantó la mano, al ser aceptada su demanda de atención por la profesora, la reconvÃno en la pronunciación a la vez que se permitió indicarle la correcta pronunciación. Esta acción se sucedió no una ni dos veces sino que llegó el momento en que toda ofendida y a la vez furiosa la profesora se levantó de su silla y casi se podrÃa haber jurado que materialmente le salÃa humo por las orejas y los ojos se inyectaron de un rojo encendido y con un tono de tesitura francamente descompuesta, la espetó y casi le gritó;
- ¡No me vuelvas a corregir!
- Esta bien profesora. Le respondió aguantando al máximo la risa mordiéndose los labios.
- Soy tu Miss, tu Miss. ¿Entiendes?
- Lo siento, pero con esa pronunciación no puedo llamarla "Miss"
- Te sales y vas a la Dirección.
No tuvo más remedio que abandonar el salón ante la verdadera admiración de sus condiscÃpulos. Obediente se encaminó hacÃa la puerta sin bajar en ningún momento la cabeza ni mucho menos la mirada, ni siquiera en el momento en que su lápiz resbaló de la cubierta de su pupitre y cayó al suelo ni en ese momento bajó la vista. El grupo en general se reprimió de lanzar una salva de aplausos y de vivas a su paso.
Llegó a la Dirección y con paso firme se dirigió a la Secretaria Particular de la Directora, una monja que con su sola presencia imponÃa respeto y miedo a la vez entre el alumnado, aunque ese aspecto ocultaba a la persona más dulce con la que podÃa alguien tratar.
Al ser autorizada para ingresar a la oficina de la Directora sintió un hilillo de sudor que le caÃa por la sien derecha, sin embargo, respiró lentamente cerró ambos puños y se plantó frente a la directora, con voz firme le expuso la situación. Lo hizo de tal forma que no fue interrumpida en ningún momento si no por el contrario, mantuvo para si toda la atención de la Directora. Al terminar de su exposición y además aclarar que habÃa sido enviada por la profesora con la idea seguramente de que fuera sancionada. La inmediata respuesta que obtuvo fue un comentario de agradecimiento por ser clara en su exposición y por confiar en tratar esa real anomalÃa, prometiéndole tomar cartas en el asunto con toda la idea de darle una solución adecuada y acorde con el prestigio del Colegio. Fue enviada de regreso a su salón acompañada por la asistente de la Dirección. Sus compañeros volteaban a verla y a cual mas le guiñaba el ojo o le hacÃa una señal levantando el dedo pulgar o haciendo la "V" con los dedos Ãndice y medio. La clase terminó casi inmediatamente y al siguiente dÃa al iniciar la clase después de la media hora de recreo, la Directora tomó asiento en la última fila y desde ahà se dispuso a seguir las incidencias en el desarrollo de la clase lo que no era algo fuera de lo normal ya que dentro del sistema de auditorÃa, la Directora se permitÃa la asistencia personal a cualquier clase, en cualquier horario, es decir sus visitase eran aleatorias.
Por esta única ocasión no se atrevió a reconvenir a la profesora a la hora de la pronunciación asà como de esbozar el mÃnimo gesto que denotara siquiera una leve sonrisa. Claro que al llegar a casa dio rienda suelta a su sentimiento y se soltó a carcajearse a mandÃbula batiente hasta que casi le dolieron las quijadas.
A partir de aquel incidente, las clases cambiaron y la profesora optó por evitar al máximo y casi totalmente cualquier ejercicio de pronunciación.
Tampoco hubo reproches o reclamos y finalmente y aunque no obtuvo a máxima calificación si aprobó satisfactoriamente ese curso a sabiendas que en realidad su conocimiento estaba muy por encima del programa oficial del Colegio.
Desde esa época propiamente inició el reconocimiento de sus compañeros de curso al grado empezaron a calificarla como "Audaz", "Atrevida" y un sin número de calificativos que al paso de los años definieron perfectamente su carisma de liderazgo en varios aspectos de su desarrollo tanto personal como profesional.
En su heterogéneo grupo destacaba su bien timbrada voz que con una cierta cadencia propia del norte del paÃs el que cambiaba totalmente cuando de entonar canciones románticas se trataba.
Todas estas cualidades la hacÃan ser el foco de atención en las reuniones que celebraban invariablemente los fines de semana que sin ser planeadas resultaban como un oasis de esparcimiento que rompÃa con la rutina semanal. Rutina que imponÃa un ritmo de trabajo agotador y aunque distaba mucho de la rutina minaba al más recio entusiasmo por lo que resultaba como una autentica carga de energÃa para reiniciar la siguiente semana.
El amor la naturaleza nació desde cuando pequeña corrÃa tras las mariposas entre los sembradÃos en los acompañamientos que hacÃa los cultivos de sorgo y alfalfa de los que era dueño la familia y en particular su padre.
El olor caracterÃstico a los secadores de alfalfa se le quedó impregnado en la memoria como un recuerdo imperecedero. Sin embargo, su atención se desvió desde temprana edad hacÃa el comportamiento de las mariposas, y de ahà los escarabajos sobretodo la especie conocida como “Catarinas†que eran uno de los especimenes más pequeños con su caparazón rojo o amarillo y sus grandes lunares negros.
En los extensos plantÃos descubrió asà mismo las aves que en un principio las catalogó como aves de rapiña tales como los halcones, los búhos esas enigmáticas aves de hábitos nocturnos y quedo volar ya que casi no baten sus alas y hacen de su vuelo un portento de planeo, también descubrió a la distancia y con ayuda de unos binoculares, la forma de vivir de los pumas, jabalÃes, las codornices, los corre-caminos, y en una ocasión tuvo la experiencia de contemplar un venádo cola blanca y también un rebaño de borregos cimarrones e infinidad de conejos y liebres.
En base a paciente observaciones descubrió el maravilloso mundo de las moradas y refugios de todos los animales que alcanzó a observar ya fuera directamente o a través de los binoculares, que por cierto eran regalo de sus hermanas al cumplir la mayorÃa de edad.
Estas visitas a los sembradÃos también la hicieron comprender todos los peligros que acechan en algún lugar entre los pastizales, o abajo de una roca o entre las ramas de un árbol o en medio de los surcos de una milpa y no fueron pocas las ocasiones en que intuyó o escuchó el llamado de sus sexto sentido o intuición femenina para investigar con sumo cuidado antes de dar el siguiente paso y donde creyó tener la certeza de la cercanÃa de algún peligro se detuvo y en base a una paciencia que solo los investigadores llegan a dominar, observar de pronto que alguna vÃbora o alacrán saltaba literalmente desde su escondite o desde lo alto de una rama con la que habiase mimetizado y como por arte de magia aparecer en el preciso momento que se disponÃa a pasar cerca de ese lugar.
Todas estas jornadas que variaba y combinaba con sus estudios se alternaban además con las visitas a la Ciudad de Lerdo en compañÃa de toda la familia, lugar al que acostumbraban visitar a fin de proveerse de alguna refacción para alguno de las máquinas, el tractor o la bomba de agua o el generador eléctrico.
No escapaba de su memoria y perdÃa la cuenta en el tiempo, las veces que su papá después de comprar una deliciosa nieve cuya fama en cuanto a sabor traspone las fronteras no solo del estado sino del mismo paÃs, se dirigÃan al parque central a saborear y esperar a que terminaran todos para que se dirigieran a cumplir con un rito no obligatorio pero que siempre respetaron sobre visitar el Museo Francisco Sarabia. El rito se iniciaba con el registro en el libro que para tal fin los encargados de salvaguardar el museo colocaban en un escritorio a la entrada, invariablemente el grupo se dividÃa en las mujeres y mi papá y nos dirigÃamos a los sanitarios a lavarnos las manos y retirar cualquier vestigio de nieve en nuestras manos. Una vez cumplida esta parte nos formábamos por estatura y hacÃamos una fila que obviamente encabezaba su papá y terminaba con Claus.
Con esa misma formación se sentaban en un banco que desde que ella lo recordaba siempre habÃa sido el mismo. Un banco desde luego sin respaldo, construido con madera muy clara y bastante gruesa, barnizado en color natural en el que nunca vio ni noto que estuviera sucio o que tuviera un rayón.
Una vez sentados, su papá iniciaba con la enésima repetición de la historia de Francisco Sarabia. Les hablaba de lo orgullosos que deberÃan estar ya que con modestos recursos habÃa realizado hazañas de reconocimiento a nivel mundial y mientras comentaba le daba vuelta al avión que ahà se encuentra y que es propiamente la pieza central y casi única en ese museo.
En la Preparatoria se empeñó en obtener el LÃmite de las constantes de semiproporcionalidad en los PolÃgonos Regulares considerando la razón entre la longitud de la circunferencia y su diámetro, después de varias desveladas fue tal su decepción que optó por dejar en paz todo lo relacionado con las matemáticas hizo un recuento de todas las reuniones de las que se habÃa perdido y se abocó a su gran pasión; La investigación de la Fauna. Definitivamente pensaba que las matemáticas no se habÃan inventado para ella.
A pesar de que siempre fue una buena estudiante sin llegar a poder ser considerada como una excelente estudiante no fueron poca las ocasiones en las que se desataron verdaderas polémicas a partir de su afán investigatorio ya que nunca se quedaba con cualquier duda por pequeña que fuera, sin embargo, este comportamiento la fue ubicando en forma natural como una lÃder entre sus condiscÃpulos.
Desde chica le llamaba la atención la llamada Zona del Silencio. Buscaba en el vÃdeo club cualquier pelÃcula en la que mostraran imágenes de tal lugar. Sus cañadas y altÃsimas montañas talladas por el viento en dura roca. Esas formaciones de rojiza roca le parecÃan totalmente intrigantes. A los diez años esa Zona era para ella un mundo misterioso, inalcanzable, algo que solo podÃa ver en pelÃculas.
Unos tres años después de graduarse en la Universidad estuvo por primera vez en la Zona del Silencio cuando escaló junto con otros cuatro amigos, El Castillo, la pared Norte del Espinazo del Diablo y el Zape Chico. Desde su cumbre se puede observar un ambiente desértico en la que esta enclavada, el resto de la Sierra de Promontorio, y multitud de rincones que han servido de naturales escenarios para diversas filmaciones como La FerrerÃa.
En la antigüedad, su basta región era el hogar de un grupo del que no obtuvo mucha información, los Ba-thús, quienes ya habÃan desaparecido para la llegada de los españoles. Sin embargo su linaje sobrevivió en los Zains, un exitoso pueblo que subsistÃa de la Caza y recolección.
Los Zains son un pueblo unido fuertemente a la naturaleza. Ellos creen en “El Hermano Mayorâ€, un espÃritu que los guÃa hacia el buen camino en la vida y que protege a la naturaleza.
La Zona del Silencio es tan grande que todavÃa guarda muchos rincones sin hoyar y eso es precisamente lo que querÃa, no solo ir por donde los demás han ido ya. La idea de cruzarla surgió precisamente de platicar con Eduardo sobre su experiencia.
Más tarde estuvo en El Palacio, donde se convenció de querer cruzarlo. Pero no fue hasta diciembre de un año después que junto con Elvia, llevó a cabo su sueño.
El encuentro con la Zona del Silencio fue algo sobrecogedor.
Bajaron de la camioneta de Francisco, de la oficina del Municipio de San Juan de Berros, cerca de un paradero de carretera llamado El Tecuán. El viento tormentoso obliga a hacer uso de los gogles rápidamente. Se alejaron un poco de la carretera para sacar el equipo de la mochila. Polainas, bastones, brújula, mapas, se puso a la espalda la mochila y comenzó a caminar. Paso a paso se acercaron hacia la primera formación rocosa gigante de lo que convertirÃa en una extensión inagotable de colosos formados en su imaginación.
El viento comenzó a hablarle, a gritarle, a rugirle, fue la primera voz de Zona del Silencio. Después llegarÃan más.
Se detuvo un momento a tomar fotos -¡Huy!, se esta trabando- al parecer se le habÃa metido arena a la cámara.
-¿Quieres descansar?- le preguntó a Elvia mientras guardaba la cámara.
-No, mejor seguimos- era medio dÃa pero el calor no era lo que esperaba, se habÃa preparado para una temperatura de 30-40°C, pero en vez de eso estaba poco arriba de los 20°C.
Aún cuando caminaba a buen paso, avanzaba lentamente. El suelo casi siempre con lajas hacia la marcha pesada. Aquà y allá algunos claros de suelo duro.
La Zona del Silencio no es un lugar del todo sin vida, incluso en la zona de dunas gigantes se pueden encontrar pequeños arbustos en las hondonadas. Estos arbustos pierden todas sus hojas y secan sus tallos, manteniendo solo las raÃces vivas, de tal forma que a la vista parecieran muertos. Sorprendentemente esta vegetación puede mantenerse asà de una lluvia a la otra, lo cual puede llevar incluso dos años, pero al caer el agua, reverdece, se llena de hojas y flores, para volverse a secar y esperar.
También y en lo que se refiere al reino animal encontró otros habitantes tales como coyotes, pungas, lobos, venados, antÃlopes, vÃboras de cascabel, liebres, camaleones, lagartos del desierto y la rata canguro (un animal que no toma agua en toda su vida), aunque en esa primera ocasión no tuvo la suerte de ver la tortuga gigante, que es la tortuga terrestre más grande de Norteamérica y una de las más grandes del mundo. Este animal carece de cola, tiene una quilla que le impide meter la cabeza en el caparazón y posee ojos amarillos para protegerse de los rayos solares.
TenÃa muchas ganas de llegar a la zona de donde existen amplias fajas de terreno en las que no funcionan los aparatos electrónicos, pero a la vez le daba miedo, pues sabÃa muy bien que más allá estaba lo desconocido. Ese miedo primitivo que sentÃa con todo el cuerpo. No el miedo de morir, el miedo de desaparecer. Asà de sola estaba en la Zona del Silencio.
Un mar de arena y roca detenido en el tiempo, es lo que parece la zona interior de la Zona del Silencio. Llegó a ella para el atardecer, uno de los atardeceres más dulces que jamás ha visto, es como si ese silencioso paraje tan poderoso como se le presentaba, le diera la bienvenida.
Justo entonces, mientras sacaba algo para comer, vio un pequeño escarabajo con el que entabló amistad. Era una miniatura que dejaba sus diminutas huellas en la fina arena del Desierto. ¿Cómo puede haber vida tan delicada en esta mundo extraño? Extraño, obviamente para ella. De hecho sintió desde que bajo de la camioneta, que todo aquello era un sueño. Le pareció que ya lo hubiera vivido. Y quizás haya sido asÃ, pues antes de estar realmente en la Zona del Silencio, debe haberse imaginado caminando por el lugar donde caen infinidad de Meteoritos a diario, un millón de veces.
Pero la noche cayó pronto, demasiado pronto, pues cruzó la zona de dunas gigantes prácticamente en la oscuridad de la noche. Afortunadamente la luna brillaba llena en un cielo colmado de estrellas, lo cual facilitaba un poco la visibilidad. Sin embargo si de dÃa la Zona del Silencio parece otro mundo, de noche el tiempo parece detenerse, el paisaje se transforma con cada paso como si se fuera creando conforme se planta el pie y la percepción se altera por completo.
Esto combinado con el hecho de que no durmió causó que sus recuerdos sobre esta parte sean un tanto extraños, un tanto confusos. En alguna ocasión pensó que eso también era parte del efectos del Silencio.
La idea de caminar de noche y descansar o dormir si fuera posible en las horas de calor, obedeció a una experiencia que tuvo en el desierto de Coahuila, donde estuvo a muy altas temperaturas. Ahà entendió que el esos Desiertos son la dictadura del sol.
Ahora sabÃa que en diciembre la Zona del Silencio es apacible, benigna, aunque hay que tener cuidado con las tormentas eléctricas. Sin embargo en cualquier otra época del año, sobre todo en verano, su planteamiento no solo serÃa correcto, si no quizás el más adecuado.
La Zona del Silencio y tal como su nombre lo indica es un lugar silencioso, de hecho en las treinta y cuatro horas que invirtió en la travesÃa, Elvia y ella hablaron francamente poco. En un principio, su dialogo interno era sumamente activo. A su mente recurrÃan constantemente las advertencias, consejos y reproches de multitud de personas que antes de iniciar su aventura le advertÃan: “Te falta experienciaâ€, “No estás preparadaâ€, “Es muy peligrosoâ€, “Hay narcosâ€, “Hay muchas vÃborasâ€, “¿Cómo vas a ir con una sarta de novatos?â€.
Pesó que hay veces que uno quisiera no tener que decirle a nadie sus planes, pero aún entre todas las crÃticas, encontraba gente que la apoyó sin cuestionamientos. Afortunadamente tuvo el apoyo de El Séptimo Sentido, Grupo un tanto altruista y de investigación, contó con asesoramiento del Herpetario, o sea el Refugio de Reptiles, de la Facultad de Ciencias de la Universidad, asà como de sus autoridades.
Pensaba que extrañamente cuando se tiene un sueño y ese sueño no concuerda con las ideas de la sociedad, todo el mundo trata de disuadirnos de abandonarlo. Pero poco a poco en el silencio de la Zona del mismo nombre, su mente fue quedando en calma y una vez que dejó de escuchar a todas esas voces, pudo tanto escuchar la suya propia como la de la Zona del Silencio.
La Zona del Silencio le enseño muchÃsimo, pero sobre todo le hizo sentir de una manera pragmática que era parte de ella. En algún momento del viaje, perdida en la inmensidad de la Zona, algo en su interior se derrumbó.
Eso que se derrumbó fue la ilusión de era diferente de la Zona del Silencio. De que era diferente del escarabajo del que hizo amistad. Por un instante se sintió profundamente ligada a todos los EspÃritus de la Tierra.
Y eso le conmovió.
Poco antes del amanecer se detuvo bajo la hipótesis de que mientras siguiera caminando el Sol nunca saldrÃa. Y es que necesitaba ver un mundo reconocible.
Envuelta en mantas térmicas, tiritando por el frÃo, esperó el amanecer. Asà algunos minutos después, que parecieron horas, llegó la aurora que con su canto, la llenó de energÃa para reanudar la marcha. Solo les faltaban unos veinte kilómetros, pero eso les llevo todo el dÃa y todas sus fuerzas.
Alcanzaron la carretera al llegar la oscuridad, después de treinta y cuatro horas casi continuas de caminata.
Doloridos y fatigados esperaron a que alguien les diera aventón. Eso era lo único que les faltaba, tener que pasar otra helada noche, sin bolsa dormir y con poca ropa, esperando que alguien llegara como bendición del Cielo.
Afortunadamente una pareja que iba rumbo a Torreón los llevó.
Cuando llegaron a la misma habitación de hotel en la habÃan estado, su sentimiento de que todo aquello habÃa sido un sueño se fortaleció. Pero “La vida es sueño y los sueños, sueños son†dice Calderón de la Barca. Se acostó en la cama y soñó con la Zona del Silencio, con todo lo que habÃa vivido.
Los Zains son un pueblo muy apegado a la naturaleza que creen en las enseñanzas del mundo de los sueños. Para ellos existe un espÃritu guÃa que les ayuda a encontrar el buen camino en la vida y que les habla muchas veces en sueños. Ese espÃritu se llama “El Hermano Mayor†o por lo menos asà lo traducen los libros. Ese espÃritu, además de ser un guÃa, es el protector de la naturaleza.
Claus encontró en Zona del Silencio un “Hermano Mayorâ€, “Su Hermano Mayorâ€, pero se dió cuenta que la relación es mutua. Sà uno escucha, el Desierto, la Montaña., una pared, el viento, una planta o el silencio, pueden guiarnos.
Pero esta en nosotros el convertirnos también en sus “Hermanos Mayoresâ€.
Comprendió que el papel de proteger al EspÃritu de la Tierra es de cada uno de nosotros.
Como Claus, todos reciben no solo lecciones, si no también; comida, agua, cobijo y mucho amor de la Tierra.
A Claus le hablo el Silencio, a cualquiera le puede hablar otro espÃritu de la Tierra y si se le escucha se oirá que te esta pidiendo que seas su “Hermano Mayor†porque siempre habrá "Alguien que te ama".