Ya estaba llegando a su fin el otoño, eran los últimos dÃas del mes de junio, estábamos a puertas de cambiar de estación y entrar a invierno, la estación mas cruda del pueblo de Chiguata, una zona de sierra, donde el frió es intenso durante todo el dÃa y por la noche la temperatura baja a -5º centÃgrados.
Juan se encontraba desde hacia seis meses en el pueblo, movido por la inquietud de su profesión de buscar mas recursos naturales, ya que el era biólogo de profesión, necesitaba recorrer diversos y diferentes lugares en busca de muestras para realizar diversos análisis.
Durante todo el tiempo que se encontraba en el pueblo, Juan se convirtió en un gran vecino, ya que ayudaba mucho a los lugareños en diferentes formas, participaba de sus ceremonias y rituales, se integro a la comunidad y paso a ser un poblador más.
Pasaba cerca de diez horas diarias tomando muestras, de la biodiversidad que habÃa por la zona, para luego llevarlas a su vivienda donde habÃa instalado un pequeño laboratorio con algunos instrumentos básicos donde podÃa realizar ciertos análisis, ya que análisis mas complejos los tenia que llevar a la ciudad al centro de investigaciones de la Universidad Real.
Juan esperaba con ansias la llegada del invierno, ya que por la zona lloverÃa bastante a tal punto que podrÃa encontrar nuevas formas de vida en las montañas, campos y rió de la zona, ya que con la lluvia nacen y aparecen nuevas y diferentes formas de vida, que desaparecen al alejarse las lluvias pasado el invierno.
Las inclemencias del clima fueron terribles, empezó a llover torrencialmente a tal punto que era casi imposible que Juan saliera a buscar y tomar muestras de nuevas formas de vida que suponÃa encontrar por la zona, se atrevió a salir una mañana que amaneció despejado el cielo, no habÃa amenaza de llover, pero don Jacinto uno de los pobladores más viejo del lugar, le indico que no era conveniente salir lejos de la ciudad, ya que los vientos presagiaban una gran tormenta.
Juan hizo caso omiso a la advertencia del viejo y alisto su mochila donde llevaba todo tipo de instrumentos y envases para recolectar las muestras y saco consigo un paraguas para protegerse de la lluvia, saliendo de casa lo diviso del otro extremo de la vereda don Jacinto, y atino a gritarle desde el otro extremo que no saliera, que la lluvia estaba acercándose y que arriesgaba su vida, pero Juan terco como siempre no le tomo la menor importancia y emprendió su recorrido.
Salio temprano a las 8 de la mañana, el cielo estaba despejado por eso creyó que no habrÃa semejante tempestad que el viejo anciano le habrÃa dicho, en medio camino se cruzo con un grupo de pastores que regresaban del campo un poco asustados por la tormenta que se avecinaba, pero eso no intimido a Juan y siguió su camino, se alejo del pueblo y se fue hasta la quebrada del monje un lugar alejado, a casi 30 kilómetros de distancia, donde para llegar tenia que sortear riachuelos, el rió Virgen que se cruzaba a través de un puente, cruzar cerros, pero todo esto a caballo, montado en su fiel compañero de viaje Chumpitaz.
Casi fueron dos semanas que Juan no habÃa salido del pueblo por las lluvias, se dio una gran sorpresa al ver como habÃan crecido nuevas plantas y vegetación que antes de las lluvias no habÃan estado allÃ, se emociono por el hallazgo y comenzó su labor de recolectar muchas muestras de plantas, hongos, gusanos y una variedad de especies del reino vegetal y animal, estaba sumamente concentrado con lo que hacia, hasta que se estremeció al escuchar un ruido atroz, que lo sacudió y lo tiro al piso totalmente aterrado, habÃa sido un trueno tan fuerte que partió el cielo en dos y rompió una tremenda lluvia que en segundo todo estaba mojado y Juan se encontraba empapado de pies a cabeza.
Atemorizado por la fuerza de los truenos que sonaban cada vez mas seguido y más fuertes monto su caballo y emprendió el viaje de regreso, el cual lo tuvo que hacer con mucha calma y paciencia, ya que la tierra estaba toda mojada y el caballo empezaba a resbalarse, cada ves se fue haciendo más difÃcil el camino de regreso, ya que la lluvia no cesaba y los rayos y truenos que eran cada vez mas frecuentes asustaban a su caballo Chumpitaz, el cual se descontrolaba y ponÃa muy nervioso a Juan.
Pensó por instantes en quedarse hasta que pasara la lluvia y dormir allÃ, pero tenia que encontrar un lugar para refugiarse, algo como una cueva donde se protegiera de la lluvia y de algún rayo que lo podrÃa alcanzar y acabar con su vida, pero no habÃa semejante lugar, asà que se resigno y siguió adelante con la peligrosa travesÃa, el caballo lo boto tres veces, pero fueron caÃdas leves sobre lodo que se habÃa formado por la lluvia, siguió montando a su caballo y aferrándose a le para no ser botado nuevamente, pero el caballo a cada rato se ponÃa chucaro por el sonido de los truenos.
Ya eran las cinco de la tarde y estaba cerca del pueblo a cinco kilómetros, ya podÃa divisar los campanarios de la iglesia y las chozas de los pastores, el viaje habÃa sido tremendo, encontraba exhausto y adolorido por la caÃdas, pero ahora solo faltaba cruzar el puente del rió Virgen, al acercarse al puente diviso que el rÃo estaba sumamente cargado, más de lo habitual y sus aguas estaban negras y torrentosas, producto de la lluvia y de los deslices que habÃan, esto le atemorizo un poco, ya que si el puente colapsarÃa el caerÃa al rÃo y por el caudal que llevaba este seria muy probable que morirÃa.
Estaba en el extremo del puente pensando en cruzar y meditando para evitar el miedo, pero cada vez el rió bajaba mas caudaloso y subÃa de nivel, sabia que el puente podrÃa colapsar en cualquier momento y si esto sucederÃa se quedarÃa al otro extremo del pueblo abandonado a su suerte, asà que dejo el miedo de lado y monto sobre su caballo, el cual estaba arisco y temeroso, y empezó a cruzar el puente, cuando de pronto por el caudal del rÃo empotro una piedra gigante de cerca cuatro metros de diámetro contra uno de los muros del puente, el caballo relincho y pego la carrera, trato de detenerlo pero no pudo y fue arrojado en medio del puente, cuando de repente el puente colapso y el pobre caballo no llego a cruzar el puente y cayo al rÃo, gimoteo con desesperación, pero el rÃo lo arrastraba como a un papel, hasta que desapareció de la vista de Juan.
Juan se quedo parado sobre una de las columnas que aun seguÃan en pie, ya que el resto del puente se lo habÃa llevado el rÃo, estaba sumamente confundido, ya que su vida dependÃa de la fortaleza de la columna para resistir el caudal del rÃo, Juan se encontraba parado debajo de la lluvia, mojándose y temiendo por su vida, a la espera de un milagro.