| :: | Sin Clasificar |
| :: | Infantiles |
| :: | Fábulas |
| :: | Mitológicos |
| :: | Terror |
| :: | Tradicionales |
| :: | Otros |
| :: | Hechos Reales |
| :: | Ciencia Ficción |
| :: | Historias Pasadas |
| :: | Patrióticos |
| :: | Sueños |
| :: | Policiacos |
| :: | Románticos |
| :: | Cómicos |
| :: | Misterios |
| :: | Estudiantes |
| :: | Metáforas |
| :: | Religiosos |
| :: | Aventuras |
| :: | Bélicos |
| :: | Históricos |
| :: | Urbanos |
| :: | Educativos |
Dylan era un tipo peculiar. Se pasaba el dÃa encerrado en su laboratorio creando máquinas futuristas. Su plan era convertirse en el inventor más importante de todos los tiempos. Pero con el tiempo Dylan no habÃa conseguido inventar nada realmente que mereciera la pena. Cada vez que creaba algo interesante y lo querÃa patentar descubrÃa que ya lo habÃa creado otro. Asà le pasó con las pastillas para dormir despierto, la máquina para pensar por dos, el chocolate sin calorÃas y los zapatos de espuma para caminar por las nubes.Â
Un dÃa Dylan decidió que necesitaba un descanso. Se pasaba tantas horas encerrado trabajando que no le daba tiempo a ver qué habÃan inventado otros ni qué necesidades tenÃa la gente.Â
Dylan se subió a su monopatÃn flotante y se fue a dar una vuelta. Pronto descubrió que no conocÃa a nadie. Sin embargo, la gente sà parecÃa saber quién era él.
-Mira, ahà va el chiflado ese -decÃan unos.
-No os acerquéis, dicen que es muy desagradable y maleducado -decÃan otros.
-Estará loco, como todos los genios -se oÃa decir.
Dylan no entendÃa por qué la gente hablaba asà de él, asà que decidió enterarse. Volvió a casa, se disfrazó de robot mayordomo y fue a comprar a la tienda del barrio, en lugar de mandar a su robot, que es el que siempre iba.
Cuando entró, el dependiente le dijo:
-Vaya, tú eres nuevo.
-Vengo de parte del señor Dylan -dijo con voz robótica.
-¡Ese loco ya se cansó de su antiguo robot! ¡Con lo simpático que era! Ese dueño tuyo está como una cabra. Si tienes algo de inteligencia artificial mejor serÃa que te largaras de esa casa. Aunque seguro que ese lunático egoÃsta te ha programado para que hagas solo lo que a él le interese.
Dylan se hartó de oÃr todo aquello y se quitó el disfraz.Â
-¡No sé por qué piensa usted eso de mÃ! ¡Si no me conoce!
El dependiente se quedó paralizado. Unos segundos después empezó a gritar:
-¡Ayuda! ¡CientÃfico loco amenazante! ¡Socorro!
Apenas terminó de hablar, tres agentes de seguridad cogieron a Dylan y se lo llevaron preso.
-¿Se puede saber qué pasa aqu� -preguntó desde la celda.
-No te molestes -dijo un tipo que habÃa en la celda de enfrente-. En esta ciudad creen que todos los inventores y cientÃficos estamos locos y que destruiremos el mundo con nuestros inventos.Â
-¿Desde cuándo ocurre eso? -preguntó Dylan.
-Llevas mucho tiempo enfrascado en tus inventos, por lo que veo. Esto lleva asà unos años, pero se está poniendo peor. Alguien se está ocupando de alimentar nuestra mala fama.
-Saldré de aquà y le pondré remedio -dijo Dylan, que sacó uno de sus últimos inventos del bolsillo y desapareció.
Ya en su laboratorio, Dylan se propuso inventar la máquina de la buena fama. Pero por más que trabajó no consiguió nada. Siempre que salÃa terminaba rodeado de agentes de seguridad.Â
Su robot mayordomo, que sà estaba dotado de inteligencia artificial y, por lo tanto, podÃa pensar, le dijo:
-Dylan, ¿por qué no intentas darte a conocer? Si la gente ve que eres amable y que te preocupas por inventar cosas que le solucionen la vida a los demás seguro que todo se arregla.
-Pues tienes razón, amigo -dijo Dylan-. Empezaré por cambiar mi atuendo. Asà será más fácil llegar a la gente.
Dylan siguió el plan y todos los vecinos descubrieron que el cientÃfico que tanto odiaban era en realidad un buen tipo. Dylan inventó una silla de ruedas flotante para una señora que tenÃa dificultades para subir las rampas. También inventó un paraguas enorme con patas que caminaba solo y que se abrÃa automáticamente cuando detectaba lluvia para una madre que tenÃa cuatro niños y no daba abasto para resguardarlos cuando llovÃa. Y un detector de caquitas de perro que perseguÃa al dueño hasta que las recogÃa, un bastón que nunca se caÃa para las personas mayores, una crema facial que te hacÃa estar siempre sonriendo...y asà un montón de cosas más.Â
Asà fue como Dylan se dio cuenta que da igual lo que hagas, porque son tus actos los que hablan por ti, y de ellos, o de su ausencia, depende lo bien que le caigas a los demás. Y no hay máquina en el mundo que pueda cambiar eso.
Â
| » | Total Cuentos: | 21.673 |
| » | Autores Activos: | 163 |
| » | Total Comentarios: | 11.740 |
| » | Total Votos: | 908.368 |
| » | Total Envios | 41.730 |
| » | Total Lecturas | 75.999.605 |