Cuando era mas joven, hice un viaje por amor. Me marché a Canarias. Vendà todo lo que tenia y un taladro de mi padre. Y compré el billete.
...Mis discos de Javier Krahe, mis discos de Leonard Cohen, mi edición especial de los singles de El Ultimo de la fila y un montón de libros, que me pagaron al peso.
...y el taladro de mi padre, al que no le funcionaba el modo percutor. Veintidós mil pesetas, lo justo para un viaje de ida.
Hasta esa fecha, mi evolución habÃa ido de vida lactante a vida latente. Trabajando con mis padres sin sueldo sin seguro y sin preguntas.
Me marche con lo puesto, con el apoyo moral de una palmadita en la espalda y con el deseo velado pero muy evidente de que un sonoro naufragio me devolviese a casa derrotado y escarmentado.
Solo un familiar , mi tÃa Julia, una luchadora que en sus tiempos mozos habÃa emigrado a Argentina, me dejo cincuenta mil pesetas. Dinero que nunca le pude devolver, pues se murió antes de mi retorno.
De tÃmido recalcitrante y de bailar a lo pera, pase a vendedor de lo que se terciara y a la elite del baile.
Vendà aspiradoras puerta a puerta, libros, multipropiedad y extintores.Â
Repartiendo me rompà la cabeza del radio. Limpié encofrado y trabajé en una empresa de grasas de pescado espesa y pestilente.
...Cinco años después volvà con mi mujer y mi hijo. Desparasitado y libre de la roña con que me habÃa ido.
Mis padres me veÃan distinto, y era verdad.
Siempre se acuerdan de mi y me llaman cuando tienen algun alimento corto de fecha o recién caducado, como presente de buena voluntad.
Supongo que a su modo me quieren.
...yo siempre les daré las gracias por aquel taladro al que no le funcionaba el percutor.Â
...Y  que seguirán buscando.